martes, 31 de marzo de 2026

Historia, Cultura, Religión y Educación

Estamos en plena vacaciones de Semana Santa. Esas vacaciones que, según el ciclo lunar, cada año nos va a condicionar la duración del segundo y del tercer trimestre en un Estado que, a priori, se autodefine como aconfesional.

Sabemos que, a nivel histórico y cultural, la religión católica ha tenido un fuerte protagonismo a nivel europeo y nacional.

Este es un hecho que no debemos desmerecer como digno de estudio, pues todo conocimiento siempre debe ser bienvenido.

No obstante, en este sentido, también debemos darle la importancia que merece a otros periodos que de igual modo han marcado nuestra historia y que nos han dejado un gran legado, aunque a menudo la narrativa más reaccionaria lo demonice, como es la época musulmana. 

Y es que la historia de España no puede entenderse sin todo el crisol de culturas que a lo largo de siglos han ocupado este territorio y han ido dejando su impronta. 

Es por todo ello que, en los tiempos actuales, con la definición de Estado Aconfesional a la que hacíamos referencia al empezar, y teniendo en cuenta la enorme diversidad existente en nuestra sociedad, no comprendo como en la Escuela Pública seguimos teniendo una asignatura como es Religión.

Ya sé que esta asignatura tiene carácter opcional y que depende que la familia la elija, pero el simple hecho de que se siga ofertando creo que debe ser objeto de análisis y revisión.

Se que hay centros educativos que ofrecen la asignatura de otros credos siempre que exista la demanda y así lo estime oportuno la administración, pero en todo colegio público siempre se da por sentado que la religión católica tendrá su asignatura pertinente. 

Aquí se me plantean dos alternativas:

La primera, que es que por norma todos los credos existentes tengan automáticamente su asignatura en la educación pública para evitar ese sesgo.

La segunda: que toda la educación religiosa que las familias quieran para sus hijos e hijas se imparta en las casas y en los templos correspondientes, dejando la Escuela Pública como el espacio aconfesional que debe ser, donde todas las creencias y religiones son respetadas, pero ninguna imparte su fe en dicho espacio. 

Yo, personalmente, opto de manera firme por la segunda opción.

Una segunda opción donde la escuela sería un espacio para que todo el alumnado aprenda acerca de las diferentes confesiones existentes en el mundo, sus pilares, sus puntos en común con otras religiones, y su aporte cultural a la historia, al arte y a la sociedad, priorizando sobre todo el respeto por la diversidad. 

Del mismo modo, también fomentaría la mirada crítica en torno a las mismas, sobre todo en cuestiones como el desigual trato que algunas instituciones religiosas establecen en cuanto a género, la cuestión de la diversidad sexual en la religión o las atrocidades que, a lo largo de siglos (y por desgracia, también en la actualidad), se cometen en nombre de la fe. 

No con el objetivo de señalar y juzgar, sino de comprender, analizar y evitar que haya quienes utilicen la religión para imponer, excluir o asesinar.

Al fin y al cabo, nuestra función en la escuela debe ser la de educar para un mundo mejor. Un mundo donde todos y todas tengamos cabida, independientemente del país de origen, de la orientación sexual, de la identidad de género o del dogma que practique. 

Un mundo donde el odio tenga menos cabida y el respeto crezca.

Un mundo donde la humanidad sea nuestra patria común. 



domingo, 22 de febrero de 2026

Buenos Tratos

Decía Ida Vitale que "como no estás a salvo de nada, intenta ser tu mismo la salvación de algo".

Sin embargo, no somos el Titán Atlas y, por lo tanto, no podemos pretender cargar con la responsabilidad de sostener el mundo sobre nuestras espaldas, ya que, aparte de humanamente imposible, sería agotador y totalmente contraproducente. 

Entonces... ¿Cómo podemos ser la salvación?

Quizás aquí lo que necesitemos sea un cambio de mirada, bajar el listón y situarnos en la cotidianidad, pues es en el día a día donde realmente podemos marcar la diferencia, y esa diferencia nace con una palabra: Amabilidad.

Creo realmente que no hay nada tan sencillo y poderoso como el hecho de ser amable en las diferentes interacciones que tenemos a lo largo del día.

El hecho de decir "por favor" y "gracias".

El hecho de ser cordial, acompañar y tratar con respeto, facilitando la creación de un clima cómodo y acogedor. 

El mundo es ya un lugar demasiado hostil, y en nuestra mano está ser un factor diferencial, sobre todo teniendo en cuenta que, como parte de una comunidad educativa, no se me ocurre mejor manera de ser ejemplo y fomentar que este sea un patrón que sí que vale la pena replicar.

Aboguemos por los Buenos Tratos como principio moral, 

y hagamos que estos se expandan como ondas en el mar, 

para que sus olas lleguen a todos los pies descalzos que por la arena prosiguen su caminar, 

y que las huellas que dejemos sean de esas que merecen la pena recordar. 

jueves, 15 de enero de 2026

¿Cómo se celebra el día de la paz cuando te duele el mundo?


Hoy quiero decir que me duele el mundo. 


A escala local y a escala global.


Es probable que lo que hoy vengo a escribir no sea positivo ni alentador. Sin embargo, me parecía igualmente importante plasmar aquí este sentir. 



Otro Día de la Paz se aproxima y no le veo ni el sentido ni la coherencia.

Hablamos de Paz mientras consentimos que se cometa un genocidio.

Hablamos de Paz mientras se viola el derecho internacional con total impunidad. 

Hablamos de Paz mientras se perpetúa la desigualdad y los derechos humanos parecen no importar. 

Hablamos de Paz mientras ególatras deciden el futuro del mundo en función de sus ansias de poder.


Quizás, y sólo quizás, podríamos hasta cuestionarnos si la Paz no es más que otra gran mentira que nos vendieron como parte del adoctrinamiento ciudadano para que el sistema perdure. 


El mismo sistema que se sostiene sobre el expolio de unos pueblos para beneficio de otros.

El mismo sistema que nos enferma, estresa y asfixia para que haya quién pueda lucrarse a base de abuso. 

El mismo sistema que justifica situaciones injustas o actos atroces.

El mismo sistema donde se nos deshumaniza a golpe de precariedad.

El mismo sistema donde cada vez más se recorta en servicios públicos como atención a la diversidad, educación, dependencia o sanidad. 


Ese sistema donde tantas veces quedamos vendidos y vendidas a nuestra suerte dependiendo de que nuestros ingresos nos permita un techo decente, un plato en la mesa y, en el mejor de los casos, poder costearnos la salud mental. 

Donde las redes se llenan de bulos y de odio.

Dónde el abuso de poder queda impune.

Donde el bulling traspasa las aulas.

Dónde el matón de turno puede llegar a ser presidente.


Sinceramente, y me duele decirlo, creo que el escenario que se nos está quedando es bastante desesperanzador, y siento una gran impotencia ante ello.


Y es que... ¿Cómo se celebra el Día de la Paz cuando te duele el mundo? 




Si has llegado hasta el final, gracias por leerme.

Siento si hoy este blog no ha sido todo lo constructivo y proactivo que acostumbra ser.

Ojalá vengan tiempos mejores.

Mientras tanto, nos toca seguir remando. 

Cuando el mundo está en llamas, no queda más remedio que ser colibrí.