jueves, 17 de septiembre de 2026

Duele

Como bien sabrás - o quizás no -, a finales de julio mi ciudad natal sufrió un grave episodio de violación de la integridad territorial nacional que dio lugar a una enorme crisis que aún a día de hoy, aunque parezca sorprendente, está sin resolver.

Son muchas las lecturas que se han hecho a raíz de este suceso, muchísimas de ellas muy muy interesadas según el relato que se quiera contar al respecto. 

Mi pequeña ciudad que siempre había pasado desapercibida se convirtió de pronto en el epicentro de una feroz batalla dialéctica de la que todo el mundo quería sacar tajada de lo ocurrido.

Somos muchas las personas nativas de allí que hemos intentando contar lo que hemos vivido en primera persona al tiempo que voces externas nos invalidaban y dictaban cual debía ser nuestro sentir. 

Somos muchas las personas que hemos intentando hacer un enorme ejercicio de cordura en medio de una situación límite al mismo tiempo que poco a poco nos íbamos rompiendo por dentro.

Por que no sólo duele lo sucedido, que es realmente grave.

Duele el abandono institucional al que hemos estado sometidos.

Duele ver tu hogar invadido y colapsado.

Duelen las vidas perdidas en el mar.

Duele el temor, la inseguridad, el temor, la ansiedad y la incertidumbre que se respiran en cada rincón de la ciudad.

Duele ver como hay personas ajenas haciendo daño con total impunidad. 

Duele la paz que nos robaron. 

Duele que Marruecos se permita proclamar abiertamente su deseo de apropiarse de tu tierra sin que haya ningún tipo de consecuencia o respuesta contundente al respecto.

Duele que se ponga en duda nuestra españolidad. 

Duele sentir que no importamos.

Duele ver que nada en lo que yo creía importa. 

Duele que se te tache de xenófobo cuando llevas toda la vida conviviendo y abrazando la diversidad cultural.

Duele la constante polarización partidista que hacen a izquierdas y derechas de algo que es de tal magnitud que está totalmente por encima de esa visión tan sesgada y compartimentada.

Duele ver como movimientos ultras y conocidos agitadores usan de excusa tu causa para promover su odio y sacar a relucir toda la basura que llevan dentro. 

Duele ver como tus referentes ideológicos de pronto sólo hablan en tu contra. 

Y lo peor de todo, duele ver como personas con las que tienes un vínculo personal son capaces de volcar en ti su rabia si lo que dices no comulga con sus creencias. 

Creo que es importante hacer mucha pedagogía, pero... ¿cómo se hace pedagogía cuando se te ha desmontado por completo todo el sistema de creencias y de valores?

Desde aquí, desde este pequeño remanso donde pongo en palabras lo que pasa por mi mente, sólo pido para mí y para mis vecinas y mis vecinos un poco de comprensión entre tanto juicio.

Os pedimos algo tan básico y sencillo como sentirnos escuchados y acompañados.

Que si os explicamos cómo nos sentimos es con la intención de que nos podáis entender y no sólo para que busquéis con qué nos podéis responder. 

Que no hace falta opinar de todo ni buscar siempre que dicen los tuyos al respecto para poder tomar u otra posición.

Que se puede ser crítico y tener pensamiento propio.

Que se puede, aunque cueste, aceptar que a veces se producen grietas en el constructo que nos habíamos formado. 

Recordad que no es incompatible pedir que la situación se resuelva y mostrar empatía hacia el pueblo caballa con defender los derechos humanos y denunciar la utilización que Marruecos hace de su población.

No somos hinchas de un equipo de fútbol.

No se trata de ver quién marca aquí mas goles al contrario.

Se trata, simple y llanamente, de querer recuperar nuestra normalidad, y volver a ser ese pueblo anónimo que nadie sabía colocar en el mapa.

Necesitamos que toda esta pesadilla acabe ya... 


martes, 28 de julio de 2026

Julio Rojo

Este mes de julio en España empezamos con la creciente ilusión depositada en nuestra selección masculina de fútbol que, poco a poco, y con un equipo bastante diverso que no destacaba tanto por una única superestrella sino por un juego coral, se iba postulando con muchas opciones a llevarse la tan deseada copa del mundo. 

Sin embargo, poco después de tan festejada gesta que nos hizo volver a sentir que la bandera es de todas y todos y no sólo de quienes la quieren usar para amedrentar y dividir, hemos sufrido un muy duro revés en forma de enormes incendios que parecen haberse vuelto una macabra costumbre veraniega en nuestro país.

Y es que con tantas y tantas hectáreas quemadas, con tantas personas que lo han perdido todo, y con tantas y tantas vidas de animales inocentes que el fuego se ha cobrado, lo normal es, cuanto menos, sentir dolor, tristeza e impotencia.

Cada año se repite el mismo desastre, y cada año nos hacemos la pregunta de qué se podría haber hecho para evitarlo.

Y, como siempre, nos encontramos con los deberes sin hacer.

Porque sí, nos alarmamos mucho cuando el fuego está activo, pero luego parecemos olvidarnos de toda responsabilidad.

Responsabilidad de quienes están en el poder y deben asegurar que durante todo el año se realicen los pertinentes trabajos de prevención de incendio y limpieza de montes con unas condiciones laborales dignas y unos sueldos que hagan justicia a la importancia de dicha labor.

Pero también responsabilidad tuya y mía, como habitantes de un lugar llamado mundo, de hacernos cargo de la basura que de manera tan despreocupada depositamos en playas y bosques, de cuidar nuestros entornos y tomar conciencia ética de que nuestras acciones importan.

Actuamos como si para este planeta existieran alternativas mientras dejamos que el voraz fuego del individualismo y del capitalismo más atroz devore nuestro futuro.

Nuestros árboles son el pulmón gracias al cual podemos respirar, y nuestros ríos son la base del agua que llega a nuestros hogares.

Porque no deberíamos llamarlo gasto cuando se trata de prevención.

Porque el coste de apagar el fuego es mucho mayor que el de evitar que pase, y ya no sólo en términos económicos, que también, sino en en términos de todo el mal que podemos impedir. 

No obstante, me temo que todo caerá otra vez en saco roto.

Terminarán los fuegos, lamentaremos durante un par de días lo ocurrido, volveremos a nuestras vidas, y todo seguirá igual.

Ojalá se le diera a todo esto la importancia que merece.

Ojalá dejemos de lado de una vez por todas ese maldito egoísmo que nos hace creer estar por encima de todo.

Mientras tanto, aquí seguiremos, intentando ser coherente con mis palabras y mis actos, y buscando que mi ejemplo y mis enseñanzas sirvan para haya quienes recojan este testigo y su acción se expanda más allá de donde mi mano puede llegar. 



Necesitamos que se haga justicia.

Necesitamos más ecologismo.

Necesitamos más compromiso.

Necesitamos más sentido de la moral. 


viernes, 19 de junio de 2026

Fin de Partida

En los videojuegos normalmente existe la posibilidad de elegir al comienzo el grado de dificultad con el que quieres enfrentarte al mismo, o incluso puedes modificarlo si, una vez iniciado, ves que este no se adecua a tu nivel.

Sin embargo, en la vida real esto no ocurre y, de buenas a primeras, el grado de dificultad puede ir aumentando de manera desorbitada, y anular por completo las habilidades que hayamos desarrollado hasta ese momento y con las que estábamos solventando bien las adversidades.

Y es que, con los recuerdos de un naufragio aún presentes, me dispuse a afrontar una nueva partida sin saber aún como iba a terminar. 

Al fin y al cabo, no podría ser peor que lo anterior, ¿no?

Sin embargo, ahora que ya hemos llegado al final de la misma, miro hacia atrás y siento que finalmente me he visto obligado a jugar en modo supervivencia. 

No ha sido fácil el camino. 

No han sido fáciles las circunstancias.

Y no ha sido fácil comprobar que hay variables negativas que se podrían haber evitado de haber existido voluntad y valentía para ello. 

Y no hablo sólo de mí.

He visto a muchas personas valiosas tambalearse en la cuerda floja a lo largo de estos meses por motivos injustos, y eso también pasa factura. 

Por suerte, una cosa buena de esta nueva partida han sido las importantes personas aliadas que he ido encontrando en el recorrido y que han hecho más liviano mi camino. Desde aquí, mi más sincero reconocimiento y agradecimiento. 

Sin embargo, yo siento que no he estado a la altura de lo que suelo ser.

Siento que me he limitado a recorrer la historia principal de este videojuegos sin reparar demasiado en todo lo que me ofrece con el objetivo de simplemente llegar vivo al final. 

Y sí, he llegado vivo a ese final, pero me siento tan desconectado de mí que ahora la sensación es extraña. 

Supongo que sólo queda esperar a lo que acontecerá cuando la partida se vuelva a reanudar.

Mientras tanto, querido jugador, aprovecha este momento para descansar. 

sábado, 30 de mayo de 2026

Cuestión de Calidad

Cualquier trabajo que se precie requiere de dos aspectos fundamentales, que son la aptitud y la actitud. 

Pero cuando además trabajamos de cara a personas, sobre todo si se tratan de personas vulnerables, hay un tercer aspecto que no conviene olvidar, y es el de la calidad humana. 

A menudo vemos como en campos profesionales tan importantes como son el de Educación o el de Sanidad a personas cuyas formas y modos dejan mucho que desear.

Entendemos que esas personas están ahí, o bien porque han pasado un proceso selectivo para el cargo que ocupan, o porque pertenecen a alguna bolsa de trabajo relacionada con su sector. 

No obstante, a menudo los mecanismos para elegir el personal para un cuerpo no tienen en cuenta esa calidad personal de la que hablábamos.

Damos mucha importancia a los contenidos, pero poca al continente. 

También es cierto que, de normal, la propia administración no nos ve como personas, sino como meros números dentro de un tetris de recursos con la intención de ahorrarse el máximo número de piezas posibles.

Eso conlleva que su calidad como administración se vea igualmente cuestionada, pues lejos de ser garante de servicios y bienestar, la cruda realidad es un descuido total hacia las personas a su cargo, sean trabajadores o sean usuarios. 

Las consecuencias de todo esto es el desgaste de buenos profesionales que acaban sobrecargados por su implicación en el trabajo y por querer compensar con su esfuerzo las carencias de un sistema que hace aguas.

Esto contrata con aquellos y aquellas que gozan del privilegio de la mediocridad, que aplican la ley del mínimo esfuerzo o que, con el mantra del "yo no sé" se aprovechan del trabajo ajeno. 

Y es que algo tan importante como son la Sanidad o la Educación no puede depender de la buena voluntad de las personas que conforman su plantilla. 

Toca gestionar los recursos desde los principios de equidad y de calidad, y que la distribución de los mismos sea hagan en base a necesidades, circunstancias y valía de quien va a ocupar ese puesto.

Del mismo modo, no podemos permitir que personas que se dediquen a educar carezca de los mínimos necesarios de educación.

Un comportamiento incorrecto, agresivo o fuera de lugar, ejerzas el puesto que ejerzas, no debería ser tolerable.

Por todo esto, creo importante que nuestro sistema, además de seleccionar personal en base a un examen o a una bolsa de empleo, sea garante de que, cuando se asigna a alguien a un puesto específico de trabajo, reúne las competencias adecuadas para ello.

Porque trabajamos por personas y para personas, con gente con grandes necesidades muy concretas que se merecen ser atendidos garantizando el mejor servicio y asegurando su bienestar, y todo eso se hace no escatimando en los recursos adecuados, velando por el buen funcionamiento de los mismos y cuidando a tu personal.


viernes, 24 de abril de 2026

Seamos Resistencia

El 2 de mayo es el Día Internacional contra el Acoso Escolar y, casualmente, coindice con el Día de la Comunidad de Madrid.

Quizás se trate de sarcasmo poético, pero a mí personalmente me ha llamado la atención, que el mismo día que queremos poner el foco sobre un problema importante que daña nuestra sociedad, se celebre otra efeméride cuyos actuales representantes son la cara opuesta de lo que queremos manifestar.

Y es que, por desgracia, en nuestro mundo cada vez parece estar más legitimado, sin vergüenza y sin tapujos, el matonismo como forma de hacer política o como forma de estar en sociedad. 

Es curioso, porque mientras todos parecemos echarnos las manos a la cabeza y escandalizarnos ante casos mediáticos de acoso escolar, seguimos justificando actitudes similares de líderes nacionales y mundiales que hacen de la agresividad y del señalamiento al diferente su bandera, infundiendo odio e incluso promoviendo brutales ataques o acciones hostiles. 

Sabemos que, por desgracia, en la naturaleza humana están a menudo presentes las relaciones desiguales de poder y el abuso de unas determinadas personas sobre otras. Es por ello que debemos poner nuestra mirada en valores como la equidad y la justicia, en lugar de seguir dando alas a quienes entienden estas conductas como una forma legítima y justificada de hacer prevalecer su visión y sus privilegios, aunque sea a costa del daño a terceras personas. 

Esto ocurre a nivel de líderes como hemos dicho, pero también, y no por ello menos importante, en otros espacios, como son los medios de comunicación, las redes sociales o incluso en nuestra propia realidad diaria, siendo estos últimos unos espacios donde a menudo miramos hacia otro lado, convirtiéndonos en cómplices por omisión.

Tenemos una responsabilidad muy grande, y es no dejar que esta tendencia siga instaurándose con total impunidad. 

Desde nuestra labor pedagógica y de acompañamiento a la infancia y a la adolescencia debemos seguir poniendo día a día nuestro grano de arena por generar conciencia, compromiso y actitud crítica para que, de esta forma, puedan estar prevenidas y prevenidos ante los discursos de odio que intentan manipularles y que legitiman la violencia.

Porque, cuando el poder cae en las manos erróneas, lo injusto se vuelve ley. 

Seamos refugio. 

Seamos inspiración. 

Seamos resistencia. 





martes, 31 de marzo de 2026

Historia, Cultura, Religión y Educación

Estamos en plena vacaciones de Semana Santa. Esas vacaciones que, según el ciclo lunar, cada año nos va a condicionar la duración del segundo y del tercer trimestre en un Estado que, a priori, se autodefine como aconfesional.

Sabemos que, a nivel histórico y cultural, la religión católica ha tenido un fuerte protagonismo a nivel europeo y nacional.

Este es un hecho que no debemos desmerecer como digno de estudio, pues todo conocimiento siempre debe ser bienvenido.

No obstante, en este sentido, también debemos darle la importancia que merece a otros periodos que de igual modo han marcado nuestra historia y que nos han dejado un gran legado, aunque a menudo la narrativa más reaccionaria lo demonice, como es la época musulmana. 

Y es que la historia de España no puede entenderse sin todo el crisol de culturas que a lo largo de siglos han ocupado este territorio y han ido dejando su impronta. 

Es por todo ello que, en los tiempos actuales, con la definición de Estado Aconfesional a la que hacíamos referencia al empezar, y teniendo en cuenta la enorme diversidad existente en nuestra sociedad, no comprendo como en la Escuela Pública seguimos teniendo una asignatura como es Religión.

Ya sé que esta asignatura tiene carácter opcional y que depende que la familia la elija, pero el simple hecho de que se siga ofertando creo que debe ser objeto de análisis y revisión.

Se que hay centros educativos que ofrecen la asignatura de otros credos siempre que exista la demanda y así lo estime oportuno la administración, pero en todo colegio público siempre se da por sentado que la religión católica tendrá su asignatura pertinente. 

Aquí se me plantean dos alternativas:

La primera, que es que por norma todos los credos existentes tengan automáticamente su asignatura en la educación pública para evitar ese sesgo.

La segunda: que toda la educación religiosa que las familias quieran para sus hijos e hijas se imparta en las casas y en los templos correspondientes, dejando la Escuela Pública como el espacio aconfesional que debe ser, donde todas las creencias y religiones son respetadas, pero ninguna imparte su fe en dicho espacio. 

Yo, personalmente, opto de manera firme por la segunda opción.

Una segunda opción donde la escuela sería un espacio para que todo el alumnado aprenda acerca de las diferentes confesiones existentes en el mundo, sus pilares, sus puntos en común con otras religiones, y su aporte cultural a la historia, al arte y a la sociedad, priorizando sobre todo el respeto por la diversidad. 

Del mismo modo, también fomentaría la mirada crítica en torno a las mismas, sobre todo en cuestiones como el desigual trato que algunas instituciones religiosas establecen en cuanto a género, la cuestión de la diversidad sexual en la religión o las atrocidades que, a lo largo de siglos (y por desgracia, también en la actualidad), se cometen en nombre de la fe. 

No con el objetivo de señalar y juzgar, sino de comprender, analizar y evitar que haya quienes utilicen la religión para imponer, excluir o asesinar.

Al fin y al cabo, nuestra función en la escuela debe ser la de educar para un mundo mejor. Un mundo donde todos y todas tengamos cabida, independientemente del país de origen, de la orientación sexual, de la identidad de género o del dogma que practique. 

Un mundo donde el odio tenga menos cabida y el respeto crezca.

Un mundo donde la humanidad sea nuestra patria común. 



domingo, 22 de febrero de 2026

Buenos Tratos

Decía Ida Vitale que "como no estás a salvo de nada, intenta ser tu mismo la salvación de algo".

Sin embargo, no somos el Titán Atlas y, por lo tanto, no podemos pretender cargar con la responsabilidad de sostener el mundo sobre nuestras espaldas, ya que, aparte de humanamente imposible, sería agotador y totalmente contraproducente. 

Entonces... ¿Cómo podemos ser la salvación?

Quizás aquí lo que necesitemos sea un cambio de mirada, bajar el listón y situarnos en la cotidianidad, pues es en el día a día donde realmente podemos marcar la diferencia, y esa diferencia nace con una palabra: Amabilidad.

Creo realmente que no hay nada tan sencillo y poderoso como el hecho de ser amable en las diferentes interacciones que tenemos a lo largo del día.

El hecho de decir "por favor" y "gracias".

El hecho de ser cordial, acompañar y tratar con respeto, facilitando la creación de un clima cómodo y acogedor. 

El mundo es ya un lugar demasiado hostil, y en nuestra mano está ser un factor diferencial, sobre todo teniendo en cuenta que, como parte de una comunidad educativa, no se me ocurre mejor manera de ser ejemplo y fomentar que este sea un patrón que sí que vale la pena replicar.

Aboguemos por los Buenos Tratos como principio moral, 

y hagamos que estos se expandan como ondas en el mar, 

para que sus olas lleguen a todos los pies descalzos que por la arena prosiguen su caminar, 

y que las huellas que dejemos sean de esas que merecen la pena recordar.