sábado, 28 de mayo de 2016

"Conspirar - Inspirar"

Hace justamente una semana participábamos en el II Encuentro de Conspiración Educativa de Segovia, encuentro que, pese a su breve trayectoria, se está convirtiendo en todo un referente en lo que respecta a la renovación pedagógica de nuestra sociedad.


¿Y cuál es la formula de su éxito? La respuesta es bien sencilla: Radica en las ganas y la ilusión con las que la organización prepara todo el evento y vela por su correcto desarrollo, caracterizándose por estar plenamente abierto a cualquier persona que quiera participar o que tenga algo que aportar, así como por dar la oportunidad de que los asistentes no tengan que estar debatiéndose sobre las ponencias o los talleres en los que quieren estar, pues en lugar de plantear disyuntivas que restan la posibilidad de abarcar todo lo que nos gustaría, vamos todos y todas a una con un único programa de experiencias, las cuales suman diferentes planteamientos y puntos de vista, todos tan importantes como necesarios.


En este sentido, cabe destacar que se haya contado, además de con profesionales de la Educación en diferentes ámbitos e inmersos en distintos proyectos, con representantes de las familias, pues es clave que, si queremos realizar un profundo cambio en nuestra forma de entender y de abordar la Educación, lo hagamos contando con toda la Comunidad Educativa, siendo para ello las familias un pilar esencial que a menudos tendemos a obviar.

Después de todo, tal y como reza el lema de este II Encuentro, "el cambio será colectivo o no será". Porque, tal y como pudimos comprobar en el desarrollo de tan intensa jornada, puede que todos y todas fuéramos diferentes personas venidas de diferentes lugares que abordan de diferente manera la forma de ejercer la Educación, pero todos y todas teníamos en común unos principios básicos y unos planteamientos esenciales en los que se amparaban nuestras actuaciones dentro o fuera del aula, y es la idea de que nuestro mundo, tal y como lo conocemos, necesita de un cambio profundo y vital que esté mucho más acorde a lo que el nuevo siglo nos va a deparar.

Porque no es la primera vez que defendemos el hecho de que no podemos seguir planteando la Escuela en términos de un modelo de vida y sociedad que ya quedó atrás. Sin embargo, como bien debemos saber, cualquier cambio que consideremos necesario no podrá generarse de un día para otro. Todo proceso amplio y complejo requiere de su debido tiempo para asentarse y desarrollarse, trabajando de forma conjunta por ello con paso firme, sin prisa pero sin pausa.

Por lo tanto, podemos ir siempre al arrastre de lo que las "grandes mentes" ajenas a la Educación quieran hacer con ésta, o podemos tomar las riendas de nuestra vida, establecer puentes, crear vínculos, y cabalgar juntos por las sendas más acordes a nuestra forma de entender y sentir este ámbito tan vital al que dedicamos cuerpo y alma. Porque invertir en una auténtica mejora de la calidad de la Educación es invertir en una posterior mejora de la calidad de vida y de la sociedad, formando personas críticas, con juicio ético y concienciadas de la gran importancia que tienen nuestros actos y nuestras decisiones en el bienestar común y en la futura sostenibilidad de nuestro planeta.

Se trata de perder tiempo para ganar tiempo, porque avanzamos a contrarreloj, y las grandes masas de contenidos curriculares nos abruman a menudo y no nos dejan pensar con claridad. Es por ello que disponer de estos tiempos y estos espacios para conspirar (a menudo tan difíciles de encontrar por la sobrecarga de burocracia que se nos impone y por el frenético ritmo de vida que solemos llevar) nos ayudan a fortalecernos mutuamente y nos inspiran para continuar.

Ese es el proceso, conspirar - inspirar, es decir, nutrirnos de ideas y experiencia en un ambiente respeto y calor mutuo para transformarlas dentro de nuestro organismo en nuevas propuestas y proyectos que devolvemos al exterior dentro de nuestro entorno de acción. Porque, como dice un proverbio árabe, "gota a gota se llena el río", y es en nuestro espacio cercano donde podemos empezar a transformar, con paciencia y resiliencia, lo que creemos y consideramos que debe mejorar, y para ello necesitamos de cabeza, corazón y manos, muchas manos. Cuántas más, mejor.

Construyamos juntos la utopía. Mejoremos juntos la Educación.


sábado, 23 de abril de 2016

"R.A.P., con P de Poesía"

Hoy es el Día del Libro, y quienes me vengáis siguiendo desde los comienzos sabréis de sobra que tengo como costumbre publicar cada año una entrada en el blog con motivo de este tema.

Ya el año pasado os hablé de aquellos otros libros que a veces nos pasan desapercibidos, sin darnos cuenta de que esconden un gran potencial. Igualmente, también os hablé en otra entrada anterior sobre la importancia de la Música en la Educación y todo lo que ésta es capaz de aportar.

Por lo tanto, en esta ocasión, y siguiendo un poco la tradición de inspirarme en canciones de Nach para darle título a mis publicaciones, parto de lo compartido en ambas entradas previas para explicaros un pequeño proyecto que he estado llevando a cabo con mi alumnado durante el presente curso:

Hasta la fecha, estamos acostumbrados a que se nos educe para ser consumidores de cultura - o consumidores, a secas, en el peor de los casos -, pero... ¿qué pasa si nos proponemos dejar de ser sujetos pasivos y comenzamos a crear?

Todo empieza cuando mis alumnos de apoyo de quinto curso me hablan de su gusto por las canciones de rap que escuchan en youtube, las cuales están relacionadas con el mundo de los videojuegos, canciones que se aprenden y que cantan hasta la saciedad. Es en ese momento cuando surge la propuesta: ¿Y si realizamos nuestras propias canciones de rap?

La idea es recibida con gran entusiasmo, pero... ¿Qué sabemos sobre el rap?

En una de sus canciones, el rapero Nach (al que hacíamos referencia con anterioridad) definía la palabra RAP como un acrónimo de la siguiente manera: "R de Revolución, A de Actitud y P de Poesía". 

Después de todo, eso es lo que hemos hecho: revolucionar la forma en la que trabajamos la poesía en clase, partiendo de la motivación de nuestro alumnado para mejorar así su actitud ante el aprendizaje.



Así pues, lo primero en este proceso ha sido partir de estas canciones para conocer sus estructuras y sus rimas. Después de eso, hemos ahondado en los distintos tipos de rimas que existen, hemos jugado a buscar rimas con diferentes palabras - teniendo en cuenta que se debe rimar a partir de la última vocal acentuada, con todo lo que ello conlleva: reglas de acentuación, diptongos e hiatos, etc. -, y hemos trabajado algunos conceptos relacionados con la poesía como son el verso o la estrofa.

Una vez realizado todo este trabajo previo de acercamiento a lo que debemos saber para poder crear nuestras propias canciones, he compartido con mi alumnado algunos temas de rap que escribí antaño, para, posteriormente, buscar juntos una base instrumental sobre la que inspirarse para componer sus propias letras.


En este proceso de creación hemos estado trabajando últimamente, haciendo entre todos un rap conjunto en el que cada uno tiene una letra que ha escrito (a veces sólo, a veces con ayuda), la cual debe aprenderse; una letra que debe saber encajar dentro del tempo establecido para darle ritmo y musicalidad, además de saber en que momento les toca a cada uno entrar en la canción. Todos participamos, todos colaboramos.

El objetivo final es dejar grabado este rap para la posteridad, como fruto de su dedicación y esfuerzo, e invitarles a seguir trabajando en la composición de nuevas letras que sigan fomentando su gusto por las rimas desde una perspectiva diferente, la cual les acerque, conforme vayan creciendo, a un mejor entendimiento y a una mejor apreciación de las distintas obras poéticas literarias que deban estudiar, o que, simplemente, les apetezca leer o incluso escribir. 

Porque no toda la poesía se encuentra en los libros, sino que, a veces, vive en los discos y sale a la calle bailando al compás de una instrumental. Después de todo, las letras de las canciones no son más que poesía hecha melodía, y todos sabemos que la letra, con música, entra mejor.



¡Feliz Día del Libro! 


miércoles, 16 de marzo de 2016

El Maestro Espejo

Durante el trimestre pasado tuve el placer de asistir a una Jornada en la Institución Libre de Enseñanza cuyo título era "La Función del Profesor: Presente y Futuro", en la cual los ponentes invitados nos dieron a conocer cada uno su particular visión del rol de un docente del Siglo XXI a través de diferentes metáforas, y nos invitaron, a su vez, a encontrar nuestra propia metáfora al respecto.

En ese momento, plasmé por escrito una frase que se me vino a la cabeza: "El maestro como un espejo en el que su alumnado se quiera reflejar", y, desde entonces, vengo dándole vueltas a esa idea y en cómo poder desarrollarla para dejarla recogida en este blog.

En resumidas cuentas, dicha idea versa en torno al hecho de que, por regla general, nuestra función ha estado siempre demasiado ligada a todo lo relacionado con la transmisión pura y dura de contenidos, así como con la creencia de que todo aprendizaje que podamos ofertar siempre tiene que tener un referente curricular. Sin embargo, a menudo nos olvidamos de todo lo relacionado con el llamado currículum oculto, que hace referencia a todos aquellos aprendizaje que somos capaces de generar en el alumnado sin el hecho de proponérnoslo como objetivo curricular en sí, pudiendo llegar a ser mucho más influyente que cualquier lección.

Por lo tanto, no sólo tenemos que preocuparnos por los contenidos que enseñamos, sino también por las sensaciones que transmitimos; es decir, todo se resume en procurar ser un buen modelo de persona, pues no sólo se trata de enseñarles, sino de inspirarles, y en esta inspiración entra en juego un factor esencial: nuestra actitud.


En palabras de Victor Küppper, nuestros conocimientos y nuestras habilidades suman, pero es nuestra actitud la que multiplica y potencia todo lo que somos y todo lo que podemos llegar a ser. Y es que no es la primera vez que hago referencia a la importancia de la actitud en este blog, pero me parece una cuestión tan básica y tan fundamental que siempre está bien presente tanto en mis textos como en mi día a día.

Así pues, lo primero a tener en cuenta para ser un buena maestro espejo es situarse a la altura y a la distancia adecuada para estar al alcance de nuestro alumnado y que así puedan verse reflejados. Para ello, antes de nada, hay que romper cualquier tipo de barrera (a veces visible, a veces invisible) que pueda interponerse entre nosotros y el alumnado, como puede ser la organización del aula y de las clases, la falta de muestras de aprecio o el distanciamiento respecto a sus temas de interés.

Sin embargo, antes de poder derribar estas posibles barreras, debemos derribar cualquier tipo de prejuicio que tengamos respecto a las mismas. Me explico: si creemos que nuestro alumnado no tiene nada que aportarnos, rara vez le daremos la oportunidad de participar o de intercambiar ideas con nosotros, o si, por ejemplo, pensamos que las cosas que a ellos les motiva en su día a día carecen de algún tipo de interés estaremos perdiendo toda una gama de posibilidades para potenciar nuestras clases y su gusto por las mismas.

En mi práctica diaria he podido comprobar como, gracias a mis gustos y aficiones por temáticas como el dibujo, la animación, la música, los cómics o los videojuegos, he podido conectar muy fácilmente con mi alumnado y acercarme a sus centros de interés. En este sentido, no digo que debamos volvernos aficionados de todos estos ámbitos quienes trabajamos en educación, pero si estar abiertos a conocer sus intereses para tenerlos a nuestro favor y, a partir de los mismos, abrirles la puerta a otros nuevos campos y a nuevos aprendizajes.

Para ello, mostrarnos abiertos y receptivos es fundamental. A veces nos perdemos explicando lecciones sobre la importancia de la democracia al tiempo que monopolizamos los discursos del aula. Dar la oportunidad a proponer temas, actividades,  a compartir impresiones, a que nos enseñen y nos expliquen ellos cosas a nosotros, genera un buen clima de aula y de centro en el que ven que su propio mundo también tiene cabida en nuestras clases y no debe quedarse forzosamente aislado a la puerta de la escuela.

El siguiente paso para ser un buen maestro espejo es saber sacar a relucir el lado bueno de cada uno de los alumnos y alumnas que pase por nosotros, ya formen parte de nuestro aula o simplemente coincidamos con ellos por el centro. Al fin y al cabo, yo siempre digo que alumnos míos son todos, les de o no les de clase de manera directa, pues con todos ellos comparto un espacio común que nos une, y eso hace que no pueda establecer distinción.

El blog de Manu Velasco

En este caso, me parece de vital importancia cuidar el factor humano que, con las prisas y las presiones, a veces solemos olvidar. Cosas tan simples como dar los buenos días a los alumnos que se crucen contigo por el colegio, dedicarles una sonrisa, algún gesto de cariño y aprecio, un comentario cargado de buen humor o algunas palabras de aliento, cala más en ellos que toda una hora dedicada a explicar y resolver ejercicios, pues ahí les estamos reconociendo y dándoles importancia como personas que son, más allá de lo que se espera de ellos muchas de las veces, que es que callen y aprendan (o aprueben, mejor dicho).

Se tratan de pequeños detalles que no cuestan nada pero que aportan muchísimo al bienestar de nuestro alumnado. Así pues, una vez los hemos reconocidos, es decir, se han visto reflejados, no podemos quedarnos ahí. Como decíamos antes, ahora se trata de que saquen a relucir lo mejor de cada uno, o lo que es lo mismo, que sean conscientes de sus potencialidades y de sus virtudes, y empezar a valorarles en función de todo lo que pueden aportar.

Tal y como establece el autor Howard Gardner con su teoría de las Inteligencias Múltiples, no todos tenemos la misma manera de aprender ni tampoco destacamos todos en los mismos ámbitos. Por eso hay que saber mirar más allá de las calificaciones y de los resultados puramente académicos y ver que es lo mejor que tienen todos y cada uno de nuestros alumnos y alumnas, y hacérselo saber, tanto a ellos como a sus progenitores, para que lo puedan llevar a su máximo exponente y se le refuerce.

Sin embargo, este hecho tiene un reverso tenebroso, y es que podemos correr el riesgo de que un determinado alumno o alumna empiece a destacar más por lo negativo que por lo positivo y que no seamos capaces de apreciar ni de hacerle ver sus cualidades, reflejándole así una imagen distorsionada que tiende a retroalimentarse negativamente al más puro estilo profecía autocumplida.

Es innegable que los seres humanos tenemos una tendencia innata a emitir juicios de valor, pero en este caso nuestro buen hacer no puede verse eclipsado por un cristal empañado. Si el reflejo emitido no es el deseado quizás haya que variar la luz o buscar otra perspectiva que nos permita visualizar una mejor imagen, por muy difícil que pueda parecer a veces, pues nunca debemos caer en el error de dar un caso por imposible.

Es por todo ello que, ante nuestro alumnado, debemos mostrarnos siempre rectos y justos, a la par que cercanos y comprensivos. Mantener el equilibrio no es tarea fácil, y es por eso que, ante todo, tenemos que admitir que somos humanos y que a veces podemos obrar mal. En tal caso, reconocerlo y disculparse no nos resta autoridad, sino que nos da credibilidad al actuar con humildad dentro de un entorno donde parece que siempre debemos estar a otro nivel.

Esto puede verse a menudo en nuestra postura corporal, hablando a los más pequeños desde arriba en lugar de agacharnos y hablarles de frente, de tú a tú. Porque los niños no necesitan un jefe que les ordene y mande, sino que necesitan un líder que, desde su aventajada posición, les guíe y oriente en este difícil proceso que es la vida y del que la escolaridad forma una parte fundamental.

Es por eso que nuestro espejo debe despertar serenidad, simpatía, admiración y respeto. Nuestro espejo debe brillar lo máximo posible cada día a pesar de las circunstancias, pues de ello dependerá la imagen que nuestros niños y niñas recibirán de si mismo según se miren en nosotros. Porque tenemos un gran poder del que a menudo no somos consciente, y, en palabras de Spiderman, "un gran poder conlleva una gran responsabilidad", la responsabilidad de que el tiempo que un alumno o alumna comparta con nosotros sirva para que venga al colegio con ganas de sacar provecho a todas sus posibilidades de aprender y, además, de convertirse en personas de las que tú estarías orgulloso, y eso sería gracias a ti como maestro o maestra, pero también gracias a ti como persona.


sábado, 27 de febrero de 2016

"El adulto que aún era niño"

Hace poco volví a ver una película que a menudo visionaba en mi infancia por sus continuas reposiciones en televisión y porque era una película que nos encantaba a toda la familia. Esta película se titulaba "Big" y estaba protagonizada por el gran Tom Hanks cuando aún era tan solo una joven promesa del cine.

Si aún no la has visto o ya no la recuerdas, te recomiendo que le eches un ojo antes de seguir leyendo la presente entrada del blog, puesto que lo que aquí vengo a contar está muy relacionado con el entresijo de la trama y no quisiera estropearte nada del largometraje.

Así pues, cabe recordar que el argumento de nuestra película trata de un chaval que, cansado de ser un crío y de las desventajas que ello le conlleva, desea una noche hacerse mayor. Su sorpresa vendrá cuando amanezca al día siguiente y se vea transformado en un adulto, aunque por dentro no haya dejado de ser un niño.

Una vez adulto, nuestro protagonista tiene que buscar la manera de subsistir, y consigue un empleo en una tienda de juguetes donde su jefe empieza a ver en él un gran potencial para diseñar nuevos productos y anticipar el éxito o el fracaso de algunos que ya tenía en mente la empresa.

¿Cuál era el secreto de este empleado para ser capaz de dar lo mejor de sí en su trabajo? Fácil y sencillo: nunca había dejado de ser niño, aunque su aspecto físico dijera lo contrario.

Mientras que la empresa intentaba averiguar que productos se venderían mejor mediante extensos análisis de marketing y estudios estadísticos, el adulto que aún era niño lo miraba todo de una forma mas inocente y sencilla, donde lo más destacable eran las posibilidades que le aportaban ese juguete a su niño interior.

¿Y qué pasa con nuestro niño interior? ¿Lo tenemos en cuenta nosotros cuando trabajamos en Educación? Después de todo, no podemos olvidar, y más en nuestra profesión, que nosotros también una vez fuimos niños, y que parte de ese niño que fuimos sigue habitando dentro de cada uno de nosotros y de nosotras, aunque a menudo no lo veamos o no lo sepamos encontrar.

Estar en concordancia y sintonía con él nos ayudará a entender mejor a nuestro alumnado, actuando con la madurez de un adulto pero con el conocimiento de causa de un niño, un niño que tiene una forma de ver y comprender el mundo aún muy distinta a la nuestra, la cual, si queremos llegar realmente a ellos, no podemos obviar.

Nuestra posición privilegiada nos ofrece la oportunidad de conectar dos formas complementarias de vivenciar un mismo mundo, sirviendo de nexo para que las nuevas generaciones vayan adquiriendo nociones y experiencias respecto al mismo, y vayan forjando así una visión lo más completa, global y crítica posible de éste, pero siempre respetando sus ritmos y sus procesos madurativos.

Por lo tanto, esto no lo podemos hacer, ni mucho menos, construyendo la casa por el tejado, sino fijando fuertemente los cimientos, entendiéndose por estos el buen desarrollo del autoconcepto y de la autoestima, la buena gestión de las propias emociones y potenciando el afán por el conocimiento que todo niño y niña trae consigo de forma innata, ofreciéndole las herramientas, situaciones y estrategias adecuadas conforme a la edad o estadio del desarrollo en el que se encuentre.

Porque los niños y niñas tienen un fuerte deseo de conocer y explorar el mundo que les rodea, pero chocan de lleno con la manera en la que nosotros le queremos enseñar. Debemos tener en cuenta que no podemos limitarnos a dar explicaciones al respecto desde nuestra posición de adulto lógico y analítico, sino que tenemos que situarnos a su nivel de comprensión y entendimiento, mucho más activo y experimental, para, desde ahí, ir construyendo los distintos aprendizajes.

Así pues, debemos entender que el error es un factor fundamental para que se produzca el aprendizaje, y penalizarlo con mensajes negativos (que a menudo se convierten en descalificaciones hacia el propio alumno y hacia su trabajo realizado) no es la mejor manera de proceder, pues lo idóneo sería reconocer el esfuerzo hecho por el alumno y animarle a superarse a sí mismo porque estamos convencidos de que puede hacerlo mucho mejor.

Recordad, además, que en nuestro afán por ejercer con esmero nuestro rol de adulto, a menudo confundimos conceptos, y al término madurez le acoplamos la definición de serio y de rígido, cuando la madurez realmente es un grado que nos brinda la oportunidad de afrontar la vida como adultos sin perder de vista al niño que fuimos, sabiendo disfrutar de la misma como tales.

Porque la Educación no tiene por qué ser sinónimo de aburrimiento ni de monotonía, porque podemos hacer que nuestras clases sean mucho más atractivas tanto para nuestros discentes como para nosotros mismos si conocemos de antemano qué temas les atrae y qué cosas les motiva, y porque, como pasaba en el caso de nuestra película, a menudo ocurre que una intuición basada en el saber generado por la propia experiencia (y, en nuestro caso, reforzado por la diferente formación recibida) vale mucho más que un sinfín de documentos escritos por personas que lo observan todo desde la grada y establecen conclusiones sin bajar al terreno de juego.

En nuestra mano queda al final, de manera directa, la responsabilidad de dar a nuestro alumnado una atención lo más completa y acorde posible. Por lo tanto, una vez en el aula, cuando tengas al alumnado frente a ti, y te dispongas a proceder, no olvides preguntarte si el niño o niña que fuiste un día estaría orgulloso del maestro o maestra que has llegado a ser. Y recuerda que, si no encuentras la respuesta, no tienes más que echar un vistazo a tu interior.


miércoles, 20 de enero de 2016

Press Start

Últimamente estoy leyendo bastantes noticias que hablan de los aspectos positivos de los videojuegos y de su posibilidades en Educación. Sin embargo, hasta hace bien poco, y como normal general, el mundo de los videojuegos ha estado sufriendo un tremendo bombardeo por parte de los medios de comunicación y de otros colectivos que los demonizaban como el origen de todos los males que acontecen en nuestra sociedad.

Mentiría si os dijera que la idea de escribir sobre este tema me llega a partir de estos hechos, pues llevo ya tiempo pensando en escribir una entrada al respecto en la que poder reflejar mis propias experiencias y mis propias reflexiones sobre el mismo.

Lo primero de todo es decir que siempre he sido un apasionado de los videojuegos (gamer es el término que se utiliza hoy día para definirlo), y desde bien pequeño he invertido tiempo de ocio en ello, ya fuera solo o en compañía de algún familiar. Recuerdo perfectamente que en mi casa supervisaban siempre los videojuegos a los que jugaba, y además se interesaban en saber de qué iban o qué me parecían.

Con el tiempo ese rol fue cambiando, ya que, al crecer, era yo quien jugaba junto a mi hermano pequeño, al tiempo que iba guiándole en este mundillo y también tenía control sobre que videojuegos jugaba y me interesaba sobre que impresión le ocasionaban.

Fue por entonces cuando, por primera vez, reflexioné sobre todo lo que mi hermano pequeño estaba aprendiendo gracias a esos videojuegos, aunque aún estaba demasiado anclado en el concepto de enseñanza tradicional que estaba yo recibiendo como para plantearme si quiera la posibilidad de incorporarlos al aula.


Sin embargo, hoy en día lo miro con retrospectiva y reflexiono al respecto, y debo decir que los videojuegos tienen un gran potencial latente que podemos incorporar a nuestro trabajo en clase:

- Nos dan la posibilidad de aplicar el razonamiento lógico en la resolución de puzzles y acertijos.

- Aumentan nuestra capacidad de atención y de concentración, y además mejora nuestra velocidad de reacción.

- Nos obliga a generar respuestas rápidas y eficaces ante situaciones nuevas e inesperadas.

-Nos ayudan a aprender de los errores y a enmendarlos para alcanzar nuestro objetivo.

- Debemos interpretar mapas y buscar atajos o caminos ocultos para poder orientarnos en el juego y que no se nos escape nada.

- Se fomenta la lectura comprensiva al tener que estar atentos a los mensajes que aparecen en pantalla o que otros personajes nos trasmiten, para actuar o responder en consecuencia. Es más, en mucho de los casos, estos videojuegos vienen en otro idioma (mayormente en inglés) y gracias a ello también mejoramos nuestra competencia lingüística en lengua extranjera.

- Muchos de ellos narran grandes historias que nos acercan al gusto por la literatura, y además, en muchas ocasiones, los videojuegos guardan relación con diferentes campos del conocimiento como son la historia, la ciencia o el arte, lo que ayuda a aumentar la motivación por estas ramas del saber.

- Tenemos que aprender a administrar recursos y cantidades numéricas, ya sea con dinero ficticio dentro del juego o mediante un sistema de puntos que vayamos consiguiendo y que podamos cambiar por mejoras o bonificadores, además de tener que estimar tiempos y calcular distancias mentalmente.

- Debemos interpretar, establecer y recodar patrones, además de memorizar pistas o códigos.

- Nos brinda la oportunidad de conocer nuevos mundos con los que poder desarrollar la imaginación y la creatividad, además de poder empatizar con sus diferentes personajes y con sus emociones.

- Nos motiva a querer superarnos constantemente y a afrontar nuevos desafíos, gracias a unos niveles de dificultad que aumentan progresivamente conforme el jugador avanza en el juego.

- Ofrecen modos multijugador con los que poder vivir una experiencia compartida, ya sea mediante una sana competición o mediante la cooperación para alcanzar un objetivo común.


Es por todo ello que, en mi práctica docente, utilizo este recurso para trabajar distintos contenidos educativos, ya sea como eje central de la actividad, como un aspecto complementario o, simplemente, como refuerzo positivo ante una buena conducta y un trabajo previo bien realizado.

No obstante, sé que siempre existirán detractores al respecto, cuyos argumentos en contra rondarán en torno a los tópicos generados a lo largo de tantos y tantos años debido a las malas referencias sufridas, como comentaba al comenzar esta entrada: que si fomentan la violencia, que si produce adicción, que si alteran a los niños, etc.

En este sentido, creo que el foco no debería ponerse en torno a qué jueguen o no con videojuegos, sino sobre qué videojuegos son los que juegan. Tal y como hacía mi madre conmigo o hacía yo con mi hermano, todo está en tener constancia de a qué se está jugando y controlar los tiempos que se emplean en el uso de los videojuegos para un ocio compartido y equilibrado.

Además, hoy en día docentes y familias disponen a su alcance de un sencillo código basado en el sistema PEGI, el cual se incluye en la parte trasera de las carátulas de los videojuegos y que nos informa sobre su adecuación o no para nuestros estudiantes o nuestros hijos, pues, al igual que en el cine o en la televisión, cada elemento tiene su edad correspondiente, y es parte de la responsabilidad del adulto el saber mediar entre el menor y el producto que va a consumir.

Por otra parte, existen también diferentes softwares desarrollados únicamente con fines educativos que también podemos incorporar a nuestras clases y a nuestros hogares. En este sentido contamos con la ventaja de que están directamente pensados y diseñados con un fin didáctico y estructurados según etapas y edades. Sin embargo, tiene la desventaja de que, a veces, cuando un juego está demasiado orientado y condicionado por un contenido concreto, pierde ese efecto de cautivar y de generar aprendizajes de forma espontánea, que es uno de los mayores alicientes que tienen los videojuegos en sí.

Por lo tanto, lo ideal siempre es hacer un buen uso de ambos tipos de videojuegos, combinado con otras actividades tanto lúdicas como instructivas, que ofrezcan en su conjunto un amplio número de experiencias diversas para contribuir al desarrollo completo e integral de la persona.

Porque no sólo se trata de jugar con videojuegos, se trata de divertirse con ellos, de aprender de ellos y de exprimir al máximo todas sus ventajas para tenerlos como un potente aliado y no como un enemigo a batir. Así que, ya lo saben, si quieren comenzar: Press Start!


lunes, 23 de noviembre de 2015

Lecciones de School of Rock para la Escuela Moderna

Para quien no conozca o no haya visto la película School of Rock recomiendo encarecidamente que se vea antes de la lectura de esta entrada, tanto por evitar algún indeseado spoiler como por disfrutar del visionado de la misma.

Si la viste en su día pero no la recuerdas muy bien procedo a ponerte en situación: Se trata de una película protagonizada por Jack Black (al que el doblaje de Dani Martín al castellano le hace un flaco favor) en la que un fracasado rockero se hace pasar por maestro de una prestigiosa escuela para poder pagar su alquiler, pero una vez allí se da cuenta del gran talento musical que posee su alumnado y al cual no le están dando ni la importancia que merece ni ninguna proyección, por lo que decide actuar al respecto.

Cierto es que los primeros motivos que llevan a nuestro protagonista a actuar no tienen en sí un fin educativo, ya que solamente se basa en intereses egoístas y personales, pero, a raíz de este hecho, vemos como va poniendo en práctica, de manera inconsciente, muchas de las diferentes metodologías y teorías de la educación de las que tanto hablamos en la actualidad.

Así pues, retomando un poco el hilo de nuestra película, cuando nuestro impostor de maestro descubre el talento de sus alumnos y alumnas se da cuenta de que tiene que hacer algo al respecto y decide centrar a partir de ahora sus clases en llevar a cabo un proyecto conjunto en el que todos y todas tendrán una función que será clave para el buen desarrollo del mismo, y cuya finalidad es crear una banda de rock que participará en un certamen musical.

En este hecho vemos reflejados varios fundamentos importantes que procedemos a detallar a modo de lecciones que convienen recordar:

- Lección Nº 1: La primera de todas ellas es que se pone en práctica el llamado Aprendizaje Basado en Proyectos, mediante el cual se establece una temática a abordar de forma globalizada y se asignan roles y funciones a cada alumno y alumna atendiendo a sus intereses, talentos, necesidades y características personales. Estas funciones no son fijas ni están cerradas, sino que pueden amoldarse según las circunstancias o la evolución del mismo proyecto. Estos roles asignados hacen que el alumnado potencie su autonomía en el aula y que sea responsable de la parte que le corresponde en el desarrollo del proyecto que comparten.


- Lección Nº 2: En segundo lugar vemos como entran en juego las Inteligencias Múltiples al permitir que cada uno de los alumnos y alumnas potencie el campo del saber en el que sobresale y que, mediante este hecho, pueda dar la mejor versión de sí mismo para que el proyecto resultante sea exitoso. Quizás no todos tengan que estar tocando un instrumento; quizás haya otros cuya aportación se base más en su creatividad para el diseño, en sus dotes para la informática y la iluminación o en su capacidad para el liderazgo y las relaciones públicas. En definitiva, se trata de trabajar la atención a la diversidad desde un punto de vista constructivo en el que las diferencias sumen y en lugar de restar.

- Lección Nº 3: Al ser un proyecto compartido, vemos que el aprendizaje es cooperativo, y que el éxito del proyecto depende de que exista una buena coordinación entre sus componentes. Todos deben tener clara cual es su función, pero también conocer la de los que le rodean. De este modo, todos ganan importancia dentro del proyecto y crea un sentimiento de equipo y de unidad. Esto pasa en cualquier grupo de música o de teatro que se precie.

- Lección Nº 4: Se trata de un aprendizaje significativo en el que existe una motivación y una implicación emocional por parte del alumnado, al que no le importa estudiarse toda la historia del origen y evolución del rock si ello conlleva conocer mejor aquello en lo que andan trabajando. Por lo tanto, deben investigar y documentarse sobre la materia para poder hacerlo lo mejor posible. De esta manera disfrutan aprendiendo y poniendo en práctica lo aprendido. Es más, ya que cada uno tiene una función dentro del proyecto, sus deberes estarán personalizados de cara a lo que tienen que aportar y lo que tienen que saber para hacerlo lo mejor posible. 


- Lección Nº 5: Jack Black interpreta a un maestro que, aunque no tenga amplios conocimientos de docencia, tiene un carácter que le hace conectar rápidamente con sus estudiantes. Con esto no quiero decir que no sea necesaria la formación, que lo es, pero sí que es fundamental  las ganas que le pones a la enseñanza. En este caso se trata de un docente con carisma que invita a su alumnado a participar en clase, a compartir ideas, a reflexionar, a crear, a votar propuestas, les hace participes de su propio proyecto, les conoce personalmente y sabe como tiene que hacer para que se sientan implicados, dándoles ánimos cuando lo considera necesario y valorando positivamente sus aportaciones. En resumidas cuenta, nuestra actitud hacia el alumnado es fundamental para el desarrollo de sus capacidades.

- Lección Nº 6: Se antepone por completo a la enseñanza tradicional, la cuál vemos reflejada en la figura estricta pero angustiada de la directora del colegio y en la actitud exigente de las familias, aunque ambas partes relajan su postura cuando ven en vivo y en directo la puesta en escena de lo que han estado trabajando en clase, empezando a emocionarse y a sentirse orgullosos de lo que los chicos son capaces de hacer, ayudando esto también a demostrar que a veces hay facetas de nuestros hijos e hijas y de nuestros alumnos y alumnas que desconocemos por completo.

- Lección Nº 7: Todo lo anteriormente recapitulado nos lleva a concluir que lo que más sentido le da al proyecto es la posibilidad de poder mostrarlo. En nuestro caso, el hecho de llevar luego a un escenario todo lo ensayado en clase. De nada tiene sentido currarse un proyecto si va a quedar relegado a un cajón de la clase. Los proyectos están vivos, y necesitan darse a valer para mayor gozo y disfrute de quienes durante tanto tiempo han trabajado en ello. Es fundamental sentirnos valorados como personas y ver que nuestro esfuerzo tiene sentido. y sobre todo, que lo construido no muera en la exposición final, sino que esto sirva de enlace y de inicio para nuevos aprendizajes que luego vendrán.


Como bien cantan al final de la película, "it's a long way to the top if you wanna rock and roll". Ahora, cambiemos "rock and roll" por educación y apliquémonos todos la lección.

jueves, 5 de noviembre de 2015

Obsesión por la Evaluación

Supongo que vosotros también, al igual que yo, os habréis vistos sorprendidos por la reciente noticia de querer vincular el sueldo del cuerpo docente al logro de resultados. Este hecho es, en sí mismo, todo un despropósito, porque reduce y simplifica todo el proceso educativo hasta tal punto de creer que nuestro trabajo no es más que un binomio de estímulo-respuesta, sin tener en cuenta las numerosas variables que intervienen a lo largo de todo dicho proceso.

En primer lugar, vuelve a incidir en la inteligencia puramente academicista como la única valida en la escuela y en la vida, priorizando ante todo la capacidad de memorizar y olvidando el resto de inteligencias, facetas y planos que caracterizan y que componen nuestra esencia humana. En otras palabras, nos empobrece a nivel personal reduciendo nuestra valía únicamente a letras y a números, cuando somos un todo completo e integral.


En segundo lugar, no podemos entender la escuela como una fábrica de producción en cadena, pues en nuestro trabajo prima ante todo el factor humano. Por eso mismo, este tipo de propuestas no respeta para nada la diversidad existente en nuestra geografía y en nuestros centros, pues vuelve a establecer un listón único como objetivo a superar, sin importar la singularidades de cada zona concreta o de cada persona. ¿Qué pasará entonces cuando nos encontremos en un centro de difícil desempeño donde las prioridades se centrarán más en un plano actitudinal que en un plano curricular? ¿O que será del alumnado que presente alguna necesidad educativa y que precise de una adaptación? ¿Se respetarán este tipo de situaciones a la hora de medir dichos resultados?


En tercer lugar, la obsesión por obtener los mejores resultados fomentará muchísimo más la competitividad entre centros y entre compañeros, pues seguramente se seguirá extendiendo la mala costumbre de hacer rankings con los mejores y los peores colegios, y se hará todo lo posible por mantenerse en la parte alta de la lista, sin importar cuanto machaque innecesario reciba el alumnado o si se dejan de lado aprendizajes que, siendo necesarios para su formación y desarrollo, sabemos que las pruebas que se realicen no van a medir, y por tanto, pasan a estar en segundo lugar, tal y como está ocurriendo ahora con las humanidades o las artísticas.

Sabido es ya que en España existe una cultura de la evaluación muy viciada y arraigada, la cual nos lleva a que los aprendizajes que realizamos en el aula estén directamente enfocados a conseguir un buen resultado en la evaluación que vendrá posteriormente, en lugar de utilizar la evaluación como instrumento de recogida de información referente a todo el proceso educativo para que nos ayude a seguir orientando nuestro trabajo y el avance de nuestro alumnado. Así pues, con este tipo de medidas, será todavía más importante obtener un buen resultado que adquirir un buen bagaje de aprendizajes y de competencias.


En cuarto lugar, supone un gran retroceso para todas las innovaciones y todos los avances que se están llevando a cabo en materia de Educación y Pedagogía, la mayoría de ellos nacidos de las propias aulas y del saber colectivo que nos ofrecen hoy en día las Tecnologías de la Interacción y de la Comunicación, en un mundo cada vez más globalizado donde importa más el cooperar que el competir.

Si se impone este modelo planteado, se dejaría menos vía libre para que docentes implicados siguieran innovando en las aulas y poniendo en prácticas nuevas metodologías que les lleve a una mejora de los aprendizajes y del trabajo del aula, pues los modelos estandarizados de evaluación impondrían el ritmo ineludible de las clases.

Todo este hecho se agrava cuando, además, dicen que quieren observar si el docente realiza un buen trabajo en el aula mediante grabaciones de vídeo. En este sentido, yo me pregunto: ¿Quiénes son los que se van a encargar de evaluar si realizamos o no un buen trabajo? ¿Acaso son aquellos mismos que aprueban leyes educativas sin tener ni idea de la Educación y sin contar con la Comunidad Educativa?


Mucho me temo que todo esto supone un gran retroceso en materia educativa, pues parece probable que todo aquel que se salga de "lo tradicional" puede correr el riesgo de pagar las consecuencias, aunque sus metodologías y propuestas se demuestren útiles y eficaces.

Creo, en resumidas cuentas, que se está poniendo el punto de mira en la diana errónea, aunque no descarto del todo que se trate solamente de un error. Cierto es que llevamos viviendo desde hace algún tiempo una campaña de desprestigio generalizada a nuestra función docente, y esta noticia cae como un jarro de agua fría después de ver que cada vez salen más a la luz ejemplos prácticos de innovaciones que se realizan día a día en nuestras aulas, sobre todo a partir del hecho de que César Bona fuera nominado para estar entre los mejores maestros de todo el mundo.

La Educación en sí misma no puede ser entendida como un acto de control y sometimiento, sino como un proceso de desarrollo pleno del individuo a lo largo de toda la vida. Si realmente queremos una Educación de Calidad (palabra con la que tanto se les llena la boca y que tan poco vemos aplicada a la realidad) debemos poner el punto de mira en dos hechos fundamentales para asegurarnos de que tenemos en nuestras aulas sólo a los mejores docentes:

1) Revisar por completo la formación que reciben los futuros maestros y maestras en las universidades, dándole a esta un sentido más práctico y vinculado a la realidad, así como estando a la última en lo que a innovaciones educativas se refiere, y subiendo la nota de corte a la hora de acceder a la misma, para darle mayor prestigio que el de ser una carrera para "fracasados" o "gente que llega de rebote".

2) Buscar otras formas mucho más efectivas a la hora de seleccionar al profesorado que pasará a formar parte del Cuerpo Docente del Estado, pues considero que el actual sistema de oposición no llega a abarcar todo lo que se precisa para ser un buen maestro o una buena maestra, quedándose corto y desfasado.

Esto no es algo que defienda ahora a raíz de esta noticia. Yo mismo de hecho he sufrido, tanto directamente como a través de seres queridos, la ineptitud de muchos supuestos maestros y maestras, y el hecho que de exista gente así ocupando puestos docentes es algo que siempre he denunciado abiertamente. Sin embargo, no se trata de hacer pagar justos por pecadores, sino de prevenir que estos puestos de trabajo estén ocupados por personas que no siente el más mínimo aprecio por lo que implica su profesión.


Lo que nos tiene que quedar claro es que no todo el mundo vale para dedicarse a la enseñanza, y que nuestra profesión no es algo tan fácil y sencillo como muchos se empeñan en señalar. Si alguien quiere ser testigo de mi trabajo diario tiene la puerta de mi clase abierta, pues no tengo en el desarrollo de mi vocación nada que ocultar. Lo que no me apetece es que ni alumnado ni profesorado seamos controlados y censurados por gente que no entiende ni valora la Educación como tal.