Como bien sabrás - o quizás no -, a finales de julio mi ciudad natal sufrió un grave episodio de violación de la integridad territorial nacional que dio lugar a una enorme crisis que aún a día de hoy, aunque parezca sorprendente, está sin resolver.
Son muchas las lecturas que se han hecho a raíz de este suceso, muchísimas de ellas muy muy interesadas según el relato que se quiera contar al respecto.
Mi pequeña ciudad que siempre había pasado desapercibida se convirtió de pronto en el epicentro de una feroz batalla dialéctica de la que todo el mundo quería sacar tajada de lo ocurrido.
Somos muchas las personas nativas de allí que hemos intentando contar lo que hemos vivido en primera persona al tiempo que voces externas nos invalidaban y dictaban cual debía ser nuestro sentir.
Somos muchas las personas que hemos intentando hacer un enorme ejercicio de cordura en medio de una situación límite al mismo tiempo que poco a poco nos íbamos rompiendo por dentro.
Por que no sólo duele lo sucedido, que es realmente grave.
Duele el abandono institucional al que hemos estado sometidos.
Duele ver tu hogar invadido y colapsado.
Duelen las vidas perdidas en el mar.
Duele el temor, la inseguridad, el temor, la ansiedad y la incertidumbre que se respiran en cada rincón de la ciudad.
Duele ver como hay personas ajenas haciendo daño con total impunidad.
Duele la paz que nos robaron.
Duele que Marruecos se permita proclamar abiertamente su deseo de apropiarse de tu tierra sin que haya ningún tipo de consecuencia o respuesta contundente al respecto.
Duele que se ponga en duda nuestra españolidad.
Duele sentir que no importamos.
Duele ver que nada en lo que yo creía importa.
Duele que se te tache de xenófobo cuando llevas toda la vida conviviendo y abrazando la diversidad cultural.
Duele la constante polarización partidista que hacen a izquierdas y derechas de algo que es de tal magnitud que está totalmente por encima de esa visión tan sesgada y compartimentada.
Duele ver como movimientos ultras y conocidos agitadores usan de excusa tu causa para promover su odio y sacar a relucir toda la basura que llevan dentro.
Duele ver como tus referentes ideológicos de pronto sólo hablan en tu contra.
Y lo peor de todo, duele ver como personas con las que tienes un vínculo personal son capaces de volcar en ti su rabia si lo que dices no comulga con sus creencias.
Creo que es importante hacer mucha pedagogía, pero... ¿cómo se hace pedagogía cuando se te ha desmontado por completo todo el sistema de creencias y de valores?
Desde aquí, desde este pequeño remanso donde pongo en palabras lo que pasa por mi mente, sólo pido para mí y para mis vecinas y mis vecinos un poco de comprensión entre tanto juicio.
Os pedimos algo tan básico y sencillo como sentirnos escuchados y acompañados.
Que si os explicamos cómo nos sentimos es con la intención de que nos podáis entender y no sólo para que busquéis con qué nos podéis responder.
Que no hace falta opinar de todo ni buscar siempre que dicen los tuyos al respecto para poder tomar u otra posición.
Que se puede ser crítico y tener pensamiento propio.
Que se puede, aunque cueste, aceptar que a veces se producen grietas en el constructo que nos habíamos formado.
Recordad que no es incompatible pedir que la situación se resuelva y mostrar empatía hacia el pueblo caballa con defender los derechos humanos y denunciar la utilización que Marruecos hace de su población.
No somos hinchas de un equipo de fútbol.
No se trata de ver quién marca aquí mas goles al contrario.
Se trata, simple y llanamente, de querer recuperar nuestra normalidad, y volver a ser ese pueblo anónimo que nadie sabía colocar en el mapa.
Necesitamos que toda esta pesadilla acabe ya...

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