miércoles, 29 de octubre de 2014

Halloween y la Cultura de lo Audiovisual

Desde hace unos años, cada vez con más intensidad, vemos como todo a nuestro alrededor se tiñe de la característica tonalidad de esa nueva e importada festividad que es Halloween, a la cual no le faltan detractores en nuestro país.

Sin embargo, a pesar de ello, los escaparates se decoran con motivos típicos de esta celebración, se organizan diversas fiestas temáticas bajo el nombre de Halloween y hasta los niños se disfrazan para salir a la calle e ir a pedir golosinas. 

Parece ser que Halloween ha venido para quedarse, y eso lo podemos ver también en las diferentes actividades que realizamos en la escuela en torno a este centro de interés.

No es mi intención hacer de abogado del diablo en este sentido, pero, como bien podría referir María Acaso -a la cual recomiendo encarecidamente leer y escuchar-, nos encontramos ante otro ejemplo más del gran peso que tiene todo lo audiovisual en nuestra vida cotidiana.

Hagamos una sencilla prueba. Mirad la siguiente imagen y averiguad que guiño se está realizando en la misma:


Si lo habéis acertado a la primera y sin mucha dificultad es porque todos estamos inmersos en esa Cultura de lo Audiovisual a la cual veníamos haciendo referencia.

Sólo hay que fijarse bien para darse cuenta de que continuamente estamos consumiendo películas y series en las cuales la festividad de Halloween tiene un peso considerable, pasando así a formar parte de nuestra cultura popular, haciendo nuestro algo que en principio era ajeno.

Una vez llegado a este punto, la escuela no puede permanecer impasible a este acontecimiento, sino que debe salir de esa concepción estática del mundo como algo ya establecido y asumir el dinamismo en el que estamos inmersos para aprovechar cada nuevo estímulo como un recurso educativo más y hacer así que el aprendizaje sea lo más significativo posible.

Es más, podemos aprovechar también su temática para trabajar en el aula cuestiones como el miedo o los monstruos, que a veces tanto nos cuesta abordar, ya sea en casa o en la escuela, en cuyo caso recomiendo seguir el excelente trabajo que la profesora Maite Ordóñez está realizando con su alumnado de Educación Infantil.

Así pues, volviendo al tema principal de esta entrada, y a modo de cierre ya, podríamos decir que cada cual está en su pleno derecho de considerar Halloween como algo más o menos acorde a sus gustos e ideas, pero si una cosa está clara es que forma parte de la Cultura de lo Audiovisual que nos rodea, y... ¿no es acaso una de las funciones fundamentales de la escuela el dar respuesta al mundo que nos rodea?

lunes, 13 de octubre de 2014

Era de la Desinformación

Si hay una cosa que tenemos bien clara quienes abogamos por el cambio de modelo pedagógico imperante en la escuela en busca de una educación que fomente la autonomía de la persona y la creación de ciudadanos críticos y competentes, es que dicho cambio se hace cada día que pasa más apremiante, puesto que, en un mundo líquido donde las certezas tienen cada vez menos validez, se vuelve de imperiosa necesidad el estar formados y preparados para sobreponernos al descontrol creado por la actual Era de la (Des)Información.

El caso es que, aunque se trate de un tema cuya defensa vengo ya practicando desde hace tiempo, he querido hacer especial hincapié en él debido al reciente incidente sanitario que ha puesto patas arriba a todo un país y a gran parte del mundo en general. 

No obstante, no es mi intención entrar ahora en debates sobre lo sucedido ni realizar juicios de valor al respecto; simplemente se trata de analizar como, a partir de este suceso, se ha creado todo un revuelo de desinformaciones que nos han traído a todos de cabeza.

La cuestión es que, durante la última semana, hemos sido bombardeados, tanto a través de los diferentes medios de comunicación convencionales (televisión, radio, prensa) como mediante los distintos sistemas de mensajería de nuestros teléfonos móviles y nuestras redes sociales, con todo tipo de noticias, artículos, opiniones y reseñas sin descanso y sin cuartel durante todo el día, rompiendo incluso en muchos de los casos algunos códigos éticos que nos hace preguntarnos: ¿hasta dónde estamos dispuestos a llegar en este "todo vale" en el que estamos inmersos?

Así pues, visto lo visto, necesitamos poseer las herramientas y los procesos necesarios para gestionar tanto caudal de información que nos llega y nos desborda, porque si no corremos el riesgo de creernos todo aquello que escuchamos y que leemos, sin tan siquiera cuestionarnos su veracidad ni contrastar con otras fuentes.

Por ese motivo, no podemos seguir educando para un futuro estático tal y como se ha venido haciendo hasta la fecha, puesto que vivimos en un mundo que se encuentra en su fase más dinámica y nos enfrentamos a un futuro totalmente incierto, pues lo que hoy tiene validez, mañana no lo tiene, o viceversa. 

Llegados a este punto, nuestro objetivo como docentes debe ser trabajar para que las generaciones venideras sean capaces de, ante el continuo flujo de información que nos llega mediante tantas vías, buscar, seleccionar, analizar, indagar, investigar, contrastar, descartar y sintetizar la información para convertirla en conocimiento, un conocimiento propio, construido e interiorizado como parte de su proceso de aprendizaje crítico, activo y constructivo.

El escritor Javier Sierra, en su obra "El Maestro del Prado", señalaba lo siguiente:

"No te precipites. [...] Abre los ojos. Mira al mundo sin prejuicios. Acude siempre a las fuentes y decide después por ti mismo dónde está la verdad. Ésa es la grandeza del camino que te propongo".

Por lo tanto, no podemos seguir dándoles a nuestro alumnado la lección como un paquete cerrado de hechos inmutables. Ya saben que todo lo acontecido y todo lo descubierto en fechas pasadas lo tienen al alcance de su dedo en un sólo click. Lo que deben aprender es como tramitan y adquieren dichos hechos, como hacerlos suyos y como aplicarlos, siempre con ética y con respeto, pilares básicos de los cuales estamos dando tan mal ejemplo en la actualidad, cuando el peso del ejemplo en la educación es tan elevado.

En palabras de Jean Piaget:


En definitiva, se trata de educar a ciudadanos y ciudadanas preparados para afrontar la vida que el Siglo XXI les deparará, y eso no podemos hacerlo si seguimos anclados en metodologías ya obsoletas. Los caudales de información seguirán llegando sin parar, e incluso es probable que vayan en aumento sin ningún tipo de control, por lo que tener una buena formación y un buen sentido crítico serán nuestras principales bazas a la hora de afrontarlos y hacerlos nuestros. Preparemosles para ello. Hagamos de nuestros alumnos y alumnas unos hábiles surfistas capaces de cabalgar y dominar las olas de la desinformación.

jueves, 25 de septiembre de 2014

Educar en la Igualdad

Parece ser que el discurso que la actriz Emma Watson pronunció recientemente ante la ONU ha creado un gran revuelo, como si se tratara de un mensaje nuevo y rompedor. Sin embargo, la sorpresa debería ser el que aún nos sorprendamos de que haya que estar recordando la necesidad de poner en práctica real el principio de igualdad.

Y es que, por desgracia, las etiquetas siguen estando a la orden del día, con los estereotipos y prejuicios que eso conlleva. Al fin y al cabo, no se trata más que de una cuestión ideológica que perdura generación tras generación manteniendo vigente unos roles que se le acaban atribuyendo a uno u otro género, de manera consciente o inconsciente, y todo lo que se salga de ahí es, cuanto menos, cuestionado, por no decir ya juzgado o fruto del rechazo que supone cualquier intento de avanzar.

Los que en educación siempre buscamos nuevas formas de mejorar nuestra práctica docente y de innovar en nuestra profesión estamos ya más que acostumbrados a chocar contra el inmovilismo que existe en buena parte de nuestra sociedad. Sabemos de sobra que la escuela tiene una gran tarea que realizar en este sentido, pero existe alrededor de este aspecto todo un sistema de marketing publicitario que nos sigue haciendo creer que las niñas deben jugar con muñecas y los niños dedicarse al deporte, que las chicas deben adecuarse a unos cánones de medidas cada vez más preocupantes o que es poco varonil mostrar sensibilidad.

En este caso, no basta con centrar nuestra atención en aspectos lingüísticos que al final quedan en una mera formalidad o con tocar los temas de igualdad de género en clase como una cuestión eventual y transversal. Creo que estos aspectos como mejor se aprenden es viviendo el ejemplo cotidiano, no como algo que se deba enseñar, sino como algo que simplemente es. Y ya no sólo en lo referido en este ámbito concreto, sino referido a cualquier posible situación de discriminación por alguna u otra razón. No es necesario enseñar que somos iguales si antes no evidenciamos que somos diferentes, y esto sólo se consigue con el compromiso de toda la comunidad educativa. Por tanto, se trata de educar en la diversidad, haciendo ver que todos somos iguales y diferentes a la vez, sin generalizar ni clasificar por colectivos, sino respetando las individualidades de cada uno.

La cuestión es que, para que esto realmente tenga el efecto deseado, antes debemos creernos nosotros mismos aquello que queremos transmitir. Por eso mismo, es conveniente primero librarnos de todo sesgo ideológico mal planteado y entender el feminismo como lo que es, la lucha por la consideración de hombres y mujeres por igual, algo que, en mi humilde opinión, debería estar a estas alturas más que superado.

Así pues, cuidado con cualquier intento de evidenciar el feminismo como un movimiento que lo que busca es dar la vuelta a la tortilla, pues sería igualmente negativo, y no caer en el error de juzgar al todo por la parte cuando nos encontremos gente que entienda así dicha cuestión, cayendo en el grave error de generalizar.

Siempre habrá quienes entiendan mal la lucha por la igualdad, se trate dentro del ámbito que se trate, pero para ello no hay mejor arma a nuestro favor que la educación, una educación que fomente el dialogo, la asertividad, la empatía y el respeto como bases en el trato interpersonal.

Puede que el camino que aún nos queda por recorrer sea largo, pero con convencimiento y con nuestro ejemplo siempre podremos alcanzar un peldaño más, hasta que llegue el día en que no haga falta defender algo tan obvio como lo que hoy venimos desarrollando, hasta que llegue el día en que sólo haga falta hablar de personas, sin etiquetas, sin calificativos, sin prejuicios.

Así pues, antes de terminar, quiero dedicar esta entrada a mi buena amiga María Cabezos Petri, con la que tuve el gusto de debatir y reflexionar recientemente sobre este tema, y cuyo fruto de aquella enriquecedora conversación es este texto que acabo de compartir.


lunes, 1 de septiembre de 2014

"A mí no me digas que no se puede"

Hoy comienza un nuevo curso escolar y, aunque yo no forme parte activa aún de ese proceso, quiero aprovechar la ocasión para reanudar mi actividad con este blog, el cuál se ha mantenido en estado de letargo durante el verano, y lo hago haciendo referencia a un taller al que tuve el gusto de asistir a principios del mismo gracias a La Casa de la Juventud de Ceuta y a La Sala Café Club.

Dicho taller, cuyo título es el mismo que hoy os traigo en esta entrada, fue impartido por Juan Manuel Montilla, rapero, actor y artista en general, más conocido por el sobrenombre de El langui, del cual quiero compartir la siguiente entrevista que le realizó la cadena local Ceuta TV en relación al mismo antes de continuar.


Como el propio Langui sostiene y defiende, "al usar la palabra discapacidad corremos el riesgo de olvidarnos de lo capaces que somos", lo cual lleva a abordar la necesidad de un cambio de perspectiva real en materia educativa, más aún cuando todavía seguimos usando términos que, lejos de potenciar dichas capacidades, sigue poniendo el acento en el déficit.

Es por ello que quiero volver a hacer hincapié, como otras tantas veces he hecho ya, en la necesidad de fomentar una filosofía educativa en nuestras escuelas y en nuestra sociedad en general, en la cual nadie nos diga, como bien sostiene nuestro protagonista de esta entrada, lo que no podemos hacer, sino que se nos aliente y se nos motive para luchar y conseguir todo aquello que nos propongamos, y no hablo sólo del alumnado con cualquier tipo de necesidad específica, sino en general de cualquier alumno o alumna, así como de toda la comunidad educativa, pues somos a menudo nosotros mismos, familiares y docentes, los que planteamos los obstáculos, de forma consciente o inconsciente, al desarrollo de nuestro alumnado y de nuestras propias funciones.

Por esa misma razón, y viendo el gran ejemplo de superación personal que supone el caso presentado, hoy escribo y comparto el presente post como una forma de empezar este curso con motivación y energía, de manera que nuestro trabajo y nuestra lucha diaria no nos suponga un muro imposible de franquear, sino un trampolín con el que coger cada vez más impulso para poder llegar lo más lejos posible.

Yo, por mi parte, trabajaré duro también para que el curso que viene pueda volver a daros la bienvenida a este blog tras el verano compartiendo con todos vosotros mi incorporación al cuerpo de maestros y mi experiencia dentro del mismo. 

Sin nada más que añadir por el momento, quiero desearos un gran comienzo de curso y que sea un buen año académico y personal, así como agradecer desde aquí a El Langui todo lo que nos aportó a los asistentes de aquel taller y por ser un ejemplo de persona digna de admirar.

Toca seguir trabajando por un aprendizaje sin barreras y una educación de calidad de todos y para todos por igual, en la cual no vale decir aquello de que "no se puede", porque si se quiere, se puede. Todo depende de nuestra actitud.



jueves, 19 de junio de 2014

El Mundo Digital

Tal y como acostumbra el gran maestro Pepe Arjona con sus "reflexiones en series", yo hoy voy a recurrir a aquella mítica serie que, a finales de los años noventa, irrumpió en nuestro país para gozo y disfrute de los que por entonces eramos niños y no tan niños.

Dicha serie hablaba sobre un Mundo Digital creado a partir de los datos que circulaban por la red, el cual era un reflejo de nuestro mundo real, y al que un grupo de niños podían acceder mediante un determinado dispositivo.

Todo ello puede sonar a Fantasía o a Ciencia Ficción, pero, al igual que ha pasado con las novelas de Julio Verne, la realidad acaba muchas veces por superar a la imaginación.

Cierto es que no existe ningún mundo alternativo poblado por criaturas capaces de digievolucionar, pero si es cierto que existe todo un Mundo Digital al que podemos acceder mediante nuestros dispositivos y que es fiel reflejo del mundo en el que vivimos, además de que ambos se encuentran en estrecha relación e interconexión.

Así pues, como explicaba Fernando Trujillo en un reciente artículo, lo digital se ha convertido en un elemento básico de nuestro día a día: nos relacionamos a través de redes sociales y aplicaciones de mensajería, nos informamos de lo que ocurre en el mundo a través de Internet, compartimos aquellos contenidos que creemos necesarios o interesantes, solucionamos nuestras dudas consultado Google o Wikipedia, etc.

Si tan presente está entonces todo este Mundo Digital en nuestras vidas, ¿por qué nos seguimos empeñando en darle totalmente la espalda en nuestros centros educativos?

Son muchas las ocasiones en las que nos encontramos, por ejemplo, con la total prohibición del uso del móvil en clase, cuando es nuestra propia sociedad la que ha acabado convirtiendo este elemento en una extensión más de nuestro propio ser y, como bien digo siempre, la escuela no puede funcionar si se halla desconectada de la realidad en la que vivimos. En palabras de Verónica Rivera, "la escuela debe ser la vida".

En determinadas artes marciales como el Aikido se busca utilizar la energía empleada por el contrincante en nuestro propio beneficio. Siguiendo este símil, el problema no es el uso de móviles en sí, sino el cómo se utilicen, además de que será más productivo procurar aprovechar este elemento como herramienta útil de trabajo en el aula que intentar imponer una postura sancionadora al respecto.

Es más, ¿cuántos de nosotros no ha estado en una reunión o conferencia y ha estado utilizando su dispositivo móvil al tiempo que prestaba más o menos atención a lo que allí se estaba comunicando? Si ni siquiera nosotros mismos somos capaces de desprendernos del móvil en este tipo de situaciones formales, ¿por qué nos empeñamos en que nuestro alumnado si se desprenda de él en el aula?

Queramos o no, el Mundo Digital ha venido para quedarse, y renegar de él sólo nos crea desconexión con los tiempos que corren y para los cuales la escuela debe preparar. Educar en el uso de las Tecnologías de la Información y de la Comunicación será una pieza clave en nuestras aulas si queremos que nuestro alumnado sean ciudadanos totalmente competentes, con pensamiento crítico y bien formados, capaces de gestionar correctamente toda la información que tienen a su alcance para convertirla en conocimiento, y de esta forma ser capaces también de aprender, desaprender y volver a aprender.


Yo hace ya 10 años que realicé mis prácticas de la carrera de Magisterio de Educación Especial en un centro ordinario con integración preferente de alumnado con algún tipo de afectación mental, y me resulta curioso como, ya entonces, cuando en lugar de TICs aún hablábamos de nuevas tecnologías, aproveché el ordenador del que disponíamos en nuestra aula para instalar un par de programas con los cuales poder desarrollar mejor mi tarea docente. Uno de esos programas pertenecía a la saga Trampolín, un software diseñado para trabajar tareas escolares de forma atractiva a través del ordenador, y el otro era un programa de diseño gráfico muy sencillo con el cual poder crear calendarios, postales y otros elementos similares, todo ello basado en el popular videojuego hecho serie Pokemon.

Yo por entonces aún no era muy consciente de todo lo que he expuesto aquí ahora, pero, ya sólo por sentido común, supe que fomentar esa dinámica con mi alumnado haría que los aprendizajes fueran más gratificantes y las clases más amenas.

Con todo ello vengo a decir que innovar no es tan complicado como puede parecer. No se trata sólo de sustituir las famosas transparencias por un Power Point (un vicio cada vez más extendido), sino de tener iniciativa y motivación por probar nuevas metodologías, utilizando las herramientas de las que ya disponemos y adaptándonos a los tiempos que corren.

Cierto es que haría falta introducir en la formación del profesorado todo este tipo de dinámicas y herramientas, así como la aplicación de las mismas y los recursos de los que disponemos a través de ellas, pero el debate sobre la formación del profesorado lo dejo ya para otra futura entrada, que el tema da para eso y más.

Antes de terminar, me gustaría hacer una especial mención a Santiago Lozano, el cual acaba de graduarse ahora en Magisterio, y con el que he tenido el gusto de debatir en varias ocasiones sobre el tema que hoy os traigo. Es gracias a la última de esas charlas que hemos tenido que me he sentido inspirado para escribir esta nueva entrada, así que desde aquí mi agradecimiento y mi enhorabuena por su merecida titulación.

martes, 3 de junio de 2014

¿Enseñamos a Aprender?

A estas alturas del año vemos a menudo como muchos alumnos y muchas alumnas se juegan el curso o el pase a la universidad apelando a un sistema de estudio bulímico, es decir, embotándose de contenidos sin sentido para luego vomitarlo todo en un examen cuyo mayor referente para medir el "aprendizaje" es la memorización.

Sé que el paradigma actual nos habla del concepto de competencias básicas y de la necesidad  de fomentar entre nuestro alumnado el denominado "aprender a aprender". Sin embargo, esto queda aún muy lejos de la realidad que vivimos en nuestra aula cuando seguimos propiciando un modelo de enseñanza y evaluación en la línea de lo que veníamos diciendo en el párrafo anterior.

Es por ello que se hace altamente necesario, y más si queremos llevar a cabo esta transición de modelo de aprendizaje, que no sólo enseñemos en clase el qué aprender, sino también el cómo aprenderlo, fomentando el conocimiento de diferentes técnicas y facilitando un buen bagaje de herramientas para ello.

Como docente que a lo largo de su trayectoria profesional ha trabajado en clases de refuerzo y de preparación para superar las pruebas de acceso a la universidad y de acceso a grado medio y superior, puedo decir que la gran carencia que vi entre los estudiantes que tuve el gusto de atender era la de saber gestionar los contenidos que se debían estudiar, y lo cierto es que no me extraña en absoluto.

Recuerdo que, hasta que no llegué a mi etapa universitaria, nadie me explicó las distintas técnicas y estrategias existentes para facilitar nuestro proceso de aprendizaje, y aún a día de hoy me sigo preguntando porque nunca nadie se paró un momento a enseñarnos este tipo de cosa a lo largo de nuestra escolaridad, pues parece que después de tantos años nada ha cambiado aún.

Seguimos haciendo que nuestros alumnos estudien recitando apuntes o aplicando fórmulas que ni siquiera ellos entienden para qué sirven o el por qué se aplica un determinado algoritmo o procedimiento.

¿Por qué no enseñarles la gran utilidad que tienen el hacer un buen subrayado (en lugar de subrayar párrafos y párrafos completos), saber extraer las ideas y claves de cada texto o realizar nuestros propios esquemas o mapas conceptuales? Por experiencia propia y ajena puedo decir que las grandes mejoras que se producen cuando se dispone de este gran abanico para afrontar el aprendizaje, y fomentando la autonomía para que cada estudiante lo afronte de la manera que más productiva le resulte, ya que, como sabemos, cada alumno y cada alumna tiene un estilo propio de aprendizaje que debemos respetar y al que debemos adaptar nuestra labor docente.

Cierto es que esto no puede conseguirse de un día para otro. Se trata de fomentar progresivamente este tipo de actitudes y competencias hasta que cada alumno y cada alumna haga de su propio estilo de aprendizaje una forma innata de afrontar cada nuevo proceso de estudio, con él que llegue a sentirse cómodo y seguro.

Para ello, además de las técnicas y estrategias citadas con anterioridad, hoy contamos con el gran avance que han supuesto las Tecnologías de la Información y de la Comunicación y sus aplicaciones en el ámbito de la educación. Internet es una puerta abierta al mundo, y a través de la red podemos acceder a un sinfín de conocimientos planteados de distintas maneras y basados en diferentes fuentes.

Enseñar aprender también es, por lo tanto, enseñar a hacer un uso adecuado de toda esa información que fluye a una velocidad vertiginosa por la red, para aprender a gestionarla y saber distinguir entre aquella información que nos resulte de utilidad y aquella que podemos descartar, siempre bajo una visión crítica que nos ayude a movernos por la delgada línea entre aquello que merece o no nuestra credibilidad y/o fiabilidad.

En resumen, se trata de fomentar la construcción del propio aprendizaje y no la reproducción del ya establecido por otros. No olvidemos que, tal y como podemos ver reflejado en el siguiente gráfico, cuanto más nos involucramos más aprendemos:


Así pues, ánimo a todos los que ahora os estáis enfrentando o a los que os estáis apunto de enfrentar a vuestra etapa final del curso a que lo hagáis lo mejor posible. Sólo espero que las ideas aquí reflejadas, seáis docentes, alumnado o parte de la comunidad educativa en general, os puedan servir de ayuda ahora o en próximos cursos. Cualquier consulta no dudéis en comentarla ni tampoco en aportar lo que creáis oportuno al respecto.

¡Un saludo!

martes, 13 de mayo de 2014

"Sonría, por favor. Está usted ante una clase".

Hoy quiero dedicar esta nueva entrada en el blog a un tema que considero de vital importancia en nuestras comunidades educativas y en la sociedad en general.

Antes de nada, prestemos atención a la siguiente viñeta:


En un mundo donde se prima una competitividad carente de sentido ético y donde se antepone el éxito personal al bienestar del prójimo es fundamental fomentar valores y actitudes en nuestro alumnado lo suficientemente sólidos y fuertes como para no dejarse engullir por ello.

Sin embargo, con unos currículos plagados de contenidos que hay que impartir hasta la extenuación, ¿hay lugar para desarrollar dichos valores y dichas actitudes?

Antes de nada, debemos saber que los valores y las actitudes no es algo que se enseñe como se puede enseñar cualquier concepto o procedimiento concreto. Los valores y las actitudes se viven, se ejemplifican y forman parte del día a día del aula y de la comunidad educativa, pasando a convertirse en lo que denominamos "currículum oculto".

Para ello, debemos tener, en primer lugar, dos principios básicos: coherencia y consecuencia.

Coherencia para que nuestros actos hablen a la par de nuestras palabras, para que nuestra forma de comportarnos esté en sintonía con lo que predicamos, y consecuencia para ser consecuentes (valga la redundancia) con nuestra forma de entender las cosas, defenderla (siempre de forma asertiva) y reconocer cuando nos equivocamos y enmendar el error.

Una vez asumidos estos dos primeros principios, todo lo demás viene sólo. Somos modelo de nuestro alumnado, y como tales debemos actuar, no sólo en clase, sino en nuestra vida en general, ya que, como bien dice Verónica Rivera, "la escuela no debe parecerse a la vida, la escuela es la vida", y su trabajo diario es buen ejemplo de ello.

Recuerdo que en mi formación universitaria para la docencia tenía un profesor que defendía por encima de todo que el maestro siempre debe mantener las distancias con su alumnado y situarse en una situación de superioridad en el aula. Nada más lejos de la realidad, lo pensaba entonces y lo sigo pensando ahora, después de haber experimentado ya con esta profesión: fomentar un ambiente de cercanía, comunicación y consenso con nuestro alumnado es jugar la mejor carta que tenemos en nuestra mano.

Tal y como defendía Víctor Cuevas en su artículo "Un poco de humor en el aula, por favor", el buen ambiente en el centro escolar y en el aula es un factor clave para un desarrollo de nuestra labor educativa cómodo y fructífero. Que menos que, ya que se tienen que pasar tantas horas y tantos días juntos, hacer de ello algo confortable y ameno, ¿no? 

Atrás queda la postura de aquel profesor anclado en un paradigma ya obsoleto de la educación, donde, como bien dice Oscar González en este debate sobre educación en "Para todos la 2", se confunde autoridad con autoritarismo. 


Al fin y al cabo, todos somos personas que compartimos un mismo espacio, y, aunque cada uno desempeña un rol distinto, al final el objetivo es común. Sin embargo, para entender ese objetivo como común antes debemos estar en común todas las personas implicadas, en un ambiente de armonía y respeto mutuo para que cada jornada de clase se disfrute y no se sufra, ni por un lado ni por el otro.

Hay que tener constancia de que todos remamos en un mismo barco y en una misma dirección, de que no se trata de competir sino de contribuir y de colaborar, y generar actitudes de empatía hacia el prójimo, pues el bienestar del grupo es nuestro propio bienestar.

Por lo tanto, educar para la ciudadanía no puede ser sólo una asignatura, educar para la ciudadanía es el fin de la educación, y debe estar presente en todo el proceso. No es una cuestión de materia, sino de valores.

En esta línea siempre digo que existen palabras realmente útiles, palabras que quizás no pronunciemos tanto como deberíamos, pero saber decir "por favor", "gracias" o "lo siento", por ejemplo, así como las muestras de aprecio y de reconocimiento, son piezas claves para una buena convivencia con nuestros iguales, y os aseguro que, cuando se dice de corazón, es algo que nos sale de dentro sin esfuerzo alguno, y echa abajo muchísimas barreras, más aún si acompañamos nuestras buenas palabras de una sincera sonrisa.

Como bien decía Séneca, "Decir lo que sentimos, sentir lo que decimos. Concordar las palabras con la vida". 

Por todo ello, ¡sonrían! :)