lunes, 29 de diciembre de 2014

Queridos Reyes Magos

Queridos Reyes Magos:

Tal y como dije ya el año pasado, "no se trata de desear que el siguiente año sea mejor, sino de ser nosotros mejores cada año". A estas alturas no se si es algo que he cumplido o no, aunque mis esfuerzos hayan estado dedicados a ello. No obstante, en algo si que han mejorado las circunstancias respecto al año anterior, y es que por fin este curso he podido estrenarme como maestro interino.

Así pues, os pido fuerzas para poder ejercer con éxito y esmero mi función docente y al mismo tiempo poder abordar con tesón mi preparación en el duro proceso que supone ser opositor, además de fortaleza para aguantar y resistir ante las múltiples situaciones adversas que los utópicos como yo nos encontramos en nuestro día a día cuando intentamos demostrar, con nuestro trabajo y esfuerzo, que otra Educación es posible.


Es por eso que os pido un Sistema Educativo abierto y flexible donde todos y todas podamos disfrutar de una educación pública, gratuita y de calidad que se adapte a las necesidades de los tiempos y de los diferentes contextos, personas y entornos de aprendizaje. Además os pido una mejora en la formación docente, más adaptada a la práctica y a los paradigmas de la época en la que nos encontramos, y una mejor selección de los mismos a la hora de acceder tanto a las universidades como a los centros educativos, sacando de nuevo a relucir el carácter vocacional de esta profesión.

Para ello, también os pido que se abra la Escuela a la Comunidad, pues sin ésta nuestra función no tendría sentido. Para ello precisaríamos de una Sociedad y de una Política comprometidas con la Educación y con todo lo que esta representa para nuestro desarrollo y nuestro bienestar.

Pido además oportunidades para nuestro alumnado y, que tras una formación integral que aborde por completo todos y cada uno de los ámbitos de la esencia humana, encuentren la manera de desarrollar cada uno su función en la vida, para que así no tengan que sufrir ni la falta de empleo ni la precariedad o el exilio a los que ahora estamos condenados.

También quisiera pediros que deje de tacharse la Diversidad como un elemento negativo y empecemos a valorar todo lo positivo que ésta nos puede aportar, pues, tal y como sostenía el profesor Ángel Pérez en las últimas Jornadas de "Educando para la Vida", "no se trata de respetar la diversidad, sino de celebrar la diversidad". Cuánto tenemos que aprender aún al respecto de este tema, y cuánto puede aún aportarnos este tema al respecto de nuestros aprendizajes.

Para finalizar, quisiera pediros también que nunca dejemos de aprender y que nunca dejemos de innovar, que no perdamos ni las ganas de seguir trabajando por mejorar las cosas ni la fe en que podemos hacerlo, que sigamos luchando por alcanzar nuestras metas en este complicado proceso que es la vida y de la cuál es fiel reflejo la Educación.

Por lo tanto, creo que no os corresponde a vosotros conceder todo esto que os pido. Ya tenéis suficiente con seguir manteniendo viva la ilusión de nuestros niños y niñas. El resto debe recaer sobre todos y cada uno de nosotros. De nada vale dejar todos estos nobles deseos en manos del destino o del azar, de nada vale desearlos si no se trabaja duro para conseguirlos. Esta es nuestra lucha, es nuestra responsabilidad, y cierto es que no conseguiremos nada de la noche a la mañana como si de un 6 de Enero se tratase, pero es por eso que necesitamos mantener viva también nuestra ilusión de que los esfuerzos de hoy serán los logros del mañana.


La Educación no deja de ser una carrera de fondo, y mantener el ritmo es fundamental para no perecer. Sin embargo, recordad que no estamos solos en este recorrido. Somos muchos, y cada vez somos más, los que anhelamos alcanzar esta meta. Es primordial que nuestro camino lo hagamos en compañía, que nuestra lucha sea compartida, que podamos sentir el apoyo de los unos y de los otros en este cometido.

Por todo ello, daros las gracias desde aquí a todos los que asíduamente me leéis y a todos aquellos que compartís conmigo vuestras penas y vuestras alegrías, vuestros logros y vuestros fracasos, vuestras reflexiones y vuestras inquietudes. La unión hace la fuerza, y esa fuerza debe perdurarnos mucho tiempo más.

¡Muchas gracias una vez más por vuestro apoyo! ¡Que tengáis todos un feliz y próspero 2015!


viernes, 12 de diciembre de 2014

La Educación es Vida, y la Vida es Educación

Este pasado fin de semana fue el tan anhelado puente de diciembre que tantas personas esperan con ansia para poder tomarse un respiro de su día a día cotidiano. Sin embargo, y por suerte, existen personas que, en lugar de buscar descanso y relax esos días, prefieren emplear su tiempo en aquello mismo que les ocupa su vida diaria, pero desde otra perspectiva mucho más enriquecedora y transformadora, que es la que nos vuelve a ofrecer, por segundo año consecutivo, y nuevamente con un gran éxito de demanda, la buena gente de Espacio Cultural Conviven, con sus II Jornadas "Educando Para la Vida".

Verónica Rivera, en su Proyecto Socio-Educativo "Enamóra+e", ya venía defendiendo la idea de que "La Escuela no sólo debe parecerse a la Vida, sino que la Escuela debe ser la Vida". Así pues, hay una cosa que tenemos bien clara, y es el ser conscientes de que de nada tiene sentido educar si no se hace en relación y en conexión con la vida que hay más allá de las cuatro paredes de un aula y teniendo en cuenta a todos los agentes implicados en dicho proceso, pues la Educación es potestad de toda la Comunidad.

Ya en la anterior edición de este evento tuvimos la suerte de conocer y profundizar en distintos planteamientos pedagógicos y metodológicos, y se nos presentaron nuevas formas de entender la educación más allá del modelo tradicional que, pesé a todo, sigue siendo la base en la que se sostiene nuestro sistema actual, y más aún teniendo en cuenta el retroceso que nos supone la nueva ley de educación que ya se ha empezado a aplicar.

Siguiendo este planteamiento, hay una segunda cuestión que tenemos bien clara también: este sistema no sirve para responder a las necesidades educativas que los tiempos que corren requieren. En un panorama como el actual, con la importancia que han demostrado tener, desde un punto de vista científico, las emociones y el plano afectivo y social en el aprendizaje, y con el auge que están teniendo las tecnologías de la información y de la comunicación en nuestra sociedad, no se puede seguir educando bajo ese modelo industrial cuyo cometido es llenar nuestras cabezas de conocimientos puramente académicos y generar buenos trabajadores para el mercado laboral.

En ese sentido, tenemos que cambiar el punto de vista bajo el que funcionan nuestras escuelas, pues no se trata de formar empleados, si no de formar personas, personas con la suficiente autonomía y competencia para ejercer tanto sus derechos como sus obligaciones, ciudadanos y ciudadanas de una comunidad en la que todos debemos convivir y en la que todos tenemos algo que aportar, celebrando nuestra diversidad y respetando nuestras discrepancias.


Eso mismo es, en cierta manera, el reflejo de lo que hemos hecho durante este intenso fin de semana: somos personas diversas que hemos compartido un espacio común y hemos contribuido a que el tiempo empleado en el mismo fuera lo más ameno y enriquecedor posible; hemos compartido nuestras inquietudes, hemos reconocido nuestras limitaciones, hemos expresado nuestras ilusiones y hemos aportado nuestras vivencias, nuestras ideas y nuestras reflexiones, pero, ante todo, hemos establecido vínculos, hemos conectado y hemos compartido todo lo anterior los unos con los otros, y es quizás en esta interacción, en este saber común, donde hemos ganado esa fuerza que necesitábamos para seguir creyendo que otra educación es posible, que existe otra manera de hacer las cosas, y seguir luchando por ello.

Así pues, es fundamental que, en este reto que nos hemos planteado, creemos, mantengamos y ampliemos esas redes personales que establecemos en este tipo de encuentros, ya que sirve para reforzarnos los unos a los otros y no sentirnos solos en nuestro particular ámbito de actuación. 

En esta línea existe ya un grupo de Facebook creado donde podemos seguir en contacto y compartiendo e intercambiando nuestras percepciones y nuestras experiencias entre nosotros, pero me parece sumamente interesante el poder ampliar estas redes hacia otras plataformas como twitter, a través de la cual fui, en la medida que me fue posible, retransmitiendo lo que se iba viendo y trabajando en Conviven bajo el hashtag #EducandoVida. Esta es una práctica muy habitual en otros eventos educativos (como es el caso de EABE) mediante la que se busca que el mensaje llegue al mayor público posible y que invito a poner en práctica en próximas jornadas, pues es increíble lo contagiosa que puede ser la red.*

Después de todo, de eso se trata, de contagiar nuestra ilusión y nuestra energía a cada rincón al que lleguemos, que cada uno, en su particular parcela, aporte su granito de arena a la causa, que, ya sea desde dentro o desde fuera, contribuyamos a crear un nuevo modelo de escuela donde todos tengamos cabida y donde todos seamos tenidos en cuenta, pues la educación no puede quedar reducida a lo puramente escolar y académico: La Educación es Vida, y la Vida es Educación, y en nuestro vivir diario continuamente estamos realizando todo tipo de aprendizajes. En cada nueva tarea que afrontamos, en cada conversación que mantenemos o en cada decisión que tomamos podemos reestructurar nuestros esquemas de pensamiento y nuestra forma de crear, organizar y reorganizar el conocimiento del que disponemos.


Hablamos de un proceso dinámico, y como tal requiere dinamismo. El saber no es un fin, sino un proceso de constante cambio y transformación, mediante el cual vamos evolucionando nosotros mismos y hacemos evolucionar el mundo a medida que lo vamos conociendo. Se hace por tanto realmente necesario, como bien veníamos sosteniendo durante estos días, deshacernos de la mochila que todos arrastramos desde nuestra infancia y romper las cadenas que nos atan y nos inmovilizan, para de esta manera generar un nuevo modelo capaz de dar respuestas adaptadas a las diferentes necesidades que nos vayamos encontrando en cada centro educativo y en cada comunidad.


Para ello, habría que dar por fin respuesta a ese círculo vicioso sobre la disyuntiva de qué es lo que debe cambiar antes, la escuela o la sociedad.

En este sentido, opino que la Educación es un motor de cambio, pero ésta no puede entenderse sin un entorno social adecuado en la que poder desarrollarse como tal, por lo que ambas deben ir modificándose mutuamente en una proceso continuado que seguramente no de resultados hasta largo plazo. Al fin y al cabo, como bien sostenía uno de los lemas que más proliferaron durante el 15M, "vamos lento porque vamos lejos". 


La Educación es una carrera de fondo, requiere constancia, energía y fe por el cambio real. Ya muchas personas han dado el primer paso. Ya muchos colectivos trabajan en diferentes proyectos e iniciativas que servirán de guía y referencia para la escuela venidera. Ya somos muchos, y cada vez somos más. Como bien mantenía yo mismo este fin de semana, "debemos ser la gotas de lluvia que a base de tiempo y de paciencia acaban desgastando el paisaje". Un paisaje cuanto menos desolador, pero en el que aún queda lugar para la esperanza, y ejemplo de ello son las diferentes personas e iniciativas que vinieron estos días a compartir con nosotros su trabajo y sus ideas.

Ahora es el turno de sumar, de cooperar y de avanzar. Cada uno desde su particular frente, pero todos con un objetivo común. La unión hace la fuerza.

Así pues, para finalizar, y ya a título personal, decir que ha sido un auténtico placer volver a formar parte de estas Jornadas y reencontrarme con tantas personas de la anterior ocasión, al igual que también lo ha sido el poder conocer a tanta gente nueva tan interesante y tan involucrada. Es un honor compartir estos espacios con personas que tienen tanta ilusión y que tiene tanto que aportar. Gracias a todos y a cada uno de los asistentes por vuestra participación e implicación. Es un placer regresar a casa con toda esa fuerza que hemos generado y con la cabeza tan llena de ideas. ¡Hasta la próxima! 



*En esta línea os recomiendo recabar información sobre los Entornos Personales de Aprendizaje, también conocidos como PLE.

lunes, 24 de noviembre de 2014

¡Música, maestro!

La música forma parte de todo el mundo que nos rodea: está en el cine, en la publicidad, en la radio y en la televisión, nos acompaña de fondo mientras trabajamos, conducimos o caminamos, y es capaz de trasmitirnos - así como de ser utilizada de manera consciente para transmitirnos - gran diversidad de sentimientos y emociones, pudiendo influir de forma directa y notable en nuestro estado anímico y en nuestras percepciones.

Viendo el peso tan grande que tiene este arte concreto sobre nuestras vidas, ¿por qué esa forma de desprestigiar y quitarle valor a la música en Educación?

El problema radica en que, en un modelo educativo basado prácticamente en una concepción científica del mundo, cualquier área destinada a desarrollar las letras o las artes parece más una distracción que algo esencial en nuestra formación como seres humanos, siendo relegadas a un segundo plano.

Cierto es que la música puede ser considerada como una afición, pero dicha afición es compartida por nuestra especie en general. Queramos o no, la música forma parte de nuestro día a día y nos va conquistando a todos y a cada uno de nosotros en sus diferentes vertientes, por lo que dedicarse a la música no debería ser considerado una pérdida de tiempo, sino más bien todo lo contrario.

La música es puramente matemática, y el trabajarla en el aula ayuda a asentar las bases para el pensamiento abstracto y la mejor compresión de dicha materia y de otras muchas más, pues a través de ella se trabajan los diferentes procesos cognitivos que serán clave a la hora de desarrollar cualquier aprendizaje, como puede ser la memoria, la atención o la concentración.

Al fin y al cabo, todo el aprendizaje está interrelacionado, aunque nos empeñemos en separarlos en compartimentos estancos.

Además de su lado más matemático, la música es algo que, como decíamos en un primer momento, nos llega y nos transmite diferentes emociones, y hoy en día sabemos ya de sobra el peso que tiene la educación emocional en el buen desarrollo de nuestro alumnado, siendo la música un vehículo perfecto con el que poder compartir lo que sentimos en cada momento.

La música conforma nuestra personalidad, y todos tenemos canciones con las que nos sentimos identificados, canciones que nos motivan y predisponen ante determinadas situaciones o actividades, canciones que asociamos a determinados estados de ánimo y canciones con las que nos sentiríamos capaces de expresar determinadas emociones que de otra manera no sabríamos quizás compartir.

En este sentido, la música se convierte en un elemento clave a la hora de trabajar diferentes formas de comunicación entre personas, pues tiene su propio lenguaje, con su código y sus normas de lectura y escritura, entrando así también a estar interrelacionada con el área lingüística y literaria, pues al fin y al cabo la mayoría de las composiciones musicales que consumimos llevan incluida una letra, con sus estructuras, sus métricas, sus recursos literarios y sus correspondientes reglas del lenguaje, las cuales no sólo podemos estudiar a nivel formal, sino también desde un puto de vista crítico donde analicemos el contenido de muchas de las letras de las canciones que nuestros jóvenes consumen hoy día.

Es más, este hecho nos abre también las puertas a que pueda utilizarse la música para trabajar otros idiomas mediante la traducción de canciones que sean de nuestro agrado, sin olvidar el amplio abanico que le extiende también al ámbito de la creatividad.

Por otro lado, debemos recordar también que la música implica movimiento, y que el movimiento está muy ligado con el conocimiento de nuestro propio cuerpo y con el dominio que tengamos del mismo. Aplicar la música en el área de educación física nos ayuda a adquirir nociones de ritmo y a mejorar nuestra motricidad, tanto gruesa como fina, nos ayuda tanto al desarrollo de la coordinación dinámica general como de la coordinación de nuestros segmentos corporales y de nuestros sentidos, y nos ayuda a apreciar el valor estético del movimiento mediante la buena ejecución de terminados ejercicios, danzas o coreografías.

Además de todo eso, es una gran manera de trabajar la diversidad, ya que se puede ir desde el atender a los estilos musicales predominantes en cada cultura (tanto a nivel histórico como actual) como una forma de identificarnos ante el mundo - y la música - que compartimos, pudiendo también ubicarnos en ese sentido a nivel geográfico, y, de un modo más concreto, nos sirve para trabajar con alumnado que presenten necesidades específicas de apoyo educativo, pues es una gran recurso para la estimulación de los mismos a nivel motor y sensorial y una medio con el que poder desarrollar actividades en común con el resto de sus compañeros y compañeras desde un enfoque inclusivo que fomente su participación.

Como bien podemos apreciar, la música tiene la gran ventaja de ser una área con carácter integrador a través de la cuál se pueden trabajar multitud de áreas del conocimiento y del desarrollo personal, poniendo así de manifiesto sus grandes cualidades educativas. En palabras de Platón, "La música es el arte educativo por excelencia, que, por medio de sonido, se inserta en el alma y la forma en la virtud".


Por último, quiero añadir que, como refería al inicio de esta entrada, a todos nos gusta tener música de fondo mientras realizamos cualquier actividad, se trate de una tarea o simplemente de ocio. Nos ayuda a estar más cómodos durante el desarrollo de la misma, y en mucho de los casos nos motiva y nos sirve de aliciente para su correcto desempeño. No entiendo entonces por qué no se usa más la música como un elemento que exista de fondo en nuestras aulas cuando el alumnado esté realizando un determinado trabajo, ya sea de manera global o cada uno trabajando con sus propios auriculares. Si es algo que ocurre fuera de las aulas, ¿por qué no iba a ocurrir también dentro? Al fin y al cabo, nuestra función es educar para la vida y, como bien defiende Nietzsche, "la vida, sin música, sería un error". ¡Fomentémosla!


lunes, 17 de noviembre de 2014

"Porque lo digo yo"

¿Cuántas veces, a lo largo de nuestra carrera como estudiantes, hemos recibido esa respuesta cuando hemos querido conocer las razones por las que se desarrolla un determinado procedimiento o se desestiman otras posibles vías de llegar a la misma solución? ¿Cuántas veces incluso hemos recibido esa respuesta cuando queríamos saber los motivos por los que se tomaba una determinada decisión que nos afectaba de forma directa o indirecta sin que se nos explicara el porqué de la misma ni se nos consultara cual era nuestra opinión?

Se dice que la escuela debe ser un reflejo de la sociedad en la que vivimos y en la que preparamos a personas para que formen parte integra y activa de la misma, y en una sociedad supuestamente democrática (permítanme dudar de este hecho) no podemos desarrollar un modelo de escuela a la antigua usanza con figuras autoritarias que mandan y con un alumnado obligado a obedecer sin rechistar.


Si queremos que este alumnado realmente tome las riendas de su vida debemos enseñarle a ser partícipe y responsable de la misma desde un primer momento. No queremos formar personas cuya forma de entender las relaciones sociales sea la de imponer su criterio ante los demás, sino personas que tengan la capacidad de dialogar e intercambiar sus opiniones y sus ideas de la forma más asertiva posible y haciendo uso de un buen bagaje de habilidades sociales.

Estamos cansados ya de ver como desde la escuela se fomenta continuamente el individualismo y la competitividad sin medida. Me parece mucho más enriquecedor aprender a colaborar para conseguir un objetivo común, donde la posibilidad de alcanzar entre todos dicho fin sea lo que importe y no el hecho de querer destacar ante todos los demás. Una cosa es ser competentes y otra muy distinta es ser competitivos.

Esto no quiere decir que no pueda darse determinados tipos de competitividad controlada bajo un enfoque lúdico, como competiciones deportivas, certámenes o concursos de cualquier tipo, donde ante todo prime el hecho de participar y de disfrutar con la actividad.

Y entramos aquí en otra cuestión que me parece digna de destacar, pues para poder participar de forma plena debemos dotar a nuestro alumnado de voz y de voto, así como de las competencias necesarias para comprender y justificar cada una de sus decisiones, pues van a ser ellos quienes, el día de mañana, se enfrenten al mundo que hay más allá de las cuatro paredes de su casa o de la escuela, y es primordial saber valerse por uno mismo, en lugar de depender de lo que nos determinen los demás.

Por todo ello, la empatía me parece una característica fundamental a desarrollar en cualquier persona, pues esa capacidad para saber ponerte en la piel de tu interlocutor y comprender su forma de ver las cosas facilitan en gran medida que se establezcan unas relaciones interpersonales sanas y fuertes, otorgándole así al plano emocional el peso que se merece en Educación. 

Continuamente cometemos aquí el error de primar los resultados académicos (en valores numéricos, por supuesto) obviando todo lo que se esconde tras el proceso de aprendizaje. ¿Qué mérito puede tener que mi hijo o mi hija me traiga siempre buenísimas notas a casa si en realidad no está disfrutando lo que está aprendiendo? No cometamos el error de buscar hijos perfectos y preocupémonos más por tener hijos felices.

Como bien defiende el profesor Francisco Mora, "sólo se puede aprender aquello que se ama", es decir, aquello que realmente nos implica y que podemos hacer nuestro. Vale que todos nosotros, a lo largo de nuestra carrera académica, hemos almacenado grandes cantidades de conocimientos que no nos producían emoción alguna sólo para después poder desarrollarlos en un determinado examen, pero siento decir que eso no es aprender, eso sólo es memorizar, es decir, lo que se viene a conocer, según la profesora María Acaso, como "educación bulímica".

Igualmente, también defiende esta misma autora, en la misma línea de lo que venimos argumentando aquí, es que "no sólo hay que parecer democrático, sino que hay que serlo". Esto quiere decir que no se pueden predicar unos valores en el aula si luego no los evidenciamos ni los llevamos a la práctica con nuestro ejemplo, porque entonces se empieza a carecer de credibilidad alguna, y no podemos esperar que adquieran algo que, aunque les enseñamos, realmente no les transmitimos.


Sin ir más lejos, últimamente en nuestro país no hacemos más que presenciar situaciones donde los discursos no se corresponden lo más mínimo con los hechos de quienes lo predican, o donde la falta de empatía y de una comunicación asertiva ha provocado el alejamiento de las partes implicadas en lugar de dialogar para encontrar soluciones conjuntas y comunes. Parece que juzgar, prohibir y castigar siempre es más sencillo que tratar de acercarse, comprender y remediar. 

Triste me parece que queramos educar para la Democracia sin practicar la Democracia. Menos mal que todavía existimos quienes nos permitimos el lujo de soñar. Trabajemos por ello.

miércoles, 29 de octubre de 2014

Halloween y la Cultura de lo Audiovisual

Desde hace unos años, cada vez con más intensidad, vemos como todo a nuestro alrededor se tiñe de la característica tonalidad de esa nueva e importada festividad que es Halloween, a la cual no le faltan detractores en nuestro país.

Sin embargo, a pesar de ello, los escaparates se decoran con motivos típicos de esta celebración, se organizan diversas fiestas temáticas bajo el nombre de Halloween y hasta los niños se disfrazan para salir a la calle e ir a pedir golosinas. 

Parece ser que Halloween ha venido para quedarse, y eso lo podemos ver también en las diferentes actividades que realizamos en la escuela en torno a este centro de interés.

No es mi intención hacer de abogado del diablo en este sentido, pero, como bien podría referir María Acaso -a la cual recomiendo encarecidamente leer y escuchar-, nos encontramos ante otro ejemplo más del gran peso que tiene todo lo audiovisual en nuestra vida cotidiana.

Hagamos una sencilla prueba. Mirad la siguiente imagen y averiguad que guiño se está realizando en la misma:


Si lo habéis acertado a la primera y sin mucha dificultad es porque todos estamos inmersos en esa Cultura de lo Audiovisual a la cual veníamos haciendo referencia.

Sólo hay que fijarse bien para darse cuenta de que continuamente estamos consumiendo películas y series en las cuales la festividad de Halloween tiene un peso considerable, pasando así a formar parte de nuestra cultura popular, haciendo nuestro algo que en principio era ajeno.

Una vez llegado a este punto, la escuela no puede permanecer impasible a este acontecimiento, sino que debe salir de esa concepción estática del mundo como algo ya establecido y asumir el dinamismo en el que estamos inmersos para aprovechar cada nuevo estímulo como un recurso educativo más y hacer así que el aprendizaje sea lo más significativo posible.

Es más, podemos aprovechar también su temática para trabajar en el aula cuestiones como el miedo o los monstruos, que a veces tanto nos cuesta abordar, ya sea en casa o en la escuela, en cuyo caso recomiendo seguir el excelente trabajo que la profesora Maite Ordóñez está realizando con su alumnado de Educación Infantil.

Así pues, volviendo al tema principal de esta entrada, y a modo de cierre ya, podríamos decir que cada cual está en su pleno derecho de considerar Halloween como algo más o menos acorde a sus gustos e ideas, pero si una cosa está clara es que forma parte de la Cultura de lo Audiovisual que nos rodea, y... ¿no es acaso una de las funciones fundamentales de la escuela el dar respuesta al mundo que nos rodea?

lunes, 13 de octubre de 2014

Era de la Desinformación

Si hay una cosa que tenemos bien clara quienes abogamos por el cambio de modelo pedagógico imperante en la escuela en busca de una educación que fomente la autonomía de la persona y la creación de ciudadanos críticos y competentes, es que dicho cambio se hace cada día que pasa más apremiante, puesto que, en un mundo líquido donde las certezas tienen cada vez menos validez, se vuelve de imperiosa necesidad el estar formados y preparados para sobreponernos al descontrol creado por la actual Era de la (Des)Información.

El caso es que, aunque se trate de un tema cuya defensa vengo ya practicando desde hace tiempo, he querido hacer especial hincapié en él debido al reciente incidente sanitario que ha puesto patas arriba a todo un país y a gran parte del mundo en general. 

No obstante, no es mi intención entrar ahora en debates sobre lo sucedido ni realizar juicios de valor al respecto; simplemente se trata de analizar como, a partir de este suceso, se ha creado todo un revuelo de desinformaciones que nos han traído a todos de cabeza.

La cuestión es que, durante la última semana, hemos sido bombardeados, tanto a través de los diferentes medios de comunicación convencionales (televisión, radio, prensa) como mediante los distintos sistemas de mensajería de nuestros teléfonos móviles y nuestras redes sociales, con todo tipo de noticias, artículos, opiniones y reseñas sin descanso y sin cuartel durante todo el día, rompiendo incluso en muchos de los casos algunos códigos éticos que nos hace preguntarnos: ¿hasta dónde estamos dispuestos a llegar en este "todo vale" en el que estamos inmersos?

Así pues, visto lo visto, necesitamos poseer las herramientas y los procesos necesarios para gestionar tanto caudal de información que nos llega y nos desborda, porque si no corremos el riesgo de creernos todo aquello que escuchamos y que leemos, sin tan siquiera cuestionarnos su veracidad ni contrastar con otras fuentes.

Por ese motivo, no podemos seguir educando para un futuro estático tal y como se ha venido haciendo hasta la fecha, puesto que vivimos en un mundo que se encuentra en su fase más dinámica y nos enfrentamos a un futuro totalmente incierto, pues lo que hoy tiene validez, mañana no lo tiene, o viceversa. 

Llegados a este punto, nuestro objetivo como docentes debe ser trabajar para que las generaciones venideras sean capaces de, ante el continuo flujo de información que nos llega mediante tantas vías, buscar, seleccionar, analizar, indagar, investigar, contrastar, descartar y sintetizar la información para convertirla en conocimiento, un conocimiento propio, construido e interiorizado como parte de su proceso de aprendizaje crítico, activo y constructivo.

El escritor Javier Sierra, en su obra "El Maestro del Prado", señalaba lo siguiente:

"No te precipites. [...] Abre los ojos. Mira al mundo sin prejuicios. Acude siempre a las fuentes y decide después por ti mismo dónde está la verdad. Ésa es la grandeza del camino que te propongo".

Por lo tanto, no podemos seguir dándoles a nuestro alumnado la lección como un paquete cerrado de hechos inmutables. Ya saben que todo lo acontecido y todo lo descubierto en fechas pasadas lo tienen al alcance de su dedo en un sólo click. Lo que deben aprender es como tramitan y adquieren dichos hechos, como hacerlos suyos y como aplicarlos, siempre con ética y con respeto, pilares básicos de los cuales estamos dando tan mal ejemplo en la actualidad, cuando el peso del ejemplo en la educación es tan elevado.

En palabras de Jean Piaget:


En definitiva, se trata de educar a ciudadanos y ciudadanas preparados para afrontar la vida que el Siglo XXI les deparará, y eso no podemos hacerlo si seguimos anclados en metodologías ya obsoletas. Los caudales de información seguirán llegando sin parar, e incluso es probable que vayan en aumento sin ningún tipo de control, por lo que tener una buena formación y un buen sentido crítico serán nuestras principales bazas a la hora de afrontarlos y hacerlos nuestros. Preparemosles para ello. Hagamos de nuestros alumnos y alumnas unos hábiles surfistas capaces de cabalgar y dominar las olas de la desinformación.

jueves, 25 de septiembre de 2014

Educar en la Igualdad

Parece ser que el discurso que la actriz Emma Watson pronunció recientemente ante la ONU ha creado un gran revuelo, como si se tratara de un mensaje nuevo y rompedor. Sin embargo, la sorpresa debería ser el que aún nos sorprendamos de que haya que estar recordando la necesidad de poner en práctica real el principio de igualdad.

Y es que, por desgracia, las etiquetas siguen estando a la orden del día, con los estereotipos y prejuicios que eso conlleva. Al fin y al cabo, no se trata más que de una cuestión ideológica que perdura generación tras generación manteniendo vigente unos roles que se le acaban atribuyendo a uno u otro género, de manera consciente o inconsciente, y todo lo que se salga de ahí es, cuanto menos, cuestionado, por no decir ya juzgado o fruto del rechazo que supone cualquier intento de avanzar.

Los que en educación siempre buscamos nuevas formas de mejorar nuestra práctica docente y de innovar en nuestra profesión estamos ya más que acostumbrados a chocar contra el inmovilismo que existe en buena parte de nuestra sociedad. Sabemos de sobra que la escuela tiene una gran tarea que realizar en este sentido, pero existe alrededor de este aspecto todo un sistema de marketing publicitario que nos sigue haciendo creer que las niñas deben jugar con muñecas y los niños dedicarse al deporte, que las chicas deben adecuarse a unos cánones de medidas cada vez más preocupantes o que es poco varonil mostrar sensibilidad.

En este caso, no basta con centrar nuestra atención en aspectos lingüísticos que al final quedan en una mera formalidad o con tocar los temas de igualdad de género en clase como una cuestión eventual y transversal. Creo que estos aspectos como mejor se aprenden es viviendo el ejemplo cotidiano, no como algo que se deba enseñar, sino como algo que simplemente es. Y ya no sólo en lo referido en este ámbito concreto, sino referido a cualquier posible situación de discriminación por alguna u otra razón. No es necesario enseñar que somos iguales si antes no evidenciamos que somos diferentes, y esto sólo se consigue con el compromiso de toda la comunidad educativa. Por tanto, se trata de educar en la diversidad, haciendo ver que todos somos iguales y diferentes a la vez, sin generalizar ni clasificar por colectivos, sino respetando las individualidades de cada uno.

La cuestión es que, para que esto realmente tenga el efecto deseado, antes debemos creernos nosotros mismos aquello que queremos transmitir. Por eso mismo, es conveniente primero librarnos de todo sesgo ideológico mal planteado y entender el feminismo como lo que es, la lucha por la consideración de hombres y mujeres por igual, algo que, en mi humilde opinión, debería estar a estas alturas más que superado.

Así pues, cuidado con cualquier intento de evidenciar el feminismo como un movimiento que lo que busca es dar la vuelta a la tortilla, pues sería igualmente negativo, y no caer en el error de juzgar al todo por la parte cuando nos encontremos gente que entienda así dicha cuestión, cayendo en el grave error de generalizar.

Siempre habrá quienes entiendan mal la lucha por la igualdad, se trate dentro del ámbito que se trate, pero para ello no hay mejor arma a nuestro favor que la educación, una educación que fomente el dialogo, la asertividad, la empatía y el respeto como bases en el trato interpersonal.

Puede que el camino que aún nos queda por recorrer sea largo, pero con convencimiento y con nuestro ejemplo siempre podremos alcanzar un peldaño más, hasta que llegue el día en que no haga falta defender algo tan obvio como lo que hoy venimos desarrollando, hasta que llegue el día en que sólo haga falta hablar de personas, sin etiquetas, sin calificativos, sin prejuicios.

Así pues, antes de terminar, quiero dedicar esta entrada a mi buena amiga María Cabezos Petri, con la que tuve el gusto de debatir y reflexionar recientemente sobre este tema, y cuyo fruto de aquella enriquecedora conversación es este texto que acabo de compartir.