jueves, 29 de noviembre de 2018

"Face to Fake"

Hay últimamente un tema que cada vez empieza a preocuparme más por la notable influencia que ejerce sobre nosotros y por la rapidez con la que se puede llegar a extender. 

Cierto es que, como hemos señalado ya anteriormente en este blog, actualmente nos encontramos inmersos en un Mundo Digital que, si bien nos abre las puertas a multitud de conocimientos y de posibilidades, no deja de tener también un lado oscuro, el de la desinformación, que se presenta ante nosotros a menudo bajo el nombre de las bautizadas fake news.


Durante el pasado verano, se habló mucho de la propuesta de crear una asignatura en los centros de enseñanza secundaria de nuestro país para prevenir al alumnado ante la proliferación de este tipo de falsedades, cuyo mayor eco y repercusión se produce gracias a lo fácil que nos resulta compartirlas en redes sociales o en aplicaciones de mensajería, sin que a menudo nos paremos a cuestionar o a valorar lo verídico de dicha información. 

Sin embargo, no creo que sólo nuestros y nuestras jóvenes sean quienes deban estar prevenidos ante este tipo de prácticas, pues es algo que me encuentro a menudo día tras día tanto en mis redes como en conversaciones de personas adultas.

Quizás el gran poder que tienen la fake news es el de calar lo más hondo posible a través de nuestros prejuicios, nuestras ideas y nuestras emociones. Las fake news se cuelan en nuestra mente abriéndose paso a través de lo visceral, de removernos por dentro ofreciéndonos aquello que queremos leer u oír para confirmar así nuestras creencias o reafirmarnos en nuestros argumentos, en unos tiempos donde, lejos de haber avanzado, muchos y muchas siguen creyendo que todo lo que salga en las redes o los medios es, por ende, la verdad.

Tampoco se les puede culpar de ello deliberadamente, porque la mayoría no fueron educados para eso (o quizás, simplemente, no pudieron acceder a una educación), y también tienen que familiarizarse con todos estos nuevos avances tecnológicos para los que tal vez no estaban preparados, pero sí que se hace fundamental tomar medidas al respecto.


Es, por tanto, que no sólo creo necesario el que se trabaje en nuestros centros educativos la prevención ante la posverdad, sino que, además, hay que seguir insistiendo en que tenemos la gran responsabilidad de fomentar en nuestro alumnado el pensamiento crítico, el uso de un debate asertivo, o la construcción de la propia identidad y del propio ideario en torno a argumentos sólidos y veraces, y de valores como el respeto y la tolerancia.

En los tiempos que corren, se hace realmente necesario enseñar a nuestros alumnos a alumnas a contrastar toda la información que llegue a sus manos o a sus oídos, a no dejarse llevar por la inercia colectiva de alimentar o de extender el bulo, y a dudar de todo, incluso de lo que nosotras y nosotros mismos les podamos hacer llegar, cuestión por la cual como asignaturas como ética o filosofía cobran una importancia fundamental.


Además, hay que concienciar también sobre las dimensiones que tiene toda nuestra actividad en internet, sus consecuencias directas o indirectas y sobre un uso adecuado de las tecnologías de la información y de la comunicación, las TIC.

Es por ello que nosotros y nosotras, como personas adultas que somos, tenemos que empezar a educar no sólo con nuestra palabra, sino también con nuestro ejemplo, actuando de forma sensata y coherente en nuestras redes sociales y en nuestra vida diaria, siendo conscientes y responsables de los consecuentes que genera el que demos por hecho ciertos datos o hechos y participemos en su proliferación, pues no debemos olvidar que, con estas malas prácticas, estamos contribuyendo a distorsionar el verdadero conocimiento, ese que, en teoría, queremos que nuestros aprendices y/o descendientes alcancen. Además, y quizás aún más preocupante, alimentamos emociones tan negativas como el odio, el rechazo, el miedo, la frustración, la intolerancia o, incluso, la violencia.

Por lo tanto, cada nueva noticia falsa que compartamos, cada nueva información dudosa a la que demos divulgación, será otro ladrillo que, al igual que en la canción de Pink Floyd, añadiremos al muro, ese muro que, poco a poco, cada vez nos separa más y más.

Os dejo, para finalizar, un fragmento de la novela 1984, de George Orwell sobre el que gustaría que reflexionaseis. Quizás os parezca una exageración, pero es un poco hacía lo que camina, si no lo remediamos, nuestra vigente sociedad, hacia un malestar colectivo y manipulado que se provoca y se contagia de manera irremediable. En nuestra mano está el evitar esta distópica realidad:

"Lo horrible de los Dos Minutos de Odio no era el que cada uno tuviera que desempeñar allí un papel sino, al contrario, que era absolutamente imposible evitar la participación porque era uno arrastrado irremisiblemente. A los treinta segundo no hacía falta fingir. Un éxtasis de miedo y venganza, un deseo de matar, de torturar, de aplastar rostros con un martillo, parecían recorrer a todos los presentes como una corriente eléctrica convirtiéndole a uno, incluso contra su voluntad, en un loco gesticulador y vociferante. Y, sin embargo, la rabia que se sentía era una emoción abstracta e indirecta que podía aplicarse a uno u otro objeto como la llama de una lámpara de soldadura autógena".

lunes, 5 de noviembre de 2018

Primera Persona del Plural

Dice la filosofía Ubuntu que "yo soy porque nosotros somos, y dado que somos, entonces yo soy". 

Sin embargo, a menudo pasa que, en esta sociedad tan frenética e individualista, se genera una tendencia implícita a que nos olvidemos de casi toda esta frase y a que solamente nos quedemos en el "yo".


Es por ello que hoy vengo a poner de manifiesto la importancia de reinvidicar la primera persona del plural, tanto en la sociedad en general como, de manera más especifica, en nuestros entornos educativos en particular.

Es más que sabido que, desde los centros escolares, tenemos el deber de formar al alumnado no sólo para ser parte de esta sociedad, sino también para transformarla y mejorarla, y para ello tienen que comprender la importancia de sus actos y sus acciones, y la dimensión y consecuencias que éstas puedan llegar a alcanzar.

Sin embargo, eso no es algo que se aprenda mediante un algoritmo o método concreto, sino que va a depender de múltiples factores y de su propia experiencia vital, una experiencia sobre la que la escuela y las personas que la conformamos jugamos un papel esencial.

Si en la anterior entrada ya os hablaba de lo fundamental que resulta el sumar para restar y restar para sumar, en la presente quiero hacer especial hincapié en la imperiosa necesidad de escapar del clásico individualismo que durante tantos años ha marcado la función docente (mi aula, mi asignatura, mi tutoría, mi alumnado, mi clase...) para posicionarse en una perspectiva mucho más diversa y plural, una perspectiva donde ya no sólo hagamos equipo con los compañeros y las compañeras de ciclo, de departamento o de nivel, o donde no sólo seamos responsables de los chicos y chicas que asisten a nuestra clase, sino donde entendamos que un centro educativo funciona de verdad cuando las personas que lo conformamos, con nuestras semejanzas y nuestras diferencias, con nuestros roles y nuestras funciones, trabajamos al unísono colaborando en un clima de cordialidad, compañerismo y respeto mutuo. 

Cómo dice un proverbio africano, "para educar a un niño hace falta la tribu entera", pero ese educar no sólo se limita, como alguna vez hemos referido ya en este blog, al acto consciente de enseñar, sino que también lleva implícito todo el proceso de aprendizaje que se produce de manera inevitable en la convivencia diaria (aquello que se conoce como currículo oculto), y es por ello que nuestra actitud y nuestro buen ejemplo resultan esenciales en dicha tarea.

Además, el trabajar todos y todas a una no sólo va a influir en la buena atmósfera del centro, sino que además nos puede ayudar a unificar criterios, líneas de trabajo o cuestiones metodológicas que van a acompañar a los y las discentes a lo largo de toda su vida escolar, como, por ejemplo, el proceso de aprendizaje de la lectoescritura, o la forma de ejecutar las restas con llevadas, los análisis sintácticos, etc.

Y no sólo eso, sino que ante determinados casos más concretos, como puede ser ante la presencia de alumnado con necesidades educativas específicas, buscaremos unificar criterios y formas de proceder para que todos y todas ofrezcamos una respuesta común acorde a su necesidad y así evitar situaciones donde cada persona actúe según su propio parecer.

Y es que, queramos o no, como bien dice la filosofía Ubuntu que dio comienzo a este post, no existe un yo si no hay una primera persona del plural que lo haga posible.

Porque el ser humano es un ser social, porque vivimos y crecemos en comunidad, y porque, ni nuestras aulas pueden seguir estando cerradas y ajenas a lo que pasa en el resto del centro,  ni el centro puede permanecer aislado de su entorno y del contexto social donde puede incidir y sobre el que debe trabajar.


Sal de ti mismo.

Colabora.

Coopera.

Conecta.

Construye.

¡Seamos!



sábado, 20 de octubre de 2018

"Sumar para restar. Restar para sumar"

A menudo pasa que, en el imaginario común, se concibe el trabajo que se desarrolla en los centros escolares como una tarea sencilla que no requiere de mucha preparación personal. 

Sin embargo, esta concepción peca de no tener en cuenta que, al igual que pasa en nuestra sociedad, la escuela es un entorno complejo donde entran en juego múltiples factores y variables que no siempre sabemos ver, entender o gestionar.

Es por ello que me parece importante pararse a reflexionar sobre como, desde nuestro peculiar punto de vista, seamos alumnado, profesorado, equipo directivo, familia o personal laboral, podemos contribuir a mejorar el clima y el buen ambiente de trabajo en nuestros centros. 

Para eso, hay que tener en cuenta la paradójica frase que da título a esta entrada, pues de eso se trata, de sumar para restar, y de restar para sumar, de manera que ambos procesos reviertan en una mejora de nuestros contextos educativos y, por ende, de la calidad de nuestro trabajo y de la respuesta educativa que, mediante este, ofrecemos.

De este modo, si sumamos esfuerzos, si cooperamos desde la empatía y el respeto mutuo, si compartimos recursos o si prestamos nuestra ayuda desinteresada, por pequeña o grande que pueda ser, estaremos restando momentos de descoordinación, de frustración o de sentirse solo, perdido e incomprendido en el entorno escolar.

Por otro lado, si restamos problemas y rencillas personales, si restamos carga burocrática o nuestra propia rigidez, si desterramos erróneos y malos pensamientos o rumores sensacionalistas, si evitamos que nuestros prejuicios y nuestras "mochilas" puedan lastrar nuestro buen hacer o enturbiar el ambiente de trabajo, sumaríamos actitudes positivas y buena predisposición para ejercer de la manera más óptima posible nuestra labor y generaríamos espacios acogedores donde a todos y a todas nos guste asistir, compartir y participar. 

Después de todo, no deja de ser un proceso cíclico donde lo positivo que sumamos nos ayuda a restar, y esta misma resta es la que nos ayuda a seguir sumando, a seguir mejorando.

Al fin y al cabo, en eso debería consistir el proceso educativo, ¿no? En crear un ambiente de aprendizaje propicio para nuestro alumnado y, ¿por qué no? También para nosotros y nosotras como personas adultas que participamos en él y que tenemos la responsabilidad de hacerlo posible, así que no lo olvides, valora desde tu posición que puedes hacer para sumar, valorar que es lo que necesitas restar, y ponte manos a la obra.

Restemos inconvencientes.

Sumemos posibilidades.

Trabajemos todos y todas de manera conjunta por una Educación de calidad. 



miércoles, 26 de septiembre de 2018

"Abre tus aulas y echa a volar"

Este pasado fin de semana tuvo lugar la Escuela de Verano que organiza el colectivo Escuela Abierta, en Getafe; un evento que ya marca una fecha señalada al comienzo de cada nuevo curso escolar.

En esta ocasión, la temática que se abordó durante este encuentro educativo fue la de los cuidados en la escuela, un tema sobre el cual ya había escrito yo una vez en este blog a raíz de un evento similar celebrado en 2017 en Segovia de la mano de Conspiración Educativa, y me honra mucho saber que dicho texto al que di forma por aquel entonces ha tenido una gran acogida y repercusión durante el desarrollo de esta última jornada.


Quizás esto mismo haga pensar que, como es un tema sobre el cuál ya he reflexionado con anterioridad a través de esta plataforma, no tenga mucho más que aportar, y en parte no faltaría razón, pero me sigue pareciendo una cuestión de vital importancia a tener en cuenta en nuestra realidad escolar cuando los tiempos que corren nos imponen cada vez con más presión unos modelos frenéticos y totalmente deshumanizados.

Este hecho hace que, por poner el foco sobre, en mi opinión, un concepto erróneo de excelencia y sobre la competitividad y la productividad ante todo, se pierda de vista la importancia del bienestar social y personal. Tal y como se nos comunicaba durante el desarrollo del encuentro, "hay cuidados que descuidan", y creo que eso es lo que ocurre cuando, por querer cuidar ciertos aspectos a los que damos importancia en la sociedad actual, olvidamos atender aquello que realmente resulta importante y esencial.


En este sentido, parafrasenando también lo hablado durante el fin de semana, "hay que saber diferenciar entre los cuidados por compasión y los cuidados por equidad", es decir, salir de aquel concepto unidireccional y vertical por el que entendemos el hecho de cuidar y centrarnos en un plano más holístico e inclusivo, un plano donde todas y todos tengamos cabida, y que realmente atienda a la diversidad que nos es inherente en nuestra condición de seres humanos.

Y es que debemos dejar de entender la diversidad únicamente como sinónimo de necesidades educativas especiales, y comprender que abarca mucho más, que abarca múltiples maneras de ser, de sentir, de proceder, de aprender, de amar, etc. 

Es un hecho sobre el que se quiso poner especial hincapié durante el transcurso del fin de semana, pues aceptar que la diversidad es una característica básica y enriquecedora de nuestra sociedad es el primer paso para que todas y todos nos cuidemos en un marco de convivencia y de respeto mutuo.


Así pues, fue un placer poder compartir este espacio junto a mis compañeras del grupo de Atención a la Diversidad de Acción Educativa, junto a las cuales tomamos un papel activo formando equipo y destacando la importancia de los cuidados en el campo educativo que nos une bajo el paraguas de este paradigma que venimos defendiendo.

Se trata de un grupo de personas maravillosas con el que me siento ampliamente cuidado en la inmensidad de esta gran ciudad que tan bien te acoge pero que, a la vez, tan perdido te puede hacer sentir estar.

Después de todo, se trata de romper ese concepto de la persona docente (y no docente también) como una isla perdida y remota, que debe enfrentarse en solitario a los designios de un extenso, caprichoso y a veces peligroso mar.


Únete.

Cuídate.

Cuídales.

Forma archipiélagos.

Toma la llave.

Abre las cerraduras.

Rompe las barreras.

"Abre tus aulas y echa a volar"



viernes, 7 de septiembre de 2018

Mismo destino, nuevas sensaciones

Septiembre ya ha llegado y, tras un necesario periodo de descanso y desconexión en mi tierra natal, toca afrontar con ilusión y entusiasmo un nuevo curso escolar; un nuevo curso donde, tras algunos años de intentos fallidos de continuar en el colegio donde hubiera ejercido el curso anterior, repito en el mismo centro educativo de manera consecutiva, pues es el centro que ya me ha sido asignado como destino definitivo ahora que, después de haber afrontado el proceso opositor en varias ocasiones, por fin tengo mi plaza.

Eso hace que por fin pueda dar continuidad al trabajo comenzado el año anterior, algo que siempre he echado en falta desde que empecé a desarrollar mi labor docente como maestro interino en la Comunidad de Madrid, teniendo la sensación de que siempre dejaba a medias todo lo iniciado año tras año en cada nuevo destino en el que me tocaba estar.

Lo peor de todo esto, como ya he defendido en otras ocasiones, es que ello repercute, en muchos de los casos (salvo en algunas ocasiones en las que, por desgracia, se trata más de un alivio que de una perdida), en la calidad de la atención educativa que se les presta a los chicos y chicas que conforman nuestros centros, pues que tengan continuidad con sus personas de referencia significa que ya se parte de un entorno de confianza y de un conocimiento mutuo que ayuda mucho a que, tanto el trabajo a desarrollar como las relaciones personales que de esta interacción se generan, fluyan de una manera mucho más cercana y natural, partiendo todas las partes de una base previa. 

Es por ello que estoy realmente contento con poder seguir este año trabajando con parte del que fue mi grupo durante el curso anterior, y de disponer ya de un espacio propio acondicionado para ellos y para dar la bienvenida a los nuevos miembros que lo van a conformar.

Además, me parece una gran suerte poder seguir contando en mi equipo de trabajo profesional con algunas personas con las que ya he tenido el gusto de trabajar y colaborar de una manera muy eficaz, implicada y positiva, además de compartir centro con muchas otras personas con las que, aunque no trabaje directamente, me alegra mucho poder contar. 

En definitiva, espero que este nuevo año sea otra oportunidad para seguir creciendo, aprendiendo y mejorando, para seguir cumpliendo metas, alcanzando objetivos y para ofrecer a mi alumnado lo mejor de mi persona en todo momento en estrecha colaboración y cooperación con el resto de personas que conforman nuestro colegio y nuestra comunidad, contribuyendo con ello al buen clima de centro y poner así mi granito de arena para hacer que éste sea un lugar donde a todos y a todas nos guste estar. 

¡Feliz comienzo de curso a todas y a todos!

¡Y todo mi apoyo para quienes este año tenéis que volver a opositar!


jueves, 28 de junio de 2018

Junio agridulce

Si, según la película, noviembre es un mes dulce, yo digo que junio es un mes con sabor agridulce, pues es un mes donde se mezcla el agradable olor de las vacaciones de verano que ya se aproximan con amargas despedidas y con una necesaria dosis de autoevaluación.

Lo cierto es que, como decía un buen amigo y compañero de profesión con el que dialogaba sobre este tema, los que trabajamos en Educación tenemos muy marcados estos períodos lectivos con principio, desarrollo y final, los cuales se repiten cada nuevo año escolar, y que, en mi caso, siempre invitan a la reflexión.

Y es que, queramos o no, todo fluye constantemente, y todo se halla en continuo movimiento, y así, aquellos compañeros y compañeras que aún son interinos deben seguir despidiéndose de ti y del alumnado que habéis compartido, al igual que, aunque no seas tú quien se marche, habrá alumnos y alumnas que sí lo harán, dejando tanto compañeros y compañeras como alumnado su correspondiente huella de cariño y de nostalgia, pues todo lo vivido supone una experiencia vital más que debemos valorar. 

Durante todos estos años atrás, esas despedidas, por mi condición de maestro interino, solían ser cíclicas: año tras año se producía el mismo proceso de llegar, conocer, conectar y despedir. Sin embargo, ahora es distinto, o debería ser distinto, porque mi nueva condición de funcionario con destino definitivo en mi colegio actual me brinda la oportunidad de continuar ejerciendo la profesión que tanto aprecio en el mismo centro escolar, algo que hasta ahora no había ocurrido nunca y que me aporta cierta tranquilidad.

No obstante, este hecho no me exime ni de ese proceso de despedidas que os comentaba con anterioridad ni tampoco de hacer un necesario balance de como se ha desarrollado el presente curso y de como lo he sabido (o no) afrontar.

Ya el año pasado, sobre esta misma fecha, os hablaba de que "una gran responsabilidad conlleva un gran poder", y lo sigo manteniendo. Trabajar en Educación Especial es toda una gran responsabilidad, no tanto ya por la parte del tipo de alumnado al que buscaremos la mejor manera de dar una respuesta educativa (que también), sino además por el enfoque personal y humano que trabajar en estos contextos conlleva, como ya os conté en su día cuando os presentaba el desconocido mundo de la Educación Especial.

Y es que, cuando te implicas de lleno en cuerpo y alma en este trabajo, todo se vive con muchísima intensidad, y se alternan los momentos angustiosos con los momentos dignos de rememorar.

Saber valorar lo positivo y saber sobreponerse y aprender de la adversidad se convierte, en estos casos, en una destacada prioridad.

Lo que sí puedo afirmar con orgullo y convicción es que siempre he procurado aportar de mí todo lo mejor, lo cual no quita que aún así haya cosas que se puedan mejorar, pues nadie es perfecto, pero nos mueven las ganas y la vocación por hacer de cada día un día mejor, y agradezco enormemente el poder contar en este recorrido con personas maravillosas e implicadas en esta profesión. 

Lo importante ahora es desconectar y descansar a la espera de que llegue septiembre y veamos lo que el nuevo curso nos puede deparar. 

Otro año más para seguir aprendiendo.

Otro año más para seguir creciendo.

Otro año más para recordar.

¡Hasta septiembre!


sábado, 26 de mayo de 2018

"Fluir Fácil por la Forma, Fondear Fuerte en el Fondo"

El pasado sábado día 19 de mayo tuvo lugar el IV encuentro de Conspiración Educativa, un joven colectivo de personas altamente implicadas y comprometidas que se engloba dentro de los llamados Movimientos de Renovación Pedagógica (MRP) y en el que tengo la gran suerte de poder participar. 

En esta ocasión, nuestras compañeras Patri y Malú nos presentaron, tras amenizar el arranque del evento con una serie de divertidos pero críticos sketchs de corte educativo, su "Máquina de Desaprender", como forma de eliminar de nuestras cabezas y de nuestros contextos educativos aquellas creencias irracionales y aquellos pensamientos tóxicos que a menudo tenemos tan normalizados e interiorizados, para desterrar así posibles prejuicios y/o malas praxis a la hora de trabajar con la materia prima tan valiosa que cae en nuestras manos.

Lo cierto es que esto sólo fue el preámbulo del encuentro, pues si el año pasado el tema principal sobre el que giraba toda la jornada eran los cuidados en Educación, en este caso lo hacia en torno al Aprendizaje Basado en Proyectos (ABP), una metodología que, pese a que actualmente se nos presente como innovadora, ya estaba a la vanguardia hace un siglo.


Sin embargo, yo he preferido centrarme en esta presente entrada en el tema del desaprender, ya que considero que es pieza clave y fundamental en cualquier tipo de cambio educativo que nos queramos plantear, pues mucho se dice sobre los discentes y sobre las posibles formas de mejorar su proceso de aprender, pero poco se dice sobre las personas adultas que estamos con ellas y ellos y, que, en muchos de los casos, ya sea de manera consciente o inconsciente, viciamos este proceso y el desarrollo ya no sólo académico, sino también personal, del alumnado con el que debemos trabajar.

Es por ello que cualquier mejora educativa que se precie debe empezar por una profunda reflexión y un significativo cambio de actitud por parte de quienes debemos hacerlo artífice. En primer lugar, por motivos de efectividad metodológica, o lo que es lo mismo, porque ninguna nueva propuesta metodológica que se nos haga tiene sentido si no salimos de aquella idea tan nuestra de aplicar todo lo que cae en nuestras manos de manera dogmática en busca de la panacea educativa, sin realmente romper con todas aquellas creencias previas que comentábamos con anterioridad. Lo importante en este caso parte de un trabajo tanto personal como colectivo, el cual consiste en analizar, interiorizar y adaptar cualquier nueva propuesta a nuestra realidad, para poder transformarla desde dentro. Al fin y al cabo, no tiene sentido querer aplicar un método educativo que no nos creemos y sobre el que poco podemos esperar.

En segundo lugar, pero no por ello menos importante, por puro bienestar, tanto nuestro como de las personas que nos rodean, sean alumnado, compañeros y compañeras o parte de la comunidad. Porque no debemos olvidar que nuestro trabajo tiene un factor humano que lo hace, al mismo tiempo, tan natural como excepcional. Es por eso que, entre tanta carga curricular, tanta norma y tanto afán de autoridad, no debemos olvidar que, ante todo, somos personas, y como tal nos autodebemos y se nos debe respetar nuestra dignidad.  

Ya he hecho referencia a ello en alguna ocasión cuando he hablado del Maestro Espejo o de la diferencia entre Tiempo y Clima, y es que hay una parte de currículo oculto muy potente en todo contexto educativo de la que a menudo no somos conscientes, pero que tiene muchísimo mayor impacto en nuestros alumnos y alumnas que cualquier lección formal. Es por ello que abogo por una Educación centrada en las personas que de ella participan, pues no podemos educar para hacer mejor la sociedad si antes no hacemos de nuestros centros y entornos educativo unos contextos sanos y libres de actitudes tóxicas o negativas.


Ello implica, por un lado, romper con algunas viejas ideas y formas de proceder que venimos arrastrando generación tras generación basadas en el autoritarismo y en un formato magistral, para avanzar de forma paulatina hacia unos modelos más democráticos y pro-activos, y, por otro lado, entender que, aunque como personas que somos con diferentes ideas y criterios, podemos discrepar entre nosotras, pero no podemos llevar dichas discrepancias al terreno personal o permitir que nuestras diferencias interfieran en la calidad del servicio que debemos prestar y vayan en detrimento de nuestro alumnado o del ambiente del propio entorno escolar. 

Creo firmemente que, hasta que no comprendamos realmente cuán importante es la labor que tenemos entre manos en nuestros centros educativos, seguiremos cargando con esa mochila que tanto nos pesa y que a veces puede incluso hasta intoxicar. En este sentido, me parece fundamental garantizar que en nuestros centros educativos hayan profesionales que estén realmente comprometidos con la tarea de educar con la responsabilidad y el valor que esta tan importante misión conlleva, y no hablo sólo del colectivo docente, sino de cualquier otra persona que desarrolle su función laboral dentro de lo escolar. 

Después de todo, como nos recuerda el vídeo que os comparto a continuación, no debemos olvidar que cualquier cosa que queremos que nuestro alumnado aprenda, debemos aprenderla nosotros y nosotras primero, y no hablo tanto de contenidos curriculares como de actitudes y formas de actuar, que somos en todo caso ejemplo y modelo, que les impregnamos con nuestros actos más que con nuestra lección, que no podemos pedir silencio a gritos ni decirles de malas maneras que deben tratar bien a los demás. 


Estoy seguro de que me dejo muchos otros ejemplos en el tintero, pero espero que se entiendan con estos la idea que quiero reflejar.

Sé que a menudo es difícil mantenerse fuerte cuando los vientos adversos soplan con intensidad. En este caso, el gran Mario San Miguel, que suele amenizarnos el encuentro con su buena música y su infinita sabiduría y cordialidad, lo resume con la premisa que da nombre a este post: "Fluir Fácil por la Forma, Fondear Fuerte en el Fondo", o lo que es lo mismo, no olvidar que, pese a que tenemos que tener bien claras cuales son las ideas que sustentan nuestra forma de proceder y actuar al mismo tiempo que seguimos abiertos a nuevos aprendizajes y experiencias que nos ayuden a conocernos mejor y, por en consecuencia, mejorar, no debemos olvidar que tenemos que hacer todo lo posible por facilitar el buen desarrollo del trabajo que nos toque afrontar, propiciando un ambiente lo más constructivo y acogedor posible.

Después de todo, es bien sabido que cualquier persona va a rendir mucho mejor y va a contribuir a crear un mejor ambiente de trabajo cuando se siente a gusto consigo mismo y se siente a gusto en donde está.

Desaprendamos aquellos elementos que nos frenan y que no nos dejan avanzar. Reaprendamos a fluir de forma fácil. Reaprendamos a ser flexibles mientras reafirmamos nuestro sólido compromiso con la mejora de nuestra escuela y, por ente, de nuestra sociedad.