lunes, 25 de noviembre de 2013

Argumentos con fecha de caducidad

¿Cuántos de nosotros, a lo largo de nuestra escolaridad, hemos escuchado eso de que debemos estudiar mucho y esforzarnos para poder obtener un buen porvenir? ¿Cuántos somos los que seguimos usando esos mismos argumentos en nuestras aulas a pesar de haber comprobado la invalidez de los mismos ante la cruda realidad? ¿Por qué los seguimos usando entonces? Quizás porque no encontremos mejor argumento para seguir manteniendo el funcionamiento de una escuela que cada vez se aleja más de la sociedad para la cual debe preparar. Reinventarse o morir, es ahí la cuestión.

Manuel López y Mohamed Faitah en el desarrollo de su ponencia.
Este fin de semana han habido dos eventos a destacar. El primero de ellos fueron las Jornadas "Respetar es Educar" que cada año se celebran en nuestra ciudad de Ceuta bajo la organización de la FAMPA. Durante la ponencia del profesor Manuel López, en la cuál también colaboró Mohamed Faitah, se abordó, entre otros, el tema de la necesidad de reinventar la escuela, y que vamos a desarrollar, utilizando ideas tanto de la ponencia como de mi propia cosecha, a lo largo de la entrada que hoy nos ocupa.

El segundo evento es el haber entrado ya en la década de los treinta, un aspecto que no debería tener más relevancia que la de cumplir un año más, pero que me hace pensar mucho acerca de como se supone que debería encontrarme a estas alturas de mi vida según esos argumentos y esas promesas de futuro que se nos fueron inculcando durante nuestra etapa de estudiantes, y lo lejos que todo ello se halla de la realidad.

Así pues, de ambos eventos puede extraerse una conclusión común, que es la necesidad de romper con esa retahíla que, a pesar de haber sido útil en épocas pasadas, se encuentra totalmente desfasada en la actualidad.

Se habló durante la ponencia de la necesidad de educar en competencias, un tema que lleva tiempo dando de que hablar en la comunidad educativa pero que no termina de cuajar por el trabajo que nos cuesta salirnos de ese otro modelo anticuado que permanece aún vigente en la práctica docente. Y es que, como el mismo ponente nos decía, el saber caduca. Es por ello que debemos preparar a nuestro alumnado para ser capaces de desenvolverse ante el gran flujo de información que se mueve en nuestra sociedad.

También debemos romper con la imagen del docente como único poseedor del conocimiento y de la escuela como único agente educador. Seguir anclados en ese paradigma provoca que haya una importante brecha entre las necesidades de nuestro alumnado y la rigidez de la enseñanza tradicional.

Supongo que a todos nos ha pasado alguna vez que un determinado alumno o alumna nos ha preguntado "¿y esto para qué sirve?". Yo por ello cada vez que doy clase procuro que los contenidos que vayamos trabajando los vayamos construyendo nosotros mismos y buscar ejemplos prácticos en los que se pueda aplicar. En ocasiones esto se convierte en un arma de doble filo, porque nuestro alumnado se halla a veces tan acostumbrado a la enseñanza tradicional de "estudiar por estudiar para así aprobar y que el profesor le deje tranquilo" que les choca estos nuevos métodos y reclama volver a lo que se supone que es "lo normal en clase".

Sin embargo, si somos capaces de formar a nuestro alumnado en competencias, en crear ciudadanos preparados para afrontar cualquier situación que pueda surgir y les hacemos entender lo beneficioso de dominar dichas competencias, estaremos evitando que se creen nuevamente falsas expectativas que ya hoy día en nuestras aulas han perdido toda credibilidad al ver la situación que nos está tocando vivir.

Así pues, mientras las administraciones pertinentes no tomen medidas al respecto, en nuestras manos está el evitar que se produzca en España otra mal llamada generación perdida, pues, a fin de cuentas, no dejamos de ser una generación engañada, ya haya sido de forma consciente o inconsciente.

Para finalizar, os dejo una cita extraída de la ponencia anteriormente nombrada, y es que "El futuro no está en formar mano de obra, está en el capital cultural, en el potencial humano. Reinventemos la escuela".



viernes, 15 de noviembre de 2013

¿Café para todos?

Imagínese que va usted a una cafetería. Llega, se siente y pide la carta. Sin embargo, en esa cafetería le dicen que a todos los clientes sólo sirven café. Da igual que a usted no le guste, o que prefiera tomarse un chocolate caliente o un zumo de naranja, esas son las condiciones de la cafetería. Imagino que la primera opción que pasaría por su cabeza sería la de levantarse molesto e irse a otra parte donde puedan atender sus gustos con mayor acierto. Sin embargo, resulta que usted no puede marcharse de la cafetería hasta que no se haya tomado su café, que está obligado a permanecer allí y a consumir lo que el camarero le dice, ese camarero que le ha impuesto un producto sin posibilidad de elección por su parte.

Así pues, resignado, usted pide que el café sea con leche, pero resulta que el café se sirve solo para todos los clientes, que no se aceptan modificaciones ni diferentes formas de presentar el café. ¿Le parecería correcto el trato? ¿Cuál cree que sería su reacción al respecto? Pues pensemos ahora en nuestras escuelas, en nuestras aulas, cuando nos empeñamos en darle a todos nuestros alumnos y alumnas el mismo contenido de la misma manera, sin tener en cuenta sus singularidades personales.


Queda muy bonito en la teoría hablar de atender a la diversidad y de la enseñanza individualizada y personalizada, de hacer clases dinámicas e innovadoras que fomenten la participación y la motivación del alumnado. He visto a profesores y profesoras de las escuelas de magisterio defender la bondad de estas ideas pedagógicas reproduciendo un sistema de clase magistral alejado totalmente de lo que se está predicando, y luego nos sorprendemos de que en nuestros centros educativos se siga trabajando como en el siglo pasado, a pesar de los tiempos que corren y la cantidad de literatura especializada que hay al respecto. Quizás sea porque ponemos hincapié en el fondo, pero no en la forma. Lo que se viene a llamar una falta total de coherencia.

Cierto es que parece que estoy generalizando a la hora de exponer en mis argumentos, pero espero que se entienda que no es una cuestión de meter a todos en el mismo saco (sino, ahora sería yo el que que estuviera perdiendo la coherencia con el discurso que vengo desarrollando). Más bien podría decirse que es por llamar la atención sobre una cuestión de base que necesitamos resolver.

Siempre he denunciado la extendida existencia de docentes que se acomodan en sus puestos de trabajo, que cada año repiten la misma retahíla, ya sea ayudados del famoso libro de texto (en el mejor de los casos) o siendo esclavos del mismo. La sumisión a los contenidos por encima de todo nos hace olvidar a las personas que tenemos delante, y, volviendo a la metáfora anterior, ¿de qué nos vale que el niño se tome su café si lo hace con asco y de mala gana?


Al igual que la cafetería del ejemplo debería tener un menú preparado para todo tipo de clientes, la escuela debería estar preparada para atender a cualquier tipo de alumnado, huyendo de los oxidados conceptos de la norma y aceptando que vivimos en una sociedad diversa, plural y multicultural. Es tarea, por tanto, de nuestros centros educativos, la de preparar a nuestro alumnado para la sociedad en la que va a vivir, fomentando actitudes de respeto hacia aquellos aspectos que nos diferencia y que hacen que todos, al fin y al cabo, seamos semejantes. Después de todo, en la variedad está el gusto.


Os dejo, para finalizar, este pequeño cuento sobre la atención a la diversidad titulado "Por cuatro esquinitas de nada". ¡Que lo disfrutéis!




miércoles, 6 de noviembre de 2013

Que hablen

Hace poco que he comenzado de nuevo a impartir clases. Se trata de un curso de formación integral básica para persona en riesgo de exclusión social y laboral. Es una labor que he desempeñado ya con anterioridad en varias ocasiones, por lo que me siento curtido en la materia. No obstante, siempre tenemos que aspirar a mejorar lo presente y no conformarnos con repetir de forma mecanizada lo trabajado en el curso anterior, un error más que habitual en el día a día de nuestra profesión.

Es por ello que suelo permitirme el lujo de innovar en el aula (o al menos, de intentarlo), para poner en práctica todos aquellos fundamentos pedagógicos que en muchos de los casos no quedan más que en un puñado de buenas intenciones escritas sobre un papel.

Así pues, a principios de este curso, siguiendo al profesor Santos Guerra, invité a mi grupo-clase a reflexionar sobre lo que querían aprender en estos seis meses que vamos a compartir. Tras ello, configuramos en la pizarra una lista de temas, algunos más generales, otros más específicos, que eran de su interés. Procuramos, ante todo, que existiera un consenso de todo el grupo sobre los temas propuestos, comentar que nos parecían y tener claro que todos queremos trabajar en la misma línea.

Cierto es que yo de antemano tengo ya establecido un programa educativo que debo seguir, pero siento que es mucho más productivo procurar que el alumnado sea quien marque el ritmo de su propio aprendizaje, y lo más llamativo es que todo lo que ellos propusieron venía ya establecido en mi programa, e incluso había contenidos de más, a los que también daremos respuesta en clase, pues así ha sido determinado y no somos nadie para aniquilar el interés y la motivación de nuestro alumnado, aspecto del que luego es muy fácil quejarse pero que nos cuesta tanto fomentar.

Otro aspecto que tuvimos en cuenta para consensuar entre todos fue el establecimiento de unas normas de clase. Los propios alumnos establecieron cuales creían que debían ser dichas normas, las debatieron entre ellos y las plasmaron también por escrito. Mi tarea en este caso fue moderar y supervisar todo el proceso de manera activa, participando desde dentro como uno más. Al final, las normas aprobadas entre todos coincidían con las ya establecidas por el propio centro. La ventaja es que las hemos propuestos nosotros después de reflexionar sobre ello en lugar de sernos impuestas.

A veces pienso que nos cuesta mostrar ese trato de cercanía con nuestro alumnado de forma natural, que confundimos tontamente la imposición con el respeto, cuando el respeto hay que ganárselo, no imponerlo.

Por lo demás, procuro que todo aprendizaje sea colaborativo, y que esa colaboración surja de manera espontánea y natural, por el deseo del propio grupo-clase de que nadie se quede atrás. Respetar esa actitud me parece fundamental, porque aparte de que ya vimos con anterioridad cuando hablábamos de la dinámica de grupos interactivos las ventajas de la interacción entre iguales en el aula, creo que fomenta una serie de valores fundamentales entre el alumnado, lo cual en una sociedad cada vez más competitiva y deshumanizada me parece de vital importancia.

Así pues, sólo quería reseñar con esta nueva entrada la importancia que tiene la comunicación entre las personas que participamos en el proceso de enseñanza-aprendizaje, de que se dialogue, se hagan propuestas, se establezcas consensos y de que nos ayudemos los unos a los otros de cara un objetivo común: aprender.


martes, 15 de octubre de 2013

"El mejor maestro no es el que más sabe, sino el que mejor enseña".

Han pasado varios meses desde mi última entrada en este blog, meses en los que he estado desconectando de todo, aunque en realidad nunca haya dejado de reflexionar.

La cuestión es que este año he vuelto a enfrentarme a todo el proceso que suponen las oposiciones para el cuerpo de maestro, y aunque al principio parecía ir todo viento en popa, finalmente he terminado llevándome otro batacazo al respecto. Es entonces cuándo uno se plantea si realmente vale o no para esta profesión, si se debe seguir intentándolo o buscar una salida alternativa. Sin embargo, tras mucho pensar sobre ello, acabas dándote cuenta de que, mientras todo el sistema selectivo siga funcionando como funciona, difícilmente podrán evaluarse las capacidades docentes que los nuevos movimientos pedagógicos vienen defendiendo para una escuela 2.0 contextualizada en el Siglo XXI.

Antes de que nadie se eche las manos a la cabeza comenzaré a explicarme de manera más pormenorizada para que pueda entenderse la idea que les intento trasmitir:

Los nuevos paradigmas a los que se vienen haciendo referencia en la actualidad hacen alusión a la importancia de la construcción del propio aprendizaje en un entorno interactivo donde los conocimientos están al alcance de todos y lo único que necesitamos es poseer las estrategias necesarias para acceder a dicha información, discriminar la que nos es útil de la que no y utilizarla en nuestro beneficio. Es por ello absurdo mantener un sistema basado en la memorización y reproducción de un temario que luego quedará sujeto a la interpretación subjetiva de quien tenga que evaluarnos. Por dicho motivo considero mucho más fiable para medir la preparación docente la capacidad que tenga un aspirante de desarrollar un supuesto práctico (prueba que se ha vuelto a recuperar en esta última convocatoria) que la de estudiarse un determinado temario.

Este factor resulta mucho más alarmante cuando se exige al profesorado aspirante a las pruebas de oposición el estar en posesión de una serie de conocimientos generales que supuestamente todos deberíamos saber, aunque luego veamos a muchos de nuestros representantes políticos flaquear en este sentido, como es el caso del Ministro Soria y el Meridiano de Greenwich.

El caso es que si defendemos un modelo de escuela donde sea el alumnado el artífice de su propio aprendizaje en un contexto interactivo en el cual la figura del docente sea la de asesor y guía de ese mismo aprendizaje, evaluar esos supuestos conocimientos obligatorios generales es seguir anclado en un sistema educativo del siglo pasado.

Aprovecho aquí para hacer un inciso, ya que corro el riesgo de ser malinterpretado en esta última afirmación. No digo que no debamos tener una cultura general; de hecho, creo que trabajamos con la idea de generar una cultura general en nuestro alumnado, por lo que nosotros debemos haberla desarrollado con anterioridad. Lo único que vengo a decir es que superar ese tipo de examen que la Comunidad de Madrid establece como condición indispensable para acceder al cuerpo de maestros no te hace estar mejor preparado para desarrollar tu labor docente, y al final acaba convirtiéndose únicamente en una criba para eliminar a posibles aspirantes del proceso selectivo, sin ningún fin constructivo ni de mejora de la calidad educativa.

Por otro lado, está la segunda parte de la prueba, consistente en realizar una programación educativa y defenderla posteriormente ante un tribunal. En esta prueba creo que las capacidades docentes de una determinada persona podrán medirse con mayor exactitud que en el desarrollo de un tema escrito, pero seguimos cayendo en el error de no estar adaptados a las exigencias del alumnado y del contexto al que posteriormente nos hemos de enfrentar en nuestro día a día, y es que la forma de realizar la defensa oral de dicha programación está basada en un sistema de clase magistral, cuando hemos hablado previamente de la importancia del papel del docente como apoyo al aprendizaje del discente, lo que implica que continuamente haya un proceso comunicativo y de apoyo mutuo entre los mismos.

En plena era de la información y del conocimiento, seguir viendo al maestro o a la maestra como los únicos poseedores del conocimiento es ignorar la realidad en la que vivimos. Es por ello que prima más importancia la interacción con el alumnado en detrimento de la capacidad de oratoria. Así pues, un tribunal no puede saber con exactitud si estamos realmente preparado o no para desarrollar esta profesión si sólo se mide nuestra capacidad para mantener un discurso ininterrumpido que se evaluará de manera subjetiva.

Igualmente aclaro que cada tribunal es un mundo, y que ser miembro de tribunal no tiene que ser, ni mucho menos, una tarea sencilla ni agradable por la presión a la que se está sometido. Así pues, no está dirigida hacia los tribunales esta crítica, sino hacia un sistema que sufre una disincronía entre la formación que recibimos en las escuelas de magisterio, la filosofía de educación que se nos inculca, lo que se pide evaluar en estos procesos selectivos y la realidad a la que nos debemos enfrentar en nuestras aulas.

Es por ello que debemos encontrar una forma de paliar esta falta de coherencia educativa, primar aquellos modelos de exámenes que nos permitan poner en práctica lo aprendido y no tanto repetir de memoria lo estudiado, y con un modelo de prueba oral que resulte menos rígido, dando pie a que se pueda establecer un diálogo durante el mismo, marcando así su desarrollo y huyendo de esta manera de los incómodos monólogos ante un tribunal que se limita a observarte en silencio y a tomar notas en el mejor de los casos.

Todo ello sin hablar del sistema de baremación, capaz de dejar sin plaza a alguien que haya sacado un 10 en todo el proceso selectivo. Quizás aquí la opción más acertada fuera realizar dos tipos diferentes de bolsas de trabajo: una para el personal interino, es decir, una bolsa de promoción interna, y otra para nuevas incorporaciones, de manera que todo el mundo tuviera oportunidad de entrar sin que los de un lado tengan preferencia sobre los del otro.

Muchos podréis echarme en cara tras este duro discurso que, salvo este último párrafo, no aporto ninguna solución clara al respecto. Puede que tengáis razón en ello, pero creo que no me corresponde sólo a mí esa labor. Con esta entrada en ningún momento he pretendido realizar una ofensa, sino más bien invitar a una reflexión constructiva, para que la posible mejora del sistema sea fruto de todas las partes implicadas, ya que el tema de la educación nos afecta a todos.


viernes, 14 de junio de 2013

Paradigma del Sistema Educativo

Uno de los pilares en los que se basa el nuevo proyecto de ley educativa promulgada por el ministro Wert es la supuesta existencia de "asignaturas importantes" y "asignaturas que distraen". Esto se traduce en la supuesta necesidad de darle mayor peso a aquellas materias con un enfoque puramente académico en detrimento de aquellas otras materias con un componente más artístico o humanístico, pero igualmente necesarias para el desarrollo integral de cualquier ciudadano. 

El siguiente vídeo de la RSASir Ken Robinson, sin estar directamente contextualizado en la realidad educativa de nuestro país en la fecha actual, realiza un brillante análisis de toda esta situación de una manera amena y original, haciendo especial hincapié en la forma en que están concebidas nuestras escuelas y en la necesidad de fomentar el aprendizaje en grupo y el pensamiento divergente para dar respuesta a las necesidades reales y actuales de nuestro alumnado.


Como bien demuestra el estudio sobre el pensamiento divergente que se explica en el vídeo, es nuestro sistema académico el que poco a poco va matando la originalidad, la creatividad y la espontaneidad de los alumnos, a base de repetirles una y otra vez que sólo existe una manera correcta de hacer las cosas, de subordinarnos al libro de texto más que a sus propias expectativas de aprendizaje y a castigar a quienes se atrevan a contradecirlo o a ponerlo en evidencia.

Es curioso, porque luego les exigimos a los alumnos que nos razonen las respuestas, pero no les enseñamos a razonar. Se trata de un proceso de aprendizaje memorístico y repetitivo, cuya premisa es la de que, para dar una respuesta por buena, ésta debe ser similar a la que dicte el libro de texto o el docente de turno, aunque el año anterior se le hubiera planteado al alumno esa misma cuestión de una forma totalmente diferente. 


Al final, todo consiste en dar la respuesta que contente al profesor en cuestión, sin importar realmente si la hemos entendido o la hemos interiorizado y aceptado como tal. Y no osemos, por supuesto, poner en entredicho la veracidad de dicha respuesta.

Pondré un par de ejemplos al respecto de todo lo que os vengo diciendo, tanto en el campo de las letras como en el de las ciencias:

El primero de ellos, es referido al área de Lengua y Literatura, donde mi experiencia como alumno y más tarde como profesor particular de esa asignatura me avala, ya que, por mucho que pasen los años, siempre estarán los profesores que preferían que los análisis sintácticos se hagan con "llaves" y los que preferían que se hagan con "cajas". Es cierto que en preferencia no hay nada escrito, y cada cuál puede tener su propia opinión al respecto sobre que sistema le convence más, pero el problema radica en que se dan númerosos casos de que sólo se acepta como buenos aquellos análisis presentados de la manera que más nos convence, cuando ambos son dos formas diferentes de llegar a un mismo resultado. 

El otro ejemplo es referido a las Matemáticas y a las Ciencias en general, cuando se presenta en clase una determinada fórmula o algoritmo para resolver un tipo determinado de problemas o situaciones, sin ni siquiera explicar el por qué de ese proceso para una mejor comprensión de lo que estamos haciendo más allá de la mera repetición de un mecanismo dado sin más y que estamos obligados a memorizar sin entender.

Pasa a veces también, en este último campo, que un alumno encuentra una manera de resolver un problema diferente al proceso que nosotros hemos enseñado, y que en lugar de valorar su capacidad para razonarlo y llegar a su resolución por sus propios medios, acabamos por regañarle y obligarle a hacerlo igual que todos los demás, como si fuera la única manera válida.


Con estos ejemplos lo único que quiero poner en evidencia es que, para formar ciudadanos libres y críticos, debemos favorecer su capacidad de pensamiento para razonar, asimilar y comprender aquello que están aprendiendo, para que, de esta forma, lo que trabajen en la escuela les sea significativo.

Sin embargo, como bien dice el vídeo que vimos con anterioridad, "el problema radica en que intentamos enfrentarnos al futuro a base de hacer lo mismo que en el pasado", y más aún cuando lo que hasta ahora sólo era una mala práctica docente por desgracia bastante extendida se va a convertir en norma legal por la ineptitud de quien ostenta ahora mismo las competencias educativas de nuestro país.

La única esperanza que nos queda es la de aquellos docentes que realmente creen en todo lo que venimos defendiendo y se deben totalmente a su vocación, los cuales cada vez son más y más, y se van dejando notar después de tanto tiempo a la sombra de lo que se venía considerando "normal". 

Así pues, no se trata de diferenciar entre asignaturas importantes y asignaturas que distraen, sino de hacer de todo el proceso de enseñanza-aprendizaje una experiencia estética que englobe todos los campos para el desarrollo completo del ser humano y otorgue al discente la motivación necesaria para disfrutar con el día a día de lo que se viene trabajando en la escuela, en lugar de machacarle y anestesiarle con contenidos descontextualizados que acabamos estableciendo bien lejos de sus intereses, creando una ruptura muchas veces difícil de subsanar.

Para finalizar, quisiera también destacar la especial mención que hace el vídeo sobre la sobremedicación que se le da a aquellos niños que se distraen en el ámbito escolar, y la extremada facilidad y rápidez con la que llegamos a asignarles un trastorno por déficit de atención e hiperactividad, pero esta cuestión ya la trataremos más a fondo en una nueva entrada en el blog.



lunes, 3 de junio de 2013

Acciones Educativas de Éxito: Grupos Interactivos y Tertulias Literarias

Fue a principios del pasado mes de Diciembre cuando se celebraron en Ceuta la XII edición de las Jornadas "Respetar es Educar", organizadas por la Federación de Asociaciones de Madres y Padres de Alumnos (FAMPA).

Los ponentes de las Jornadas 'Respetar es Educar'
En ellas se trataron dos temas principales: Por un lado, Jesús Salido, Vicepresidente de CEAPA, acudió a la cita para realizar junto al resto de participantes un análisis crítico y exhaustivo de lo que era por entonces el anteproyecto de la LOMCE. Por el otro, pudimos disfrutar de una exposición denominada "Acciones Educativas de Éxito" de la mano de dos grandes docentes locales como son Rafael Falcón y Verónica Rivera.

Es en este último aspecto en el que quiero hacer especial hincapié en esta nueva entrada en el blog, pues no sólo tuve el placer de conocer en aquellas jornadas el trabajo que ambos docentes venían realizando en sus respectivos centros, sino que a raíz de eso he podido experimentar de primera mano dichas acciones educativas, participando en sus clases y enriqueciéndome a nivel personal y profesional de dicha experiencia, y es lo que me gustaría compartir con ustedes en esta ocasión.

Las claves para dichas acciones educativas de éxito pasa por dos premisas fundamentales: los agrupamientos heterogéneos y la participación en el aula de las familias y la comunidad educativa en general.

En lo que respecta a los agrupamientos heterogéneos podemos decir que se basa en el principio de tomar la diversidad existente en el aula, fruto de la diversidad existente en una sociedad cada vez más dinámica y plural, como un punto de inflexión a favor del desarrollo del conocimiento y el aprendizaje, es decir, una fuente natural de riqueza cultural que nos beneficia a la hora de formar en nuestros centros educativos ciudadanos completos y preparados para incorporarse de manera activa a la sociedad que les espera más allá de nuestras paredes.

Padre colaborando en el aula.
Por otro lado, con estas prácticas educativas, hacemos realidad una continua quimera de la educación: la implicación de las familias en el trabajo desarrollado en la escuela. Desde siempre ha existido entre ambos contextos, por regla general, un continuo tira y afloja que en muchas de las ocasiones ha dificultado la existencia de una relación más fluida y continuada entre el trabajo desarrollado en el aula y la vida en familia del alumnado. Sin embargo, con esta metodología las familias cobran un papel de vital importancia en la educación de sus hijos, entrando a formar parte del trabajo diario del aula, siendo testigos del desarrollo de su profesión por parte del docente y de la evolución de sus hijos y del resto de sus compañeros, creando unos lazos de unión fuertes y estables que facilitarán mucho la colaboración entre toda la comunidad educativa, favoreciendo el trabajo en equipo con un objetivo común: la educación de nuestro alumnado.

Ambas premisas se concretarán posteriormente en dos tipos de actividades principales: Los Grupos Interactivos y Las Tertulias Literarias. 

Compañeras colaborando en el desarrollo de las actividades.

Los Grupos Interactivos es la prueba evidente de que, para aprender, estar todos callados en clase con la vista al frente clavada en la pizarra y oyendo las explicaciones del docente no es la opción más acertada. Esta metodología apuesta, como su propio nombre indica, por la interacción entre los discentes, de manera que puedan apoyarse mutuamente en la consecución de la tarea: cooperación frente a competitividad.

Esto se hará a través de distintos grupos heterogéneos, que irán rotando cada periodo de tiempo establecido (normalmente unos 10 o 15 minutos) por las diferentes mesas en las que dividiremos el aula, habiendo en cada una de estas mesas una actividad diferente, así como un adulto distinto que se encargará de coordinar el trabajo de dicha mesa.

No es necesario que la persona adulta que se encargue de cada mesa tenga que saber más de los alumnos. Lo importante es la implicación de las familias en la educación de sus hijos, y que puedan interactuar en el aula, fortaleciendo las relaciones entre familias y escuela y fomentando el aprendizaje activo, frente al modelo pasivo tradicional que aún hoy día venimos repitiendo por defecto.

Desarrollo de una dinámica de Grupos Interactivos.
El docente, en ese caso, se encargará de dar las premisas previas tanto a los adultos colaboradores como a su alumnado de las actividades a desarrollar, y coordinará el aula para que todo funcione correctamente, ofreciendo los apoyos oportunos siempre que se le requiera.

La primera vez que tuve la ocasión de experimentar esta metodología en clase fue en el Colegio Público de Educacion Infantil y Primeria Santa Amelia, en Ceuta, de la mano de Rafael Falcón, tutor de una clase de 4º de Primaria, y cabe decir que fue una experiencia realmente gratificante.

Como detalle importante, al terminar la actividad, se dedica un tiempo donde todos los participantes, bajo la moderación del docente, comparten impresiones sobre el desarrollo de la misma.

Posteriormente tuve el placer de conocer el funcionamiento de Los Grupos Interactivos a nivel de Educación Secundaria en el Instituto Puertas del Campo, en Ceuta tambien, y esta vez de la mano de Verónica Rivera, profesora de Lengua Castellana y Literatura en dicho centro.

En esta ocasión decir que, al tratarse de Educación Secundaria, los tiempos para realizar este tipo de actividades son más breves, pero eso no impide que pueda realizarse con satisfacción, pues la colaboración de todos los agentes implicados es realmente destacable, siendo un aspecto fundamental para el desarrollo de la esta dinámica.

Es este último centro, junto a Verónica Rivera, donde más veces he tenido el placer de participar de esa dinámica de clase, convirtiéndome en un voluntario habitual, así como de tomar contacto también con la otra actividad que veníamos comentando: Las Tertulias Literarias.


Desarrollo de una Tertulia Literaria con la colaboración de José Luis Pazos.

En este caso la actividad se desarrolla con toda la clase sentada en círculo para realizar la lectura común de un texto, ya sea de carácter literario, periodístico o incluso legislativo, como fue el caso de la lectura de la LOMCE por parte del alumnado para su posterior reflexión y debate en el aula, siempre respetando los turnos de palabra. En este caso, las familias también tienen sitio para participar en las tertulias si así lo quisieran.

Podríamos decir que se trata de una dinámica donde, aparte de trabajar la lectura, se trabajan muchos otros aspectos que a veces olvidamos en detrimento de lo puramente académico, como es la formación de mentes pensantes y críticas, capaces de acceder a la información que se mueve a su alrededor, procesarla, analizarla y construir sus propios pensamientos a raíz de ello.

Al fin y al cabo, la educación debe consistir en eso, en crear ciudadanos libres y responsables, capaces de convivir en sociedad y desarrollar una vida lo más plena y completa posible.

Las TIC también tienen sitio en este tipo de metodología.

Después de todo, con este tipo de metodología no sólo se consigue que los alumnos accedan a los aprendizaje, sino que fomentamos entre ellos la motivación por el mismo y les hacemos sentir más productivos y satisfechos con el trabajo que vienen realizando en el aula, y todo ello dentro del marco de las competencias educativas que forman parte de la formación integral de cualquier persona.

Es por ello que, cuando se les denomina "acciones de éxito en educación", no se trata de un puro capricho, sino porque queda más que demostrado, tanto en estudios realizados como en la propia práctica diaria en el aula, que funcionan y que no sólo generan aprendizajes, sino entusiasmo por el mismo, sin lo cual alcanzar lo primero resultaría mucho más dificultoso.

Así pues, para finalizar, quiero dar las gracias a Rafael Falcón y sobre todo a Verónica Rivera por haberme permitido participar en sus clases y aprender de sus innovadores y efectivos métodos de enseñanza, lo cuál ha sido todo un placer y una gran experiencia realmente enriquecedora que recomiendo poner en práctica en cualquier aula, sin tener en cuenta aquellas voces detractoras que suelen jugar en contra de los que intentamos innovar en educación.

No hay mayor peligro para un "docente isla" que un mar de tiburones.

martes, 14 de mayo de 2013

Volar sin alas




Hace un par de días me topé con esta viñeta navegando por la red, y me llamó sobremanera la atención, debido a que en una sola imagen era capaz de verse con tanta claridad, mediante una sencilla  analogía, una idea que se viene ya de largo tiempo defendiendo.

La cuestión es que se ha repetido ya, por activa y por pasiva, hasta la saciedad, la idea de que sin inversión no puede haber crecimiento. No hace falta ser un gran entendido en economía para captar y comprender la correlación positiva que existe entre ambos factores. Sin embargo, la realidad en la que vive nuestro país es más bien diferente, y es que se pretende alcanzar el crecimiento económico recortando dicha inversión, lo cual va en detrimento del objetivo que se supone querer alcanzar.

En este caso, siguiendo la situación reflejada en la viñeta, es la educación, representada en el ala que se extrae al avión, la que sufre ese brutal recorte, y es sin ese ala que se pretende hacer que el avión  que representa al país vuele con total normalidad. Es, por tanto, de cajón, deducir que, por muy bien que funcionen los motores de la banca, el avión no tendrá estabilidad ni posibilidad de realizar un vuelo que le lleve hasta el destino del crecimiento deseado.

Es más, hagamos un ejercicio de imaginación y pongamos que vemos el otro lateral del avión, al que también le están retirando el ala. Pongamos, en este caso, que el ala representa a la inversión en investigación, desarrollo e innovación, el otro pilar fundamental para desarrollar crecimiento y progreso en un país, y que ese ala se retira para reforzar el motor que abarcar la Iglesia y las oligarquías políticas.

No se trata, ni mucho menos, de ideologías encasilladas, sino de una realidad palpable en nuestro país que necesitamos subsanar si realmente queremos hacer de España un país competente, con personas realmente preparadas y cualificadas que encuentren la oportunidad de desarrollar su vocación dentro de nuestras fronteras, y no se vean obligados a sufrir esa "movilidad exterior" hacia países que realmente sepan valorar ese potencial talento que sólo precisa de una buena oportunidad para poder desarrollarse satisfactoriamente.

Sin necesidad de ir más lejos, tenemos actualmente como noticia destacada el caso del joven español Diego Martínez Santos, que actualmente trabaja en el Instituto de Física de Partículas de Holanda y ha sido considerado por la Sociedad Europea de Física como el mejor físico de todo el continente al tiempo que en España le deniegan formar parte del Programa Ramón y Cajal, el cuál se supone que pretende traer de vuelta a nuestro país a investigadores de alto nivel. 

Es, cuanto menos, paradójico, a la vez que mejor el ejemplo que nos deja la cruda realidad para que veamos como valora España a sus grandes talentos. Serán entonces esos otros países capaces de ofrecer una respuesta adaptada a estas jóvenes mentes los que se beneficien de sus frutos y sigan haciendo crecer con ello su economía y sus progreso.

En España, o cambiamos la mentalidad de que la inversión en educación y en investigación, desarrollo e innovación no suponen más que un gasto que debemos eliminar y empezamos a verlo como una inversión capaz de abrirnos las puertas al tan ansiado crecimiento, o seguiremos cayendo en picado, sumidos en la dolorosa espiral de los recortes y la deuda. 


Invertir en educación significa invertir en progreso, e invertir en progreso es invertir en futuro, nuestro futuro: el de todos.