Ya viene siendo costumbre que hoy, Día del Libro, publique alguna entrada relacionada con esta temática. En esta ocasión quiero compartir con vosotros una reflexión que, si bien mantiene la misma línea discursiva de sus predecesoras*, se diferencia en que, en este caso, quiero hacer especial hincapié en lo que hemos denominado "Los otros libros".
Bajo este concepto quiero englobar todos aquellos elementos que, sin ser necesariamente libros de lectura, ayudan a fomentar el hábito lector del alumnado desde una perspectiva mucho más motivadora y cercana, e incluso a veces imperceptible tanto para nosotros como para ellos mismos.
Tanto es así, que la idea de escribir esta entrada me ha venido a raíz de una conversación con un alumno bastante aficionado al anime, término que engloba todo el conjunto de series y películas de animación japonesa. Este alumno me dijo que no se había dado cuenta hasta ahora de todo lo que leía diariamente viendo estas series de animación que tanto le gustan, puesto que la mayoría no suelen estar dobladas al castellano, por lo que la única opción viable que queda es la de los subtítulos. Al fin y al cabo, el propio chaval había desarrollado hábitos de velocidad y de comprensión lectora a raíz de un estímulo que era de su agrado y de su libre elección, pues no le quedaba otro remedio si quería poder seguir la trama y comprender los textos al mismo tiempo que su atención tenía que estar dividida entre estos y la propia animación.
No quiero decir con ello que ahora dejemos los libros a un lado y empecemos a dedicar nuestro trabajo en clase únicamente a reproducir series anime. Más bien quiero decir que la lectura debe nacer de un interés, de una necesidad, y que esto dependerá de cada persona y de los gustos que ésta tenga.
Así pues, he presentado el ejemplo de este chico por ser parte de mi experiencia directa y reciente, pero también he podido comprobar todo el desarrollo lector que se produce además en otros elementos como es el amplio mundo de los videojuegos, que tanta fama injusta han ganado y a los que próximamente les dedicaré su propia entrada, pues es una idea que lleva ya tiempo rondándome por la cabeza.
Lo que vengo a reflejar con todo esto es que hay lecturas interesantes más allá de los propios libros, y que también hay aprendizaje más allá de todo lo que consideramos como exclusivo de la educación.
Muchas veces nos empeñamos una y otra vez en hacer que nuestro alumnado se acerque a la lectura y desarrolle el gusto por la misma a través de grandes clásicos literarios que no dejan de ser importantes obras que se deben conocer, pero que se distancian mucho de las inquietudes de dicho alumnado.
Y es que no se puede construir la casa por el tejado. El acercamiento a la lectura debe partir de una respuesta a los intereses y curiosidades de cada niño y de cada niña, así como partir de su entorno cercano y de sus propias experiencias, comenzando desde pequeños a través de la propia manipulación de los libros hasta que se hagan mayores y puedan sumergirse de lleno en todas las fantásticas historias que en éstos puedan encontrar. Es el aprendizaje significativo asociado al proceso lector.
Cada libro, cada obra, tiene su momento en la vida de cada uno de nosotros. Algunos nos dirán mucho, otros no nos dirán nada en absoluto e incluso a veces nos provocarán rechazo, y habrá otros tantos que pasaran sin pena ni gloria o que jamás llegaremos a conocer. Porque elegimos nuestras lecturas en función de nuestras prioridades y de nuestra forma de entender la vida, en función de lo que nos agrada y en función de lo que nos aporta, y este abanico de posibilidades debe quedar abierto más allá de los propios libros, dejando que sean ellos y ellas quienes adquieran hábitos de libertad de elección de sus lecturas, siempre con la guía y el asesoramiento de familias y profesionales de la educación.
En esta línea, me parece fundamental fomentar el uso del cómic como recursos didáctico y darle la importancia que se merece dentro del género literario. Pasamos de los libros llenos de ilustraciones y pequeños textos a las páginas llenas de letras sin apenas imágenes. El cambio es brusco y considerable, y podría paliarse perfectamente con la utilización de éste medio, además de ser un elemento bastante atractivo y motivador.
Por último, no podemos cerrar esta reflexión sin hacer referencia a todo lo que han contribuido las Tecnologías de la Información y de la Comunicación a que seamos unos activos lectores de mensajes breves pero con grandes significados que se ajustan al ritmo de vida acelerado que solemos llevar. En éste sentido conviene también entrenar a nuestro alumnado en el buen uso de estos medios para que les saquen el máximo rendimiento a través de una lectura que sea crítica y que fomente su toma de contacto con el mundo que le rodea, al tiempo que aprende a expresarse con propiedad, corrección y coherencia.
Porque leer nos ayuda a crecer y a madurar, nos ayuda a vernos reflejados en las historias que caen en nuestras manos y a reflexionar sobre ellas y sobre las ideas que se exponen, y nos ayuda a desarrollar nuestra propia personalidad y nuestra forma de entender la vida, siendo éste un proceso dinámico y muchas veces sujeto a las diferentes etapas que podamos atravesar.
Después de todo, cualquier aprendizaje que queramos abordar gira en torno al proceso lector, y a raíz de éste podemos generar un considerable número de nuevos aprendizajes, ya sea de forma directa o de manera globalizada y transversal, creando así redes de pensamiento y abriendo su mente a nuevos campos del saber y nuevos aprendizajes.
Porque no se trata de imponer la lectura y las enseñanzas, sino de despertar el deseo de leer y de aprender.
*(Si quieren acceder a las anteriores entradas de mi blog referente a está temática pueden hacerlo pinchando los siguientes enlaces: "Menos leer el Quijote y más fomentar la pasión por la lectura", "Por el placer de leer" y "Leer para sentir, sentir para crear")
jueves, 23 de abril de 2015
jueves, 9 de abril de 2015
Aprendiendo a conducir
Hola a todos, me llamo Jesús y tengo 11 años de carnet, pero no ha sido hasta este año 2014-2015 que me he dado cuenta de que estoy aprendiendo a conducir. Sí, como lo leen, estoy aprendiendo conducir 11 después de haber obtenido el carnet y después de 11 años manejando mi turismo.
Quizás sea porque, hasta la fecha, la mayor parte del tiempo me he limitado a mover mi vehículo por mi pequeña ciudad natal, Ceuta, lo cual produce un acomodamiento fácil y rápido, al saberte ya de antemano las diferentes calles y los distintos caminos para llegar a cualquier posible destino.
Sin embargo, este curso escolar se ha producido un cambio importante, y es que el traslado de mi ciudad de residencia hasta la periferia de la propia capital ha hecho que deba poner en marcha nuevos mecanismos para hacer frente al cambio, y cierto es que al principio este proceso se me hizo todo un mundo, pues sentía que me venía grande o que me faltaba capacidad de percepción para asimilar todos los estímulos que se me presentaban a un nivel que no era al que yo estaba acostumbrado.
Llegados a este punto, había dos opciones: o rendirme y limitarme a manejar mi vehículo en mi zona de confort o armarme de valor y esforzarme por superar dicho cambio. Evidentemente, me decanté sin dudarlo por la segunda opción, pero ello no quitaba que pudiera invadirme el miedo o la inseguridad. Al fin y al cabo, somos humanos.
Puede que todo esto que te estoy contando nada tenga que ver con la Educación... o puede que sí. El hecho es que uno aprende que es necesario reaprender constantemente para adaptarse a las diferentes situaciones que nos puedan surgir a lo largo de la vida.
El caso que aquí os presento, basándome en una vivencia personal, no es más que un símil que estoy utilizando a modo de hilo conductor para evidenciar lo evidente (valga la redundancia): aprobar un examen no es sinónimo de aprender.
Y ojo, antes de continuar, quiero hacer un inciso, vaya a ser que alguien me acuse de que estoy defendiendo el poder conducir cualquier vehículo sin necesidad de carnet. Nada más lejos de la realidad, pero más vale ser previsor, pues a veces ocurre que, cuando uno quiere señalar el cielo, hay quien pone su atención en el dedo.
Por supuesto que para manejar un vehículo se necesitan una serie de saberes que han de adquirirse, que van desde el conocimiento de las normas de circulación y el respeto a las mismas hasta el óptimo manejo de la propia máquina que es el mismo vehículo y los elementos básicos que conforman su mecánica.
Pero dichos aprendizajes no dejan de producirse porque ya tengamos un carnet. Es la experiencia directa con nuestro vehículo y con las diferentes situaciones que podamos encontrarnos en los diferentes contextos donde lo vayamos usar lo que van a conformar nuestro saber, un saber conjunto y global, donde no sólo entran en juego los conceptos y los procedimientos, sino también las actitudes que tengamos al volante.
Es por ello que no podemos limitar los aprendizajes que realizamos en la escuela al propio contexto escolar, ni tampoco limitarnos a lo que ponga un determinado libro de texto - o "libro detesto" -, sino que fomentar un aprendizaje activo y autogestionado, propiciando situaciones reales o simulacros de las mismas, donde sea necesario readaptar lo que ya sabemos a la realidad y hacer uso de los diferentes recursos a nuestro alcance y de los diferentes procedimientos que conozcamos, hará que desde pequeño vayamos adquiriendo esa capacidad de reaprender, tan necesaria hoy en día en un mundo cada vez más líquido y cambiante.
Sin embargo, para ello antes debemos vencer nuestra propia resistencia al cambio y atrevernos a conducir por carreteras a las que nunca jamás nos habíamos enfrentado o de las que desconocíamos su existencia. Quizás os pase lo que a mí, que en un principio uno siente que le viene grande el nuevo camino emprendido, pero nada se gana quedándose parado mientras todo lo que nos rodea tiende constantemente a avanzar.
Es muy fácil conducir si siempre nos movemos por el mismo camino, pero el saber no es absoluto, sino que se halla sometido a continuo cambio, y por este motivo tenemos que atender a las diferentes señales que nos indiquen si nuestro viaje emprendido va o no por el camino deseado, para realizar sobre la marcha los cambios de velocidad o de sentido que sean necesario.
En nuestra mano está marcar la diferencia entre, simplemente manejar un vehículo o, por el contrario, hacerlo rodar hacia nuevos horizontes.
Yo ya ando embarcado en ese camino, aunque aún me quede mucha carretera por recorrer, pero no se trata de llegar rápido, sino de llegar lejos, y de disfrutar de nuestro viaje y de las experiencias y aprendizaje que este nos pueda ofrecer.
Es por todo ello que nuestra función en las escuelas no puede limitarse a recitar un tutorial. Debemos ser el motor que tire de la motivación nuestro alumnado, el combustible que les haga ser pro-activos y el asistente de navegación que les guíe y les oriente en este amplio e infinito proceso que es el saber.
Quizás sea porque, hasta la fecha, la mayor parte del tiempo me he limitado a mover mi vehículo por mi pequeña ciudad natal, Ceuta, lo cual produce un acomodamiento fácil y rápido, al saberte ya de antemano las diferentes calles y los distintos caminos para llegar a cualquier posible destino.
Sin embargo, este curso escolar se ha producido un cambio importante, y es que el traslado de mi ciudad de residencia hasta la periferia de la propia capital ha hecho que deba poner en marcha nuevos mecanismos para hacer frente al cambio, y cierto es que al principio este proceso se me hizo todo un mundo, pues sentía que me venía grande o que me faltaba capacidad de percepción para asimilar todos los estímulos que se me presentaban a un nivel que no era al que yo estaba acostumbrado.
Llegados a este punto, había dos opciones: o rendirme y limitarme a manejar mi vehículo en mi zona de confort o armarme de valor y esforzarme por superar dicho cambio. Evidentemente, me decanté sin dudarlo por la segunda opción, pero ello no quitaba que pudiera invadirme el miedo o la inseguridad. Al fin y al cabo, somos humanos.
Puede que todo esto que te estoy contando nada tenga que ver con la Educación... o puede que sí. El hecho es que uno aprende que es necesario reaprender constantemente para adaptarse a las diferentes situaciones que nos puedan surgir a lo largo de la vida.
El caso que aquí os presento, basándome en una vivencia personal, no es más que un símil que estoy utilizando a modo de hilo conductor para evidenciar lo evidente (valga la redundancia): aprobar un examen no es sinónimo de aprender.
Y ojo, antes de continuar, quiero hacer un inciso, vaya a ser que alguien me acuse de que estoy defendiendo el poder conducir cualquier vehículo sin necesidad de carnet. Nada más lejos de la realidad, pero más vale ser previsor, pues a veces ocurre que, cuando uno quiere señalar el cielo, hay quien pone su atención en el dedo.
Por supuesto que para manejar un vehículo se necesitan una serie de saberes que han de adquirirse, que van desde el conocimiento de las normas de circulación y el respeto a las mismas hasta el óptimo manejo de la propia máquina que es el mismo vehículo y los elementos básicos que conforman su mecánica.
Pero dichos aprendizajes no dejan de producirse porque ya tengamos un carnet. Es la experiencia directa con nuestro vehículo y con las diferentes situaciones que podamos encontrarnos en los diferentes contextos donde lo vayamos usar lo que van a conformar nuestro saber, un saber conjunto y global, donde no sólo entran en juego los conceptos y los procedimientos, sino también las actitudes que tengamos al volante.
Es por ello que no podemos limitar los aprendizajes que realizamos en la escuela al propio contexto escolar, ni tampoco limitarnos a lo que ponga un determinado libro de texto - o "libro detesto" -, sino que fomentar un aprendizaje activo y autogestionado, propiciando situaciones reales o simulacros de las mismas, donde sea necesario readaptar lo que ya sabemos a la realidad y hacer uso de los diferentes recursos a nuestro alcance y de los diferentes procedimientos que conozcamos, hará que desde pequeño vayamos adquiriendo esa capacidad de reaprender, tan necesaria hoy en día en un mundo cada vez más líquido y cambiante.
Sin embargo, para ello antes debemos vencer nuestra propia resistencia al cambio y atrevernos a conducir por carreteras a las que nunca jamás nos habíamos enfrentado o de las que desconocíamos su existencia. Quizás os pase lo que a mí, que en un principio uno siente que le viene grande el nuevo camino emprendido, pero nada se gana quedándose parado mientras todo lo que nos rodea tiende constantemente a avanzar.
Es muy fácil conducir si siempre nos movemos por el mismo camino, pero el saber no es absoluto, sino que se halla sometido a continuo cambio, y por este motivo tenemos que atender a las diferentes señales que nos indiquen si nuestro viaje emprendido va o no por el camino deseado, para realizar sobre la marcha los cambios de velocidad o de sentido que sean necesario.
En nuestra mano está marcar la diferencia entre, simplemente manejar un vehículo o, por el contrario, hacerlo rodar hacia nuevos horizontes.
Yo ya ando embarcado en ese camino, aunque aún me quede mucha carretera por recorrer, pero no se trata de llegar rápido, sino de llegar lejos, y de disfrutar de nuestro viaje y de las experiencias y aprendizaje que este nos pueda ofrecer.
Es por todo ello que nuestra función en las escuelas no puede limitarse a recitar un tutorial. Debemos ser el motor que tire de la motivación nuestro alumnado, el combustible que les haga ser pro-activos y el asistente de navegación que les guíe y les oriente en este amplio e infinito proceso que es el saber.
jueves, 26 de febrero de 2015
"Demasiado Soñadores"
Si en la anterior entrada me permití usar una canción de Nach como punto de arranque de la misma, en esta ocasión lo haré haciendo referencia a una canción del grupo Second cuyo título es el que da nombre también a este post.
Cierto es que llevo ya un tiempo considerable sin publicar nada por aquí. Supongo que a veces ocurre que sentimos flaquear nuestras fuerzas para proseguir el camino que hemos iniciado y que acabamos por plantearnos una gran infinidad de cuestiones al respecto. Imagino que no habré sido el primero, ni que tampoco seré el último, por atravesar esa amarga sensación de desajuste entre sus ideales y la realidad. En este caso sólo diré que caer está permitido - después de todo somos humanos - pero que levantarse y reiniciar la marcha es absolutamente obligatorio.
El caso es que la coherencia en este aspecto me parece un factor fundamental, y me era necesario aclarar previamente mis ideas antes de volcar mis reflexiones en esta publicación. Supongo que para ello a veces sólo es necesario salir de nuestro propio punto de vista y analizar toda la situación desde un prisma más global. Después de todo, era mi propia idoneidad para la profesión que consideraba mi vocación lo que estaba en juego.
Es por ello que he concluido que es obligación de los soñadores utópicos como yo seguir aspirando a alcanzar el infinito. Porque cierto es que, tal y como sigue planteado el Sistema Educativo que tenemos, no podemos permitirnos el dejar de soñar ni el dejar de aportar nuestro granito de arena a la causa de hacer nuestro sueño realidad.
Como bien dice la gran María Acaso, "un sólo copo de nieve no hace nada, pero una gran nevada puede cambiar el paisaje". Éste es el concepto de micro-revoluciones que defiende dicha profesora. Por lo tanto, debemos ser en la Comunidad Educativa como esas pequeñas gotas que poco a poco llenan un río y lo desborda, y para ello la constancia y el contagio son nuestras mejores armas. Porque la revolución educativa no va a transcurrir de la noche a la mañana, pero las micro-revoluciones deben ser una constante en nuestro día a día.
¿Por dónde empezar con esas micro-revoluciones? Es muy sencillo. En primer lugar, basta con sacar a relucir y dignificar el valor humano de nuestra profesión, y esto se traduce en contribuir a un buen clima de aula y de centro mediante un trato respetuoso y afectivo con las diferentes personas que componen estos espacios. Al fin y al cabo, trabajamos en Educación, y la Educación comienza por ser educados.
De esta manera, actuamos como modelos. Y ojo, no digo que nadie deba ser modelo de nadie. Antes de nada es necesario entender que constantemente todos aprendemos de todos, y que en la vida uno nunca deja de aprender ni puede permitirse el lujo de pensar que ya no le queda nada más por saber. Necesitamos ser humildes, y al mismo tiempo darle valor a todo aquello que podemos aportar y realzar su importancia. No son posturas contrapuestas, sino más bien complementarias.
Y no hablo ya sólo entre compañeros de profesión, sino también en relación a toda la Comunidad Educativa. Ya va siendo hora de romper ese falso concepto de monopolio del saber que hemos heredado y entender que tanto alumnado como familias tienen mucho que aportarnos también. Es por ello que encontrar espacios para el dialogo entre compañeros, con el alumnado y con las familias se hace vital para seguir creciendo tanto profesional como personalmente.
Porque no todo aprendizaje se basa en abordar una tarea concreta. A veces toca alejarse un poco y observar a nuestro alumnado para ver que temas le interesan o como responden a determinadas situaciones. Y si un determinado alumno o alumna siente necesidad de expresar algo o de compartir una idea, poder encontrar el tiempo y el espacio para darle salida a dicha demanda. Porque hay aprendizaje mucho más allá de aquello que ha sido concebido como exclusivo para enseñar.
Sin embargo, sabemos que ni la legislación vigente ni el Sistema Educativo tal y como está configurado dan cabida a estos planteamientos y que constantemente ejerce una presión sobre quienes creemos que otra manera de enfocar la Educación es posible, llegando incluso a desgastar y a mermar hasta al más utópico soñador.
Es por ello que siempre procuro participar en todos los encuentros y jornadas educativas que me sean posible, porque es ahí donde te haces fuerte, es ahí donde ves que hay más gente dispuesta a soñar y a llevar estos sueños a la realidad, o donde te topas con gente que ha sido capaz de romper con esa lacra de la que veníamos hablando. Compartir experiencias y empaparte de las mismas es vital para mejorar. Conocer nuevos enfoques pedagógicos y nuevas metodologías es esencial para analizarlo todo desde ese prisma más global del que hablábamos al principio. Porque los paradigmas educativos están cambiando, y porque cada vez hay más estudios y teorías que así lo avalan.
Es este el motivo de que siempre os anime a sacar tiempo para compartir estos espacios, porque no se trata de hacer cursos para poder baremar, sino de formarse todo lo posible para poder mejorar, y como decía anteriormente, abogando por una concepción horizontal del aprendizaje. En este sentido, no hay más que ver el gran potencial que esconden las redes sociales para poder generar nuestro propio entorno personal de intercambio de experiencias y todo el aprendizaje que ello conlleva (esto que estoy haciendo yo ahora mismo y que tú estás leyendo en estos momentos es un buen ejemplo de ello).
Así pues, sabemos que aún nos queda un largo camino para alcanzar nuestra meta. Un camino que ya hemos empezado a recorrer, y una meta que nos hemos atrevido nada más y nada menos que ubicar en el infinito. Porque, cuando tendemos a infinito, no hay límites que valgan. Es por ello que nunca dejaremos de ser "demasiado soñadores".
jueves, 22 de enero de 2015
Comienzos
"Comienzos... Lo que motivó el comienzo fue que las vidas que presencio no merecen el silencio..."
De esta manera, parafraseando al gran Nach, me permito arrancar la que es la primera entrada de este nuevo año. Una entrada que es un comienzo, pero que a su vez viene marcada por un final.
Como bien sostiene el compañero de profesión y también bloguero Salvador Rodríguez en una de sus múltiples entradas "Educar es emocionante. Educar es emocionar". Y es que no hay mejor manera de explicar lo que ha sido para mí la experiencia vivida en estos últimos meses. Tanto es así, que hasta mi primera idea de título para la presente entrada era bastante idéntica a la de nuestro compañero, hasta que comprobé que, efectivamente, ya estaba usada por él.
La cuestión es que sin emoción no hay educación que valga. Como mucho puede haber instrucción, pero jamás será en sí mismo un proceso educativo. Porque en nuestra profesión trabajamos con personas, junto a otras personas y de cara a terceras personas, sean alumnado, sean familia, sean comunidad. La educación es un proceso personal, un proceso del que todos y todas formamos parte.
Algunos pueden pensar que su función es la de limitarse a cumplir con unos horarios y unos contenidos curriculares. Otros podrán pensar que su única prioridad dentro de la escuela es la de obtener un salario que de sustento a su vida, y mientras el sueldo entre al bolsillo poco importa cómo salgan los alumnos del aula, por no hablar ya de su estancia en la misma. Al fin y al cabo, esta profesión es como la vida misma, y en ella podemos encontrarnos de todo.
Lo que yo tengo bien claro es que, ya sea para un mes, para un año, o para toda la vida, voy a seguir involucrándome de la misma manera en mi labor. Porque así ha sido hasta ahora, y porque así debe ser.
Quizás la única pega de tal implicación es que "cuanto más te acerques a la luz mayor será tu sombra". Esta cita, extraida del videojuego Kingdom Hearts, se traduce en que cuanto más nos involucramos más nos exponemos. Y cierto es que los sentimientos afloran, que lo profesional se convierte en personal, que cuando te gusta y valoras lo que haces lo acabas haciendo tuyo, y que, llegado el momento, duele más tener que decir adiós.
Aún así, cuando has tenido la suerte de toparte con compañeros y compañeras que demuestran su valía, su implicación y su profesionalidad, cuando has visto en la cara de tu alumnado reflejada la ilusión de verte entrar al aula cada mañana, y cuando tanto los unos como los otros te demuestran lo importante que ha sido tu aportación tanto personal como profesional, lo amargo de la despedida se convierte en un dulce recuerdo que te da fuerzas para seguir adelante.
Porque así es la vida del interino, y porque así funciona el sistema. Y mientras que a los que gobiernan sólo les importe la educación como arma política, los que estamos a pie de campo tenemos la responsabilidad de aportar en nuestros centros de trabajo aquello que los papeles oficiales no son capaces de reflejar.
En este sentido sé que aún tengo mucho por recorrer, y que aún tengo mucho por aprender y mejorar. Soy consciente de que me falta mucha experiencia todavía, pero tengo claro que, como ya se ha demostrado en diferentes estudios, las emociones juegan un papel clave en cualquier proceso de esneñanza-aprendizaje que se precie como tal, y que por ello deben priorizarse.
Como bien me decía una compañera de trabajo, "el cariño que tu le has dado a estos alumnos no se aprende en ninguna carrera". Porque los niños necesitan que los quieran, y porque los niños necesitan encontrar en la escuela un lugar donde poder desarrollarse todo lo posible y donde sentirse a gusto y aceptados, y es de agradecer que existan personas, como esta compañera entre tantas y tantos otros, que lo hayan sabido valorar.
Es por ello que, para finalizar, quiero agradecer a todos aquellos integrantes de la comunidad educativa del Colegio Público de Educación Especial "Miguel de Unamuno" todo lo aportado y el buen recuerdo que me que me llevo de mi estancia en el mismo, pues en mí han dejado impregnada una importante y valiosa huella.
Ahora el camino sigue. La aventura continúa con un final que es un nuevo comienzo y, como bien decía al principio de este post, "lo que motivó el comienzo fue que las vidas que presencio no merecen el silencio".
Es por ello que seguiré poniéndole voz a la educación, a una idea de educación inclusiva e integral, donde todos y todas tengamos cabida, y donde todos y todas nos formemos completamente como personas. Porque la vida no se puede reducir a números y a letras. Porque la vida la hemos de vivir como personas plenas, y hacer de la vida de nuestro alumnado una experiencia lo más plena posible deberá ser siempre nuestra prioridad.
Gracias una vez más a quienes trabajan, se esfuerzan y luchan cada día por hacer esto realidad.
De esta manera, parafraseando al gran Nach, me permito arrancar la que es la primera entrada de este nuevo año. Una entrada que es un comienzo, pero que a su vez viene marcada por un final.
Como bien sostiene el compañero de profesión y también bloguero Salvador Rodríguez en una de sus múltiples entradas "Educar es emocionante. Educar es emocionar". Y es que no hay mejor manera de explicar lo que ha sido para mí la experiencia vivida en estos últimos meses. Tanto es así, que hasta mi primera idea de título para la presente entrada era bastante idéntica a la de nuestro compañero, hasta que comprobé que, efectivamente, ya estaba usada por él.
La cuestión es que sin emoción no hay educación que valga. Como mucho puede haber instrucción, pero jamás será en sí mismo un proceso educativo. Porque en nuestra profesión trabajamos con personas, junto a otras personas y de cara a terceras personas, sean alumnado, sean familia, sean comunidad. La educación es un proceso personal, un proceso del que todos y todas formamos parte.
Algunos pueden pensar que su función es la de limitarse a cumplir con unos horarios y unos contenidos curriculares. Otros podrán pensar que su única prioridad dentro de la escuela es la de obtener un salario que de sustento a su vida, y mientras el sueldo entre al bolsillo poco importa cómo salgan los alumnos del aula, por no hablar ya de su estancia en la misma. Al fin y al cabo, esta profesión es como la vida misma, y en ella podemos encontrarnos de todo.
Lo que yo tengo bien claro es que, ya sea para un mes, para un año, o para toda la vida, voy a seguir involucrándome de la misma manera en mi labor. Porque así ha sido hasta ahora, y porque así debe ser.
Quizás la única pega de tal implicación es que "cuanto más te acerques a la luz mayor será tu sombra". Esta cita, extraida del videojuego Kingdom Hearts, se traduce en que cuanto más nos involucramos más nos exponemos. Y cierto es que los sentimientos afloran, que lo profesional se convierte en personal, que cuando te gusta y valoras lo que haces lo acabas haciendo tuyo, y que, llegado el momento, duele más tener que decir adiós.
Aún así, cuando has tenido la suerte de toparte con compañeros y compañeras que demuestran su valía, su implicación y su profesionalidad, cuando has visto en la cara de tu alumnado reflejada la ilusión de verte entrar al aula cada mañana, y cuando tanto los unos como los otros te demuestran lo importante que ha sido tu aportación tanto personal como profesional, lo amargo de la despedida se convierte en un dulce recuerdo que te da fuerzas para seguir adelante.
Porque así es la vida del interino, y porque así funciona el sistema. Y mientras que a los que gobiernan sólo les importe la educación como arma política, los que estamos a pie de campo tenemos la responsabilidad de aportar en nuestros centros de trabajo aquello que los papeles oficiales no son capaces de reflejar.
En este sentido sé que aún tengo mucho por recorrer, y que aún tengo mucho por aprender y mejorar. Soy consciente de que me falta mucha experiencia todavía, pero tengo claro que, como ya se ha demostrado en diferentes estudios, las emociones juegan un papel clave en cualquier proceso de esneñanza-aprendizaje que se precie como tal, y que por ello deben priorizarse.
Como bien me decía una compañera de trabajo, "el cariño que tu le has dado a estos alumnos no se aprende en ninguna carrera". Porque los niños necesitan que los quieran, y porque los niños necesitan encontrar en la escuela un lugar donde poder desarrollarse todo lo posible y donde sentirse a gusto y aceptados, y es de agradecer que existan personas, como esta compañera entre tantas y tantos otros, que lo hayan sabido valorar.
Es por ello que, para finalizar, quiero agradecer a todos aquellos integrantes de la comunidad educativa del Colegio Público de Educación Especial "Miguel de Unamuno" todo lo aportado y el buen recuerdo que me que me llevo de mi estancia en el mismo, pues en mí han dejado impregnada una importante y valiosa huella.
Ahora el camino sigue. La aventura continúa con un final que es un nuevo comienzo y, como bien decía al principio de este post, "lo que motivó el comienzo fue que las vidas que presencio no merecen el silencio".
Es por ello que seguiré poniéndole voz a la educación, a una idea de educación inclusiva e integral, donde todos y todas tengamos cabida, y donde todos y todas nos formemos completamente como personas. Porque la vida no se puede reducir a números y a letras. Porque la vida la hemos de vivir como personas plenas, y hacer de la vida de nuestro alumnado una experiencia lo más plena posible deberá ser siempre nuestra prioridad.
Gracias una vez más a quienes trabajan, se esfuerzan y luchan cada día por hacer esto realidad.
lunes, 29 de diciembre de 2014
Queridos Reyes Magos
Queridos Reyes Magos:
Tal y como dije ya el año pasado, "no se trata de desear que el siguiente año sea mejor, sino de ser nosotros mejores cada año". A estas alturas no se si es algo que he cumplido o no, aunque mis esfuerzos hayan estado dedicados a ello. No obstante, en algo si que han mejorado las circunstancias respecto al año anterior, y es que por fin este curso he podido estrenarme como maestro interino.
Así pues, os pido fuerzas para poder ejercer con éxito y esmero mi función docente y al mismo tiempo poder abordar con tesón mi preparación en el duro proceso que supone ser opositor, además de fortaleza para aguantar y resistir ante las múltiples situaciones adversas que los utópicos como yo nos encontramos en nuestro día a día cuando intentamos demostrar, con nuestro trabajo y esfuerzo, que otra Educación es posible.
Es por eso que os pido un Sistema Educativo abierto y flexible donde todos y todas podamos disfrutar de una educación pública, gratuita y de calidad que se adapte a las necesidades de los tiempos y de los diferentes contextos, personas y entornos de aprendizaje. Además os pido una mejora en la formación docente, más adaptada a la práctica y a los paradigmas de la época en la que nos encontramos, y una mejor selección de los mismos a la hora de acceder tanto a las universidades como a los centros educativos, sacando de nuevo a relucir el carácter vocacional de esta profesión.
Para ello, también os pido que se abra la Escuela a la Comunidad, pues sin ésta nuestra función no tendría sentido. Para ello precisaríamos de una Sociedad y de una Política comprometidas con la Educación y con todo lo que esta representa para nuestro desarrollo y nuestro bienestar.
Pido además oportunidades para nuestro alumnado y, que tras una formación integral que aborde por completo todos y cada uno de los ámbitos de la esencia humana, encuentren la manera de desarrollar cada uno su función en la vida, para que así no tengan que sufrir ni la falta de empleo ni la precariedad o el exilio a los que ahora estamos condenados.
También quisiera pediros que deje de tacharse la Diversidad como un elemento negativo y empecemos a valorar todo lo positivo que ésta nos puede aportar, pues, tal y como sostenía el profesor Ángel Pérez en las últimas Jornadas de "Educando para la Vida", "no se trata de respetar la diversidad, sino de celebrar la diversidad". Cuánto tenemos que aprender aún al respecto de este tema, y cuánto puede aún aportarnos este tema al respecto de nuestros aprendizajes.
Para finalizar, quisiera pediros también que nunca dejemos de aprender y que nunca dejemos de innovar, que no perdamos ni las ganas de seguir trabajando por mejorar las cosas ni la fe en que podemos hacerlo, que sigamos luchando por alcanzar nuestras metas en este complicado proceso que es la vida y de la cuál es fiel reflejo la Educación.
Por lo tanto, creo que no os corresponde a vosotros conceder todo esto que os pido. Ya tenéis suficiente con seguir manteniendo viva la ilusión de nuestros niños y niñas. El resto debe recaer sobre todos y cada uno de nosotros. De nada vale dejar todos estos nobles deseos en manos del destino o del azar, de nada vale desearlos si no se trabaja duro para conseguirlos. Esta es nuestra lucha, es nuestra responsabilidad, y cierto es que no conseguiremos nada de la noche a la mañana como si de un 6 de Enero se tratase, pero es por eso que necesitamos mantener viva también nuestra ilusión de que los esfuerzos de hoy serán los logros del mañana.
La Educación no deja de ser una carrera de fondo, y mantener el ritmo es fundamental para no perecer. Sin embargo, recordad que no estamos solos en este recorrido. Somos muchos, y cada vez somos más, los que anhelamos alcanzar esta meta. Es primordial que nuestro camino lo hagamos en compañía, que nuestra lucha sea compartida, que podamos sentir el apoyo de los unos y de los otros en este cometido.
Por todo ello, daros las gracias desde aquí a todos los que asíduamente me leéis y a todos aquellos que compartís conmigo vuestras penas y vuestras alegrías, vuestros logros y vuestros fracasos, vuestras reflexiones y vuestras inquietudes. La unión hace la fuerza, y esa fuerza debe perdurarnos mucho tiempo más.
¡Muchas gracias una vez más por vuestro apoyo! ¡Que tengáis todos un feliz y próspero 2015!
viernes, 12 de diciembre de 2014
La Educación es Vida, y la Vida es Educación
Este pasado fin de semana fue el tan anhelado puente de diciembre que tantas personas esperan con ansia para poder tomarse un respiro de su día a día cotidiano. Sin embargo, y por suerte, existen personas que, en lugar de buscar descanso y relax esos días, prefieren emplear su tiempo en aquello mismo que les ocupa su vida diaria, pero desde otra perspectiva mucho más enriquecedora y transformadora, que es la que nos vuelve a ofrecer, por segundo año consecutivo, y nuevamente con un gran éxito de demanda, la buena gente de Espacio Cultural Conviven, con sus II Jornadas "Educando Para la Vida".
Verónica Rivera, en su Proyecto Socio-Educativo "Enamóra+e", ya venía defendiendo la idea de que "La Escuela no sólo debe parecerse a la Vida, sino que la Escuela debe ser la Vida". Así pues, hay una cosa que tenemos bien clara, y es el ser conscientes de que de nada tiene sentido educar si no se hace en relación y en conexión con la vida que hay más allá de las cuatro paredes de un aula y teniendo en cuenta a todos los agentes implicados en dicho proceso, pues la Educación es potestad de toda la Comunidad.
Ya en la anterior edición de este evento tuvimos la suerte de conocer y profundizar en distintos planteamientos pedagógicos y metodológicos, y se nos presentaron nuevas formas de entender la educación más allá del modelo tradicional que, pesé a todo, sigue siendo la base en la que se sostiene nuestro sistema actual, y más aún teniendo en cuenta el retroceso que nos supone la nueva ley de educación que ya se ha empezado a aplicar.
Siguiendo este planteamiento, hay una segunda cuestión que tenemos bien clara también: este sistema no sirve para responder a las necesidades educativas que los tiempos que corren requieren. En un panorama como el actual, con la importancia que han demostrado tener, desde un punto de vista científico, las emociones y el plano afectivo y social en el aprendizaje, y con el auge que están teniendo las tecnologías de la información y de la comunicación en nuestra sociedad, no se puede seguir educando bajo ese modelo industrial cuyo cometido es llenar nuestras cabezas de conocimientos puramente académicos y generar buenos trabajadores para el mercado laboral.
En ese sentido, tenemos que cambiar el punto de vista bajo el que funcionan nuestras escuelas, pues no se trata de formar empleados, si no de formar personas, personas con la suficiente autonomía y competencia para ejercer tanto sus derechos como sus obligaciones, ciudadanos y ciudadanas de una comunidad en la que todos debemos convivir y en la que todos tenemos algo que aportar, celebrando nuestra diversidad y respetando nuestras discrepancias.
Eso mismo es, en cierta manera, el reflejo de lo que hemos hecho durante este intenso fin de semana: somos personas diversas que hemos compartido un espacio común y hemos contribuido a que el tiempo empleado en el mismo fuera lo más ameno y enriquecedor posible; hemos compartido nuestras inquietudes, hemos reconocido nuestras limitaciones, hemos expresado nuestras ilusiones y hemos aportado nuestras vivencias, nuestras ideas y nuestras reflexiones, pero, ante todo, hemos establecido vínculos, hemos conectado y hemos compartido todo lo anterior los unos con los otros, y es quizás en esta interacción, en este saber común, donde hemos ganado esa fuerza que necesitábamos para seguir creyendo que otra educación es posible, que existe otra manera de hacer las cosas, y seguir luchando por ello.
Así pues, es fundamental que, en este reto que nos hemos planteado, creemos, mantengamos y ampliemos esas redes personales que establecemos en este tipo de encuentros, ya que sirve para reforzarnos los unos a los otros y no sentirnos solos en nuestro particular ámbito de actuación.
En esta línea existe ya un grupo de Facebook creado donde podemos seguir en contacto y compartiendo e intercambiando nuestras percepciones y nuestras experiencias entre nosotros, pero me parece sumamente interesante el poder ampliar estas redes hacia otras plataformas como twitter, a través de la cual fui, en la medida que me fue posible, retransmitiendo lo que se iba viendo y trabajando en Conviven bajo el hashtag #EducandoVida. Esta es una práctica muy habitual en otros eventos educativos (como es el caso de EABE) mediante la que se busca que el mensaje llegue al mayor público posible y que invito a poner en práctica en próximas jornadas, pues es increíble lo contagiosa que puede ser la red.*
Después de todo, de eso se trata, de contagiar nuestra ilusión y nuestra energía a cada rincón al que lleguemos, que cada uno, en su particular parcela, aporte su granito de arena a la causa, que, ya sea desde dentro o desde fuera, contribuyamos a crear un nuevo modelo de escuela donde todos tengamos cabida y donde todos seamos tenidos en cuenta, pues la educación no puede quedar reducida a lo puramente escolar y académico: La Educación es Vida, y la Vida es Educación, y en nuestro vivir diario continuamente estamos realizando todo tipo de aprendizajes. En cada nueva tarea que afrontamos, en cada conversación que mantenemos o en cada decisión que tomamos podemos reestructurar nuestros esquemas de pensamiento y nuestra forma de crear, organizar y reorganizar el conocimiento del que disponemos.
Hablamos de un proceso dinámico, y como tal requiere dinamismo. El saber no es un fin, sino un proceso de constante cambio y transformación, mediante el cual vamos evolucionando nosotros mismos y hacemos evolucionar el mundo a medida que lo vamos conociendo. Se hace por tanto realmente necesario, como bien veníamos sosteniendo durante estos días, deshacernos de la mochila que todos arrastramos desde nuestra infancia y romper las cadenas que nos atan y nos inmovilizan, para de esta manera generar un nuevo modelo capaz de dar respuestas adaptadas a las diferentes necesidades que nos vayamos encontrando en cada centro educativo y en cada comunidad.
Para ello, habría que dar por fin respuesta a ese círculo vicioso sobre la disyuntiva de qué es lo que debe cambiar antes, la escuela o la sociedad.
En este sentido, opino que la Educación es un motor de cambio, pero ésta no puede entenderse sin un entorno social adecuado en la que poder desarrollarse como tal, por lo que ambas deben ir modificándose mutuamente en una proceso continuado que seguramente no de resultados hasta largo plazo. Al fin y al cabo, como bien sostenía uno de los lemas que más proliferaron durante el 15M, "vamos lento porque vamos lejos".
La Educación es una carrera de fondo, requiere constancia, energía y fe por el cambio real. Ya muchas personas han dado el primer paso. Ya muchos colectivos trabajan en diferentes proyectos e iniciativas que servirán de guía y referencia para la escuela venidera. Ya somos muchos, y cada vez somos más. Como bien mantenía yo mismo este fin de semana, "debemos ser la gotas de lluvia que a base de tiempo y de paciencia acaban desgastando el paisaje". Un paisaje cuanto menos desolador, pero en el que aún queda lugar para la esperanza, y ejemplo de ello son las diferentes personas e iniciativas que vinieron estos días a compartir con nosotros su trabajo y sus ideas.
Ahora es el turno de sumar, de cooperar y de avanzar. Cada uno desde su particular frente, pero todos con un objetivo común. La unión hace la fuerza.
Así pues, para finalizar, y ya a título personal, decir que ha sido un auténtico placer volver a formar parte de estas Jornadas y reencontrarme con tantas personas de la anterior ocasión, al igual que también lo ha sido el poder conocer a tanta gente nueva tan interesante y tan involucrada. Es un honor compartir estos espacios con personas que tienen tanta ilusión y que tiene tanto que aportar. Gracias a todos y a cada uno de los asistentes por vuestra participación e implicación. Es un placer regresar a casa con toda esa fuerza que hemos generado y con la cabeza tan llena de ideas. ¡Hasta la próxima!
*En esta línea os recomiendo recabar información sobre los Entornos Personales de Aprendizaje, también conocidos como PLE.
lunes, 24 de noviembre de 2014
¡Música, maestro!
La música forma parte de todo el mundo que nos rodea: está en el cine, en la publicidad, en la radio y en la televisión, nos acompaña de fondo mientras trabajamos, conducimos o caminamos, y es capaz de trasmitirnos - así como de ser utilizada de manera consciente para transmitirnos - gran diversidad de sentimientos y emociones, pudiendo influir de forma directa y notable en nuestro estado anímico y en nuestras percepciones.
Viendo el peso tan grande que tiene este arte concreto sobre nuestras vidas, ¿por qué esa forma de desprestigiar y quitarle valor a la música en Educación?
El problema radica en que, en un modelo educativo basado prácticamente en una concepción científica del mundo, cualquier área destinada a desarrollar las letras o las artes parece más una distracción que algo esencial en nuestra formación como seres humanos, siendo relegadas a un segundo plano.
Cierto es que la música puede ser considerada como una afición, pero dicha afición es compartida por nuestra especie en general. Queramos o no, la música forma parte de nuestro día a día y nos va conquistando a todos y a cada uno de nosotros en sus diferentes vertientes, por lo que dedicarse a la música no debería ser considerado una pérdida de tiempo, sino más bien todo lo contrario.
La música es puramente matemática, y el trabajarla en el aula ayuda a asentar las bases para el pensamiento abstracto y la mejor compresión de dicha materia y de otras muchas más, pues a través de ella se trabajan los diferentes procesos cognitivos que serán clave a la hora de desarrollar cualquier aprendizaje, como puede ser la memoria, la atención o la concentración.
Al fin y al cabo, todo el aprendizaje está interrelacionado, aunque nos empeñemos en separarlos en compartimentos estancos.
Además de su lado más matemático, la música es algo que, como decíamos en un primer momento, nos llega y nos transmite diferentes emociones, y hoy en día sabemos ya de sobra el peso que tiene la educación emocional en el buen desarrollo de nuestro alumnado, siendo la música un vehículo perfecto con el que poder compartir lo que sentimos en cada momento.
La música conforma nuestra personalidad, y todos tenemos canciones con las que nos sentimos identificados, canciones que nos motivan y predisponen ante determinadas situaciones o actividades, canciones que asociamos a determinados estados de ánimo y canciones con las que nos sentiríamos capaces de expresar determinadas emociones que de otra manera no sabríamos quizás compartir.
En este sentido, la música se convierte en un elemento clave a la hora de trabajar diferentes formas de comunicación entre personas, pues tiene su propio lenguaje, con su código y sus normas de lectura y escritura, entrando así también a estar interrelacionada con el área lingüística y literaria, pues al fin y al cabo la mayoría de las composiciones musicales que consumimos llevan incluida una letra, con sus estructuras, sus métricas, sus recursos literarios y sus correspondientes reglas del lenguaje, las cuales no sólo podemos estudiar a nivel formal, sino también desde un puto de vista crítico donde analicemos el contenido de muchas de las letras de las canciones que nuestros jóvenes consumen hoy día.
Es más, este hecho nos abre también las puertas a que pueda utilizarse la música para trabajar otros idiomas mediante la traducción de canciones que sean de nuestro agrado, sin olvidar el amplio abanico que le extiende también al ámbito de la creatividad.
Por otro lado, debemos recordar también que la música implica movimiento, y que el movimiento está muy ligado con el conocimiento de nuestro propio cuerpo y con el dominio que tengamos del mismo. Aplicar la música en el área de educación física nos ayuda a adquirir nociones de ritmo y a mejorar nuestra motricidad, tanto gruesa como fina, nos ayuda tanto al desarrollo de la coordinación dinámica general como de la coordinación de nuestros segmentos corporales y de nuestros sentidos, y nos ayuda a apreciar el valor estético del movimiento mediante la buena ejecución de terminados ejercicios, danzas o coreografías.
Es más, este hecho nos abre también las puertas a que pueda utilizarse la música para trabajar otros idiomas mediante la traducción de canciones que sean de nuestro agrado, sin olvidar el amplio abanico que le extiende también al ámbito de la creatividad.
Por otro lado, debemos recordar también que la música implica movimiento, y que el movimiento está muy ligado con el conocimiento de nuestro propio cuerpo y con el dominio que tengamos del mismo. Aplicar la música en el área de educación física nos ayuda a adquirir nociones de ritmo y a mejorar nuestra motricidad, tanto gruesa como fina, nos ayuda tanto al desarrollo de la coordinación dinámica general como de la coordinación de nuestros segmentos corporales y de nuestros sentidos, y nos ayuda a apreciar el valor estético del movimiento mediante la buena ejecución de terminados ejercicios, danzas o coreografías.
Además de todo eso, es una gran manera de trabajar la diversidad, ya que se puede ir desde el atender a los estilos musicales predominantes en cada cultura (tanto a nivel histórico como actual) como una forma de identificarnos ante el mundo - y la música - que compartimos, pudiendo también ubicarnos en ese sentido a nivel geográfico, y, de un modo más concreto, nos sirve para trabajar con alumnado que presenten necesidades específicas de apoyo educativo, pues es una gran recurso para la estimulación de los mismos a nivel motor y sensorial y una medio con el que poder desarrollar actividades en común con el resto de sus compañeros y compañeras desde un enfoque inclusivo que fomente su participación.
Como bien podemos apreciar, la música tiene la gran ventaja de ser una área con carácter integrador a través de la cuál se pueden trabajar multitud de áreas del conocimiento y del desarrollo personal, poniendo así de manifiesto sus grandes cualidades educativas. En palabras de Platón, "La música es el arte educativo por excelencia, que, por medio de sonido, se inserta en el alma y la forma en la virtud".
Por último, quiero añadir que, como refería al inicio de esta entrada, a todos nos gusta tener música de fondo mientras realizamos cualquier actividad, se trate de una tarea o simplemente de ocio. Nos ayuda a estar más cómodos durante el desarrollo de la misma, y en mucho de los casos nos motiva y nos sirve de aliciente para su correcto desempeño. No entiendo entonces por qué no se usa más la música como un elemento que exista de fondo en nuestras aulas cuando el alumnado esté realizando un determinado trabajo, ya sea de manera global o cada uno trabajando con sus propios auriculares. Si es algo que ocurre fuera de las aulas, ¿por qué no iba a ocurrir también dentro? Al fin y al cabo, nuestra función es educar para la vida y, como bien defiende Nietzsche, "la vida, sin música, sería un error". ¡Fomentémosla!
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