viernes, 2 de septiembre de 2016

"Septiembre sin opción a repetir"

Como cada año, el paso de Agosto a Septiembre significa para todos los que nos dedicamos a la Educación la vuelta a los centros escolares para afrontar el nuevo curso que se nos presenta. Sin embargo, para muchos de nosotros, como es mi caso, Septiembre nunca es sinónimo de volver. Y es que la vida del Interino tiene ciertas peculiaridades que hacen que cada verano nos veamos sometidos a la más perversa de las incertidumbres, y ya no es sólo estar en el limbo a la espera de lo que nos deparará el destino el próximo curso. Existe una variable que nadie de los que asignan nuestros destinos parece cuestionarse, y que, a menudo, es la que más debería importarnos: "¿qué pasa con los alumnos y alumnas que cada año se ven sometidos, sin ningún criterio pedagógico, a toparse con un docente distinto, con sus distintas tablas y su particular forma de entender la Educación?"

En todos nuestros centros existen grupos de alumnos y alumnas abocados durante una gran parte de su vida escolar a ser los principales afectados por el vaivén de maestros y maestras que pasan por sus clases sabiendo que su situación en la misma viene ya marcada, desde un primer momento, con fecha de caducidad.

En algunos casos esto incluso puede ser positivo, si se trata de que el grupo y el docente no han tenido buena relación, pero en la mayoría de las veces lo que ocurre es que se rompe toda una metodología de trabajo y un buen clima de aula por no establecer ningún criterio de continuidad al profesorado interino que haya desempeñado con notable éxito su labor y haya sabido ganarse a su alumnado.

Y en esta tesitura es la que me hallo yo, después de que el curso pasado, siendo por fin mi primera vacante completa para todo un año escolar, coincidieran equipo directivo, claustro, alumnado y familias en la buena estima del trabajo por mi parte realizado y lo ventajoso que sería que pudiese continuar en el mismo centro otro curso más.

Porque al final quienes toman las decisiones no son quienes están al pie del cañón, y es por eso que ahora, al llegar de nuevo Septiembre, me encuentro sin opción a repetir.

Ahora toca volver a empezar de cero en otro colegio, volver a conocer a las personas que lo componen: compañeros, familias, alumnado, personal laboral, etc., y volver de nuevo a esa fase de adaptación inicial que tanto resta a la fluidez con la que podría iniciarse un curso cuando ya conoces de qué va la función. 

El lado bueno que se puede extrapolar de todo esto es que, por allá por donde pasas, vas dejando una importante e imborrable huella en quienes han compartido contigo parte de este ajetreado recorrido.

Es por eso que, para finalizar, quiero compartir con todos vosotros la carta de despedida que, a modo de acertijo, dediqué a los chicos y chicas con los que tuve la suerte de coincidir el pasado curso escolar.

Porque, como bien dice la canción, se hace camino al andar. Sigamos caminando. Sigamos llenando nuestra mochila de experiencias.



"Con la llegada del último día de clase quiero plantearos el acertijo más difícil de todos. Este acertijo no es como ninguno de los que habéis resuelto anteriormente, aunque seguramente todos los resueltos anteriormente os servirán para enfrentaros a este.

Lo cierto es, si os soy sincero, que no se trata de un acertijo con una única respuesta válida, ya que las respuestas posibles son tan amplias y distintas como personas hay en el planeta. Por eso, cada uno de vosotros y vosotras tendrá que encontrar el camino que ha de seguir para poder resolver su propio acertijo personal, pues este acertijo no es nada más y nada menos que la vida misma.

Por lo tanto, a ti, que me estás leyendo, quiero darte todo mi apoyo y todos mis ánimos para nunca te pierdas en tu constante caminar.

Recuerda todo lo que has aprendido este año, recuerda como has ido progresando a lo largo del curso, y recuerda también como has sido capaz de ir resolviendo los diferentes retos planteados, con constancia y paciencia, usando tu cabeza, tu ingenio, tus destrezas, tu creatividad y tu imaginación.

Reflexiona sobre aquello que podrías haber hecho mejor, pues todos tenemos derecho a equivocarnos, pero también la obligación de que eso nos sirva de lección.

Piensa en los buenos momentos que has vivido gracias al colegio, piensa en las cosas que te hicieron sonreír y piensa en todas las personas que son importantes para ti. Quizás no siempre puedas verlas, pero has de saber que siempre estarán ahí.

Por mi parte, debo decirte que ha sido un auténtico placer conocerte y poder compartir contigo este curso escolar. Me llevo conmigo muy buenos recuerdos de los momentos vividos, por lo que quiero darte las gracias por haber contribuido en que mi tiempo en este colegio haya sido tan especial.

Ahora no se a donde me llevarán mis pasos, no sé si tendré que marcharme o podré continuar, pero la vida es, como decíamos previamente, un constante caminar, y en ese recorrido agradezco enormemente que nos hayamos podido encontrar.

Por eso mismo te pido que jamás te rindas en el camino, pero si tómate tu tiempo cuando quieras descansar, que andar a lo loco y sin rumbo a veces puede dar resultado, pero siempre es mejor pararse a pensar en cuál es la dirección que queremos y debemos tomar.

Recuerda que no se trata de ninguna competición, que tu única meta debe ser siempre hacer de cada día un día importante y especial, por lo que no tengas demasiada prisa por querer avanzar, construye paso a paso tu futuro y permítete el lujo de disfrutar durante tu recorrido, sin perder nunca ni el horizonte ni el compás.

            Para finalizar, quiero despedirme con un fuerte abrazo, y desearte que pases un verano fenomenal. Cuídate y quiérete mucho, recuerda siempre lo que vales, sé feliz y ayuda a los demás. Trabaja duro en lo que quieres, esfuérzate siempre por dar lo mejor de ti, y nunca, nunca, dejes de soñar.

                                                                               ¡HASTA SIEMPRE!
                                                                                                                  
                                                                                         Jesús Pereira
                                                                                  (21 de Junio de 2016)"


lunes, 20 de junio de 2016

"Somos Infinitos"

Llega el final del curso escolar, y en mi caso, el final de otra etapa en mi carrera docente y el principio de una nueva que vuelve a venir marcada por una borrosa nube de incertidumbre. Por suerte este año he podido disfrutar de mi primer curso completo con vacante en un mismo centro escolar, y la verdad es que ello te ofrece una perspectiva única que va desde el inicio hasta el final, con todas las vivencias y aprendizajes que ese período conlleva.

Los comienzos nunca son fáciles, ya que suponen un nuevo período de adaptación marcado por la nostalgia de los centros escolares que tienes que ir dejando forzosamente atrás en tu camino. Sin embargo, poco a poco, con esfuerzo, implicación y entrega, me fui haciendo un hueco en este nuevo centro escolar que me acogía, hasta el punto de sentirme una pieza clave del mismo, no sin antes haberme manchado en el barro y haber sentido tambalear peligrosamente la base que sustenta mi sentido de la vocación.

Supongo que a veces las victorias que mejor se saborean son aquellas que más nos ponen a prueba, y en mi caso debo decir que todo el esfuerzo invertido ha tenido una respuesta tan amplia y emocionante que siento que ya formo parte de algo grande y especial.

Toda esta reflexión viene porque, a veces, me aterra la idea del olvido, es decir, que todo lo que has vivido de forma tan intensa se pierda en el tiempo como lágrimas en la lluvia, más cuando tus condiciones laborales no te dan ninguna continuidad y tienes que estar yendo de un lado a otro a volver a empezar.

Sin embargo, en esta recta final mi perspectiva al respecto se ha vuelto mucho más optimista, y ello se debe al haber podido comprobar que, tanto alumnado como familias de mis anteriores centros, todavía se alegran e ilusionan al verme aparecer y dejan patente, con palabras y gestos, el buen recuerdo que aún conservan del tiempo que pasamos juntos y sus ganas de volverme a tener en su cole otra vez.

Eso mismo está pasando ahora mismo en mi centro educativo actual, y es que el vínculo que he llegado a crear con los alumnos y alumnas del mismo (sean o no sean de mis grupos) ha sido tan intenso que siento que esto se extiende mucho más allá de lo estrictamente escolar. Y es que, tal y como yo lo concibo, la docencia no es sólo una profesión, sino una forma de vida, es decir, somos maestros 24 horas, maestros que no sólo deben limitarse a dar una lección, sino que deben ser ejemplo y poner en cada momento compartido con su alumnado toda su pasión.


Así pues, creo que nuestra función debe extenderse mucho más allá de lo puramente curricular, ya que para que se produzca verdadero aprendizaje primero debemos empatizar, saber escucharles, estar dispuestos a dialogar, establecer entre todos que tipo de escuela queremos, saber definir las metas que queremos alcanzar, priorizar necesidades cuando éstas se presenten y estar siempre dispuestos a ayudarles en su formación, no sólo escolar, sino como ciudadanos y ciudadanas libres con mucho que aportar a la sociedad. 

En definitiva, volvemos al concepto de "Maestro Espejo" sobre el cual ya he escrito con anterioridad, y es que reconocerles y valorarles como personas me parece siempre que es el primer paso fundamental que debemos dar, para luego poder implicarles de lleno en su proceso de aprendizaje, un proceso que debe estar ligado lo máximo posible a alguna necesidad vital para que cobre mayor significatividad.

Además de ello, y como diría el gran David Bowie, siempre podemos ser héroes por un día, con pequeños gestos y detalles que les haga sentirse especial, que pueden ir desde regalarles dibujos o palabras de aliento hasta interesarte por alguna de sus actividades extraescolares (deporte, danza,...) y asistir a algún evento que les sea importante para mostrarles apoyo, o realizar juntos alguna actividad fuera del contexto puramente escolar, como puede ser salir fuera del cole a desayunar, siendo esto algo que yo elijo hacer de forma totalmente voluntaria con todo el amor docente que puedo aportar, pues me siento parte de ellos, y siempre es un honor poder verles disfrutar.


En este sentido, son ellos y ellas, con su cariño y sus detalles, quienes me salvan la vida cada día. Y es que la vida se mide por momentos, y la importancia de cada momento se mide por su intensidad, así que yo, ni corto ni perezoso, no he dejado pasar ni una sola oportunidad de involucrarme en todo tipo de experiencias educativas que me pudieran y les pudiera aportar algo más, como puede ser el establecer la costumbre de resolver un acertijo diario que les hiciera pensar, argumentar y razonar, o también el haberme implicado en todo tipo de actividades programadas en el centro como son el día del libro, el carnaval, el viaje de fin de curso o pasar una noche durmiendo dentro de la escuela antes de acabar.

Se trata de generar vivencias que vayan más allá del realizar deberes y estudiar, se trata de fomentar encuentros, de invitarles a participar, de hacerles sentir protagonistas de su escuela, y de que puedan ver y comprobar que tienen maestros y maestra a los que les importan y que cuando lo necesiten les van a escuchar y a aconsejar. 


Es por todo eso, que llego a la conclusión de que, aunque como maestros tengamos fecha de caducidad, el legado que dejamos se extiende más allá de los límites del tiempo y perdura para la eternidad. Porque lo que se graba en la cabeza tiende a borrarse, pero lo que se graba en el corazón rara vez se va a olvidar, pues se nos graba bien a fuego todo aquello que nos ha llegado a emocionar.

Así pues, como ya es costumbre en este blog, vuelvo a parafrasear al gran Nach con aquello de que "Lo que motivó el comienzo fue que las vidas que presencio no merecen el silencio". Sin embargo, este comienzo, por muchos parones y nuevos arranques que encuentre en el camino, jamás conocerá un final, pues, como bien reza el título de esta entrada, inspirado esta vez en la frase final de la película "Las Ventajas de ser un Marginado",...

"Somos Infinitos".


Gracias a todos los que me han acompañado y apoyado durante todo este proceso, compañeros y compañeras de profesión, familias y familiares, amistades y alumnado. 



sábado, 28 de mayo de 2016

"Conspirar - Inspirar"

Hace justamente una semana participábamos en el II Encuentro de Conspiración Educativa de Segovia, encuentro que, pese a su breve trayectoria, se está convirtiendo en todo un referente en lo que respecta a la renovación pedagógica de nuestra sociedad.


¿Y cuál es la formula de su éxito? La respuesta es bien sencilla: Radica en las ganas y la ilusión con las que la organización prepara todo el evento y vela por su correcto desarrollo, caracterizándose por estar plenamente abierto a cualquier persona que quiera participar o que tenga algo que aportar, así como por dar la oportunidad de que los asistentes no tengan que estar debatiéndose sobre las ponencias o los talleres en los que quieren estar, pues en lugar de plantear disyuntivas que restan la posibilidad de abarcar todo lo que nos gustaría, vamos todos y todas a una con un único programa de experiencias, las cuales suman diferentes planteamientos y puntos de vista, todos tan importantes como necesarios.


En este sentido, cabe destacar que se haya contado, además de con profesionales de la Educación en diferentes ámbitos e inmersos en distintos proyectos, con representantes de las familias, pues es clave que, si queremos realizar un profundo cambio en nuestra forma de entender y de abordar la Educación, lo hagamos contando con toda la Comunidad Educativa, siendo para ello las familias un pilar esencial que a menudos tendemos a obviar.

Después de todo, tal y como reza el lema de este II Encuentro, "el cambio será colectivo o no será". Porque, tal y como pudimos comprobar en el desarrollo de tan intensa jornada, puede que todos y todas fuéramos diferentes personas venidas de diferentes lugares que abordan de diferente manera la forma de ejercer la Educación, pero todos y todas teníamos en común unos principios básicos y unos planteamientos esenciales en los que se amparaban nuestras actuaciones dentro o fuera del aula, y es la idea de que nuestro mundo, tal y como lo conocemos, necesita de un cambio profundo y vital que esté mucho más acorde a lo que el nuevo siglo nos va a deparar.

Porque no es la primera vez que defendemos el hecho de que no podemos seguir planteando la Escuela en términos de un modelo de vida y sociedad que ya quedó atrás. Sin embargo, como bien debemos saber, cualquier cambio que consideremos necesario no podrá generarse de un día para otro. Todo proceso amplio y complejo requiere de su debido tiempo para asentarse y desarrollarse, trabajando de forma conjunta por ello con paso firme, sin prisa pero sin pausa.

Por lo tanto, podemos ir siempre al arrastre de lo que las "grandes mentes" ajenas a la Educación quieran hacer con ésta, o podemos tomar las riendas de nuestra vida, establecer puentes, crear vínculos, y cabalgar juntos por las sendas más acordes a nuestra forma de entender y sentir este ámbito tan vital al que dedicamos cuerpo y alma. Porque invertir en una auténtica mejora de la calidad de la Educación es invertir en una posterior mejora de la calidad de vida y de la sociedad, formando personas críticas, con juicio ético y concienciadas de la gran importancia que tienen nuestros actos y nuestras decisiones en el bienestar común y en la futura sostenibilidad de nuestro planeta.

Se trata de perder tiempo para ganar tiempo, porque avanzamos a contrarreloj, y las grandes masas de contenidos curriculares nos abruman a menudo y no nos dejan pensar con claridad. Es por ello que disponer de estos tiempos y estos espacios para conspirar (a menudo tan difíciles de encontrar por la sobrecarga de burocracia que se nos impone y por el frenético ritmo de vida que solemos llevar) nos ayudan a fortalecernos mutuamente y nos inspiran para continuar.

Ese es el proceso, conspirar - inspirar, es decir, nutrirnos de ideas y experiencia en un ambiente respeto y calor mutuo para transformarlas dentro de nuestro organismo en nuevas propuestas y proyectos que devolvemos al exterior dentro de nuestro entorno de acción. Porque, como dice un proverbio árabe, "gota a gota se llena el río", y es en nuestro espacio cercano donde podemos empezar a transformar, con paciencia y resiliencia, lo que creemos y consideramos que debe mejorar, y para ello necesitamos de cabeza, corazón y manos, muchas manos. Cuántas más, mejor.

Construyamos juntos la utopía. Mejoremos juntos la Educación.


sábado, 23 de abril de 2016

"R.A.P., con P de Poesía"

Hoy es el Día del Libro, y quienes me vengáis siguiendo desde los comienzos sabréis de sobra que tengo como costumbre publicar cada año una entrada en el blog con motivo de este tema.

Ya el año pasado os hablé de aquellos otros libros que a veces nos pasan desapercibidos, sin darnos cuenta de que esconden un gran potencial. Igualmente, también os hablé en otra entrada anterior sobre la importancia de la Música en la Educación y todo lo que ésta es capaz de aportar.

Por lo tanto, en esta ocasión, y siguiendo un poco la tradición de inspirarme en canciones de Nach para darle título a mis publicaciones, parto de lo compartido en ambas entradas previas para explicaros un pequeño proyecto que he estado llevando a cabo con mi alumnado durante el presente curso:

Hasta la fecha, estamos acostumbrados a que se nos educe para ser consumidores de cultura - o consumidores, a secas, en el peor de los casos -, pero... ¿qué pasa si nos proponemos dejar de ser sujetos pasivos y comenzamos a crear?

Todo empieza cuando mis alumnos de apoyo de quinto curso me hablan de su gusto por las canciones de rap que escuchan en youtube, las cuales están relacionadas con el mundo de los videojuegos, canciones que se aprenden y que cantan hasta la saciedad. Es en ese momento cuando surge la propuesta: ¿Y si realizamos nuestras propias canciones de rap?

La idea es recibida con gran entusiasmo, pero... ¿Qué sabemos sobre el rap?

En una de sus canciones, el rapero Nach (al que hacíamos referencia con anterioridad) definía la palabra RAP como un acrónimo de la siguiente manera: "R de Revolución, A de Actitud y P de Poesía". 

Después de todo, eso es lo que hemos hecho: revolucionar la forma en la que trabajamos la poesía en clase, partiendo de la motivación de nuestro alumnado para mejorar así su actitud ante el aprendizaje.



Así pues, lo primero en este proceso ha sido partir de estas canciones para conocer sus estructuras y sus rimas. Después de eso, hemos ahondado en los distintos tipos de rimas que existen, hemos jugado a buscar rimas con diferentes palabras - teniendo en cuenta que se debe rimar a partir de la última vocal acentuada, con todo lo que ello conlleva: reglas de acentuación, diptongos e hiatos, etc. -, y hemos trabajado algunos conceptos relacionados con la poesía como son el verso o la estrofa.

Una vez realizado todo este trabajo previo de acercamiento a lo que debemos saber para poder crear nuestras propias canciones, he compartido con mi alumnado algunos temas de rap que escribí antaño, para, posteriormente, buscar juntos una base instrumental sobre la que inspirarse para componer sus propias letras.


En este proceso de creación hemos estado trabajando últimamente, haciendo entre todos un rap conjunto en el que cada uno tiene una letra que ha escrito (a veces sólo, a veces con ayuda), la cual debe aprenderse; una letra que debe saber encajar dentro del tempo establecido para darle ritmo y musicalidad, además de saber en que momento les toca a cada uno entrar en la canción. Todos participamos, todos colaboramos.

El objetivo final es dejar grabado este rap para la posteridad, como fruto de su dedicación y esfuerzo, e invitarles a seguir trabajando en la composición de nuevas letras que sigan fomentando su gusto por las rimas desde una perspectiva diferente, la cual les acerque, conforme vayan creciendo, a un mejor entendimiento y a una mejor apreciación de las distintas obras poéticas literarias que deban estudiar, o que, simplemente, les apetezca leer o incluso escribir. 

Porque no toda la poesía se encuentra en los libros, sino que, a veces, vive en los discos y sale a la calle bailando al compás de una instrumental. Después de todo, las letras de las canciones no son más que poesía hecha melodía, y todos sabemos que la letra, con música, entra mejor.



¡Feliz Día del Libro! 


miércoles, 16 de marzo de 2016

El Maestro Espejo

Durante el trimestre pasado tuve el placer de asistir a una Jornada en la Institución Libre de Enseñanza cuyo título era "La Función del Profesor: Presente y Futuro", en la cual los ponentes invitados nos dieron a conocer cada uno su particular visión del rol de un docente del Siglo XXI a través de diferentes metáforas, y nos invitaron, a su vez, a encontrar nuestra propia metáfora al respecto.

En ese momento, plasmé por escrito una frase que se me vino a la cabeza: "El maestro como un espejo en el que su alumnado se quiera reflejar", y, desde entonces, vengo dándole vueltas a esa idea y en cómo poder desarrollarla para dejarla recogida en este blog.

En resumidas cuentas, dicha idea versa en torno al hecho de que, por regla general, nuestra función ha estado siempre demasiado ligada a todo lo relacionado con la transmisión pura y dura de contenidos, así como con la creencia de que todo aprendizaje que podamos ofertar siempre tiene que tener un referente curricular. Sin embargo, a menudo nos olvidamos de todo lo relacionado con el llamado currículum oculto, que hace referencia a todos aquellos aprendizaje que somos capaces de generar en el alumnado sin el hecho de proponérnoslo como objetivo curricular en sí, pudiendo llegar a ser mucho más influyente que cualquier lección.

Por lo tanto, no sólo tenemos que preocuparnos por los contenidos que enseñamos, sino también por las sensaciones que transmitimos; es decir, todo se resume en procurar ser un buen modelo de persona, pues no sólo se trata de enseñarles, sino de inspirarles, y en esta inspiración entra en juego un factor esencial: nuestra actitud.


En palabras de Victor Küppper, nuestros conocimientos y nuestras habilidades suman, pero es nuestra actitud la que multiplica y potencia todo lo que somos y todo lo que podemos llegar a ser. Y es que no es la primera vez que hago referencia a la importancia de la actitud en este blog, pero me parece una cuestión tan básica y tan fundamental que siempre está bien presente tanto en mis textos como en mi día a día.

Así pues, lo primero a tener en cuenta para ser un buena maestro espejo es situarse a la altura y a la distancia adecuada para estar al alcance de nuestro alumnado y que así puedan verse reflejados. Para ello, antes de nada, hay que romper cualquier tipo de barrera (a veces visible, a veces invisible) que pueda interponerse entre nosotros y el alumnado, como puede ser la organización del aula y de las clases, la falta de muestras de aprecio o el distanciamiento respecto a sus temas de interés.

Sin embargo, antes de poder derribar estas posibles barreras, debemos derribar cualquier tipo de prejuicio que tengamos respecto a las mismas. Me explico: si creemos que nuestro alumnado no tiene nada que aportarnos, rara vez le daremos la oportunidad de participar o de intercambiar ideas con nosotros, o si, por ejemplo, pensamos que las cosas que a ellos les motiva en su día a día carecen de algún tipo de interés estaremos perdiendo toda una gama de posibilidades para potenciar nuestras clases y su gusto por las mismas.

En mi práctica diaria he podido comprobar como, gracias a mis gustos y aficiones por temáticas como el dibujo, la animación, la música, los cómics o los videojuegos, he podido conectar muy fácilmente con mi alumnado y acercarme a sus centros de interés. En este sentido, no digo que debamos volvernos aficionados de todos estos ámbitos quienes trabajamos en educación, pero si estar abiertos a conocer sus intereses para tenerlos a nuestro favor y, a partir de los mismos, abrirles la puerta a otros nuevos campos y a nuevos aprendizajes.

Para ello, mostrarnos abiertos y receptivos es fundamental. A veces nos perdemos explicando lecciones sobre la importancia de la democracia al tiempo que monopolizamos los discursos del aula. Dar la oportunidad a proponer temas, actividades,  a compartir impresiones, a que nos enseñen y nos expliquen ellos cosas a nosotros, genera un buen clima de aula y de centro en el que ven que su propio mundo también tiene cabida en nuestras clases y no debe quedarse forzosamente aislado a la puerta de la escuela.

El siguiente paso para ser un buen maestro espejo es saber sacar a relucir el lado bueno de cada uno de los alumnos y alumnas que pase por nosotros, ya formen parte de nuestro aula o simplemente coincidamos con ellos por el centro. Al fin y al cabo, yo siempre digo que alumnos míos son todos, les de o no les de clase de manera directa, pues con todos ellos comparto un espacio común que nos une, y eso hace que no pueda establecer distinción.

El blog de Manu Velasco

En este caso, me parece de vital importancia cuidar el factor humano que, con las prisas y las presiones, a veces solemos olvidar. Cosas tan simples como dar los buenos días a los alumnos que se crucen contigo por el colegio, dedicarles una sonrisa, algún gesto de cariño y aprecio, un comentario cargado de buen humor o algunas palabras de aliento, cala más en ellos que toda una hora dedicada a explicar y resolver ejercicios, pues ahí les estamos reconociendo y dándoles importancia como personas que son, más allá de lo que se espera de ellos muchas de las veces, que es que callen y aprendan (o aprueben, mejor dicho).

Se tratan de pequeños detalles que no cuestan nada pero que aportan muchísimo al bienestar de nuestro alumnado. Así pues, una vez los hemos reconocidos, es decir, se han visto reflejados, no podemos quedarnos ahí. Como decíamos antes, ahora se trata de que saquen a relucir lo mejor de cada uno, o lo que es lo mismo, que sean conscientes de sus potencialidades y de sus virtudes, y empezar a valorarles en función de todo lo que pueden aportar.

Tal y como establece el autor Howard Gardner con su teoría de las Inteligencias Múltiples, no todos tenemos la misma manera de aprender ni tampoco destacamos todos en los mismos ámbitos. Por eso hay que saber mirar más allá de las calificaciones y de los resultados puramente académicos y ver que es lo mejor que tienen todos y cada uno de nuestros alumnos y alumnas, y hacérselo saber, tanto a ellos como a sus progenitores, para que lo puedan llevar a su máximo exponente y se le refuerce.

Sin embargo, este hecho tiene un reverso tenebroso, y es que podemos correr el riesgo de que un determinado alumno o alumna empiece a destacar más por lo negativo que por lo positivo y que no seamos capaces de apreciar ni de hacerle ver sus cualidades, reflejándole así una imagen distorsionada que tiende a retroalimentarse negativamente al más puro estilo profecía autocumplida.

Es innegable que los seres humanos tenemos una tendencia innata a emitir juicios de valor, pero en este caso nuestro buen hacer no puede verse eclipsado por un cristal empañado. Si el reflejo emitido no es el deseado quizás haya que variar la luz o buscar otra perspectiva que nos permita visualizar una mejor imagen, por muy difícil que pueda parecer a veces, pues nunca debemos caer en el error de dar un caso por imposible.

Es por todo ello que, ante nuestro alumnado, debemos mostrarnos siempre rectos y justos, a la par que cercanos y comprensivos. Mantener el equilibrio no es tarea fácil, y es por eso que, ante todo, tenemos que admitir que somos humanos y que a veces podemos obrar mal. En tal caso, reconocerlo y disculparse no nos resta autoridad, sino que nos da credibilidad al actuar con humildad dentro de un entorno donde parece que siempre debemos estar a otro nivel.

Esto puede verse a menudo en nuestra postura corporal, hablando a los más pequeños desde arriba en lugar de agacharnos y hablarles de frente, de tú a tú. Porque los niños no necesitan un jefe que les ordene y mande, sino que necesitan un líder que, desde su aventajada posición, les guíe y oriente en este difícil proceso que es la vida y del que la escolaridad forma una parte fundamental.

Es por eso que nuestro espejo debe despertar serenidad, simpatía, admiración y respeto. Nuestro espejo debe brillar lo máximo posible cada día a pesar de las circunstancias, pues de ello dependerá la imagen que nuestros niños y niñas recibirán de si mismo según se miren en nosotros. Porque tenemos un gran poder del que a menudo no somos consciente, y, en palabras de Spiderman, "un gran poder conlleva una gran responsabilidad", la responsabilidad de que el tiempo que un alumno o alumna comparta con nosotros sirva para que venga al colegio con ganas de sacar provecho a todas sus posibilidades de aprender y, además, de convertirse en personas de las que tú estarías orgulloso, y eso sería gracias a ti como maestro o maestra, pero también gracias a ti como persona.


sábado, 27 de febrero de 2016

"El adulto que aún era niño"

Hace poco volví a ver una película que a menudo visionaba en mi infancia por sus continuas reposiciones en televisión y porque era una película que nos encantaba a toda la familia. Esta película se titulaba "Big" y estaba protagonizada por el gran Tom Hanks cuando aún era tan solo una joven promesa del cine.

Si aún no la has visto o ya no la recuerdas, te recomiendo que le eches un ojo antes de seguir leyendo la presente entrada del blog, puesto que lo que aquí vengo a contar está muy relacionado con el entresijo de la trama y no quisiera estropearte nada del largometraje.

Así pues, cabe recordar que el argumento de nuestra película trata de un chaval que, cansado de ser un crío y de las desventajas que ello le conlleva, desea una noche hacerse mayor. Su sorpresa vendrá cuando amanezca al día siguiente y se vea transformado en un adulto, aunque por dentro no haya dejado de ser un niño.

Una vez adulto, nuestro protagonista tiene que buscar la manera de subsistir, y consigue un empleo en una tienda de juguetes donde su jefe empieza a ver en él un gran potencial para diseñar nuevos productos y anticipar el éxito o el fracaso de algunos que ya tenía en mente la empresa.

¿Cuál era el secreto de este empleado para ser capaz de dar lo mejor de sí en su trabajo? Fácil y sencillo: nunca había dejado de ser niño, aunque su aspecto físico dijera lo contrario.

Mientras que la empresa intentaba averiguar que productos se venderían mejor mediante extensos análisis de marketing y estudios estadísticos, el adulto que aún era niño lo miraba todo de una forma mas inocente y sencilla, donde lo más destacable eran las posibilidades que le aportaban ese juguete a su niño interior.

¿Y qué pasa con nuestro niño interior? ¿Lo tenemos en cuenta nosotros cuando trabajamos en Educación? Después de todo, no podemos olvidar, y más en nuestra profesión, que nosotros también una vez fuimos niños, y que parte de ese niño que fuimos sigue habitando dentro de cada uno de nosotros y de nosotras, aunque a menudo no lo veamos o no lo sepamos encontrar.

Estar en concordancia y sintonía con él nos ayudará a entender mejor a nuestro alumnado, actuando con la madurez de un adulto pero con el conocimiento de causa de un niño, un niño que tiene una forma de ver y comprender el mundo aún muy distinta a la nuestra, la cual, si queremos llegar realmente a ellos, no podemos obviar.

Nuestra posición privilegiada nos ofrece la oportunidad de conectar dos formas complementarias de vivenciar un mismo mundo, sirviendo de nexo para que las nuevas generaciones vayan adquiriendo nociones y experiencias respecto al mismo, y vayan forjando así una visión lo más completa, global y crítica posible de éste, pero siempre respetando sus ritmos y sus procesos madurativos.

Por lo tanto, esto no lo podemos hacer, ni mucho menos, construyendo la casa por el tejado, sino fijando fuertemente los cimientos, entendiéndose por estos el buen desarrollo del autoconcepto y de la autoestima, la buena gestión de las propias emociones y potenciando el afán por el conocimiento que todo niño y niña trae consigo de forma innata, ofreciéndole las herramientas, situaciones y estrategias adecuadas conforme a la edad o estadio del desarrollo en el que se encuentre.

Porque los niños y niñas tienen un fuerte deseo de conocer y explorar el mundo que les rodea, pero chocan de lleno con la manera en la que nosotros le queremos enseñar. Debemos tener en cuenta que no podemos limitarnos a dar explicaciones al respecto desde nuestra posición de adulto lógico y analítico, sino que tenemos que situarnos a su nivel de comprensión y entendimiento, mucho más activo y experimental, para, desde ahí, ir construyendo los distintos aprendizajes.

Así pues, debemos entender que el error es un factor fundamental para que se produzca el aprendizaje, y penalizarlo con mensajes negativos (que a menudo se convierten en descalificaciones hacia el propio alumno y hacia su trabajo realizado) no es la mejor manera de proceder, pues lo idóneo sería reconocer el esfuerzo hecho por el alumno y animarle a superarse a sí mismo porque estamos convencidos de que puede hacerlo mucho mejor.

Recordad, además, que en nuestro afán por ejercer con esmero nuestro rol de adulto, a menudo confundimos conceptos, y al término madurez le acoplamos la definición de serio y de rígido, cuando la madurez realmente es un grado que nos brinda la oportunidad de afrontar la vida como adultos sin perder de vista al niño que fuimos, sabiendo disfrutar de la misma como tales.

Porque la Educación no tiene por qué ser sinónimo de aburrimiento ni de monotonía, porque podemos hacer que nuestras clases sean mucho más atractivas tanto para nuestros discentes como para nosotros mismos si conocemos de antemano qué temas les atrae y qué cosas les motiva, y porque, como pasaba en el caso de nuestra película, a menudo ocurre que una intuición basada en el saber generado por la propia experiencia (y, en nuestro caso, reforzado por la diferente formación recibida) vale mucho más que un sinfín de documentos escritos por personas que lo observan todo desde la grada y establecen conclusiones sin bajar al terreno de juego.

En nuestra mano queda al final, de manera directa, la responsabilidad de dar a nuestro alumnado una atención lo más completa y acorde posible. Por lo tanto, una vez en el aula, cuando tengas al alumnado frente a ti, y te dispongas a proceder, no olvides preguntarte si el niño o niña que fuiste un día estaría orgulloso del maestro o maestra que has llegado a ser. Y recuerda que, si no encuentras la respuesta, no tienes más que echar un vistazo a tu interior.


miércoles, 20 de enero de 2016

Press Start

Últimamente estoy leyendo bastantes noticias que hablan de los aspectos positivos de los videojuegos y de su posibilidades en Educación. Sin embargo, hasta hace bien poco, y como normal general, el mundo de los videojuegos ha estado sufriendo un tremendo bombardeo por parte de los medios de comunicación y de otros colectivos que los demonizaban como el origen de todos los males que acontecen en nuestra sociedad.

Mentiría si os dijera que la idea de escribir sobre este tema me llega a partir de estos hechos, pues llevo ya tiempo pensando en escribir una entrada al respecto en la que poder reflejar mis propias experiencias y mis propias reflexiones sobre el mismo.

Lo primero de todo es decir que siempre he sido un apasionado de los videojuegos (gamer es el término que se utiliza hoy día para definirlo), y desde bien pequeño he invertido tiempo de ocio en ello, ya fuera solo o en compañía de algún familiar. Recuerdo perfectamente que en mi casa supervisaban siempre los videojuegos a los que jugaba, y además se interesaban en saber de qué iban o qué me parecían.

Con el tiempo ese rol fue cambiando, ya que, al crecer, era yo quien jugaba junto a mi hermano pequeño, al tiempo que iba guiándole en este mundillo y también tenía control sobre que videojuegos jugaba y me interesaba sobre que impresión le ocasionaban.

Fue por entonces cuando, por primera vez, reflexioné sobre todo lo que mi hermano pequeño estaba aprendiendo gracias a esos videojuegos, aunque aún estaba demasiado anclado en el concepto de enseñanza tradicional que estaba yo recibiendo como para plantearme si quiera la posibilidad de incorporarlos al aula.


Sin embargo, hoy en día lo miro con retrospectiva y reflexiono al respecto, y debo decir que los videojuegos tienen un gran potencial latente que podemos incorporar a nuestro trabajo en clase:

- Nos dan la posibilidad de aplicar el razonamiento lógico en la resolución de puzzles y acertijos.

- Aumentan nuestra capacidad de atención y de concentración, y además mejora nuestra velocidad de reacción.

- Nos obliga a generar respuestas rápidas y eficaces ante situaciones nuevas e inesperadas.

-Nos ayudan a aprender de los errores y a enmendarlos para alcanzar nuestro objetivo.

- Debemos interpretar mapas y buscar atajos o caminos ocultos para poder orientarnos en el juego y que no se nos escape nada.

- Se fomenta la lectura comprensiva al tener que estar atentos a los mensajes que aparecen en pantalla o que otros personajes nos trasmiten, para actuar o responder en consecuencia. Es más, en mucho de los casos, estos videojuegos vienen en otro idioma (mayormente en inglés) y gracias a ello también mejoramos nuestra competencia lingüística en lengua extranjera.

- Muchos de ellos narran grandes historias que nos acercan al gusto por la literatura, y además, en muchas ocasiones, los videojuegos guardan relación con diferentes campos del conocimiento como son la historia, la ciencia o el arte, lo que ayuda a aumentar la motivación por estas ramas del saber.

- Tenemos que aprender a administrar recursos y cantidades numéricas, ya sea con dinero ficticio dentro del juego o mediante un sistema de puntos que vayamos consiguiendo y que podamos cambiar por mejoras o bonificadores, además de tener que estimar tiempos y calcular distancias mentalmente.

- Debemos interpretar, establecer y recodar patrones, además de memorizar pistas o códigos.

- Nos brinda la oportunidad de conocer nuevos mundos con los que poder desarrollar la imaginación y la creatividad, además de poder empatizar con sus diferentes personajes y con sus emociones.

- Nos motiva a querer superarnos constantemente y a afrontar nuevos desafíos, gracias a unos niveles de dificultad que aumentan progresivamente conforme el jugador avanza en el juego.

- Ofrecen modos multijugador con los que poder vivir una experiencia compartida, ya sea mediante una sana competición o mediante la cooperación para alcanzar un objetivo común.


Es por todo ello que, en mi práctica docente, utilizo este recurso para trabajar distintos contenidos educativos, ya sea como eje central de la actividad, como un aspecto complementario o, simplemente, como refuerzo positivo ante una buena conducta y un trabajo previo bien realizado.

No obstante, sé que siempre existirán detractores al respecto, cuyos argumentos en contra rondarán en torno a los tópicos generados a lo largo de tantos y tantos años debido a las malas referencias sufridas, como comentaba al comenzar esta entrada: que si fomentan la violencia, que si produce adicción, que si alteran a los niños, etc.

En este sentido, creo que el foco no debería ponerse en torno a qué jueguen o no con videojuegos, sino sobre qué videojuegos son los que juegan. Tal y como hacía mi madre conmigo o hacía yo con mi hermano, todo está en tener constancia de a qué se está jugando y controlar los tiempos que se emplean en el uso de los videojuegos para un ocio compartido y equilibrado.

Además, hoy en día docentes y familias disponen a su alcance de un sencillo código basado en el sistema PEGI, el cual se incluye en la parte trasera de las carátulas de los videojuegos y que nos informa sobre su adecuación o no para nuestros estudiantes o nuestros hijos, pues, al igual que en el cine o en la televisión, cada elemento tiene su edad correspondiente, y es parte de la responsabilidad del adulto el saber mediar entre el menor y el producto que va a consumir.

Por otra parte, existen también diferentes softwares desarrollados únicamente con fines educativos que también podemos incorporar a nuestras clases y a nuestros hogares. En este sentido contamos con la ventaja de que están directamente pensados y diseñados con un fin didáctico y estructurados según etapas y edades. Sin embargo, tiene la desventaja de que, a veces, cuando un juego está demasiado orientado y condicionado por un contenido concreto, pierde ese efecto de cautivar y de generar aprendizajes de forma espontánea, que es uno de los mayores alicientes que tienen los videojuegos en sí.

Por lo tanto, lo ideal siempre es hacer un buen uso de ambos tipos de videojuegos, combinado con otras actividades tanto lúdicas como instructivas, que ofrezcan en su conjunto un amplio número de experiencias diversas para contribuir al desarrollo completo e integral de la persona.

Porque no sólo se trata de jugar con videojuegos, se trata de divertirse con ellos, de aprender de ellos y de exprimir al máximo todas sus ventajas para tenerlos como un potente aliado y no como un enemigo a batir. Así que, ya lo saben, si quieren comenzar: Press Start!