martes, 22 de noviembre de 2016

"Libres de Texto"

Como si de una trilogía se tratase, y después de haber dedicado una entrada a la sobrecarga tanto de deberes como de extraescolares a la que se enfrentan a diario nuestros chicos y chicas, y otra entrada dedicada al lastre que supone a menudo la burocracia en nuestra profesión, vengo a cerrar la saga con una nueva entrada centrada en otro elemento muy cuestionado en lo que a Educación se refiere: El Libro de Texto.

Y es que cada vez son más las voces críticas que piden una seria reflexión sobre este recurso didáctico de uso tan extendido y al que a menudo todos los que formamos parte de los centros educativos nos vemos subordinados.

Siempre recordaré el día en el que, haciendo un apoyo dentro de una clase de tercero de primaria, surgió un debate muy interesante a raíz de una lectura colectiva que hicimos. Sin embargo, la maestra tutora interrumpió el debate (una actividad con la que alumnos y alumnas estaban participando de manera activa, guardando los turnos de palabra, haciendo razonamientos, expresándose de manera oral e intercambiando argumentos) para pedirles que se limitaran a hacer las actividades que venían en el libro. Tras esa situación, recuerdo que le comenté en privado que me parecía mucho más interesante el debate que surgió a raíz de la lectura que responder a las preguntas que el libro de texto había establecido sobre la misma, y la respuesta fue que "hay que terminar el libro".

Simplemente demoledor.

Resulta que nuestro papel como docente se ha limitado a ser meros ejecutores de lo dispuesto por una determinada editorial, la cual ya ha planificado el ritmo del curso y los contenidos a desarrollar, y ya parece que con hacer eso los niños van a aprender sin más.


Y ojo, porque pienso que no es algo que los que nos dedicamos a este trabajo hagamos a conciencia, sino que es algo que, como esta maestra que os comentaba, la cual es un encanto de persona, lo tenemos tan asumido que, sencillamente, ni siquiera nos planteamos que puede haber otras formas de trabajar en clase sin depender de forma exclusiva del libro de texto.

Porque nunca debemos olvidar que el libro no deja de ser otro recurso didáctico más entre tantos otros, y que en ningún momento se trata de darle una patada al mismo, sino de saber moderar su uso y adecuarlo a las diferentes circunstancias y necesidades que puedan plantearse en clase.

Al fin y al cabo, nosotros, profesionales de la Educación, somos quienes debemos tomar el mando sobre los aspectos pedagógicos y metodológicos a aplicar en nuestras aulas y reflexionar sobre nuestra propia práctica docente, sin delegar decisiones de tanta importancia en las manos de cualquier editorial.

Pero claro, también está el handicap de los altos costes que estos libros conllevan para la familia, para las cuales supone aún más si cabe tirar el dinero cuando dichos libros no se llegan a finalizar o quedan incompletos.

Así pues, frente al despropósito de los gobiernos de turno que constantemente cambian las leyes educativas a su antojo y el despropósito de las editoriales que constantemente "renuevan" los libros para asegurarse el negocio y los beneficios, proponemos que, desde las escuelas, se incentiven los bancos de recursos y se disponga de una amplia biblioteca de libros de texto en las aulas para poder utilizarlos cuando sea conveniente sin que cada familia tenga que desembolsar bárbaras cantidades de dinero en tanto material.

De esta manera también evitaremos tanto peso innecesario a las espaldas de nuestros alumnos y alumnas, las cuales sufren y se resienten, y dejaremos de presentar al libro como una carga en nuestra vida escolar para pasar a presentarlo como una interesante fuente de aprendizaje.


Porque, reconozcámoslo, a nuestros chicos y chicas les encanta ojear el libro de texto y asombrarse con sus curiosidades, pero aborrecen tragarse horas y horas de escucha pasiva o de resolver actividades que no le aportan nada. Frente a esto, siempre podemos darle la vuelta al asunto y proponer planes de trabajo o realizar proyectos en clase donde haya que indagar sobre diferentes temas para resolver los retos planteados.

El recurso sigue siendo el mismo, pero el enfoque es mucho más activo, creativo y motivador.

Después de todo, somos nosotros, docentes, quienes tenemos que marcar la diferencia.

Somos nosotros quienes tenemos que romper las cadenas.

Seamos como Daenerys Targaryen.

Seamos Libres de Texto.

miércoles, 19 de octubre de 2016

"Cuando los árboles no te dejan ver el bosque"

Si en la anterior entrada de mi blog quise aportar mi propia visión sobre el debate de los deberes y las actividades extraescolares, poniendo de manifiesto la gran sobrecarga que supone para nuestros niños y niñas, hoy vengo a romper una lanza en favor de los docentes y de la gran carga burocrática que a menudo tienen que soportar.

Es bien sabido que los que nos dedicamos a la enseñanza tenemos la mala fama de disfrutar de un trabajo sencillo y sin muchas complicaciones, pero nada más lejos de la realidad. Porque no se trata tan sólo de impartir clases - si bien el concepto de "impartir clases" también es digno de debate -, sino que debemos abordar además un sinfín de documentos meramente burocráticos cuya vida real va a ser quedar relegados a un cajón del escritorio a una carpeta del pendrive, y no porque los documentos con los que trabajamos no sean importantes, sino porque en muchos de los casos resultan poco operativos y su vida útil es realmente escasa debido a que cada poco tiempo se ven sometidos a una serie de cambios en concepto y formato, fruto del ir y venir de un sinfín de leyes educativas, las cuales están más centradas en intereses partidistas que en una mejora real de la Educación.

 En ese sentido, la siguiente viñeta es bastante ilustrativa:


Creo que a veces nos perdemos tanto entre propuestas, programas y planes que olvidamos lo más fundamental de nuestra profesión: atender a nuestro alumnado. Porque si estamos en este trabajo es por ellos y para ellos, porque son ellos quienes dan sentido real a nuestra profesión, y cualquier diseño de actividad que hagamos no puede tener como objetivo el impecable reflejo de la misma en un documento escrito, sino el de un correcto desarrollo que contribuya al aprendizaje y disfrute de nuestros discentes. 

Sin embargo, nos vemos tan abrumados a menudo por esta causa que, siguiendo el tópico, son los propios árboles los que nos impiden ver el bosque.


Cierto es que una buena actuación pedagógica pasa por una buena planificación de la misma. Después de todo, antes de abordar cualquier actividad que nos propongamos debemos tener bien claro por qué la hacemos y que es lo que pretendemos aportar con dicha actividad, ya sea dentro del plano curricular de cada curso o materia, o bien sea a nivel transversal para todo el ciclo, toda la etapa o todo el centro escolar.

Porque no es nuestra intención poner en tela de juicio las bondades de tener bien programada nuestra intervención, sino la saturación y el encorsetamiento al que muchas veces nos vemos sometidos en este sentido dentro de unos ritmos lectivos cada vez más frenéticos, unas ratios cada vez más elevadas y unos currículos escolares cada vez más inflados que, en muchos de los casos, dejan entre la espada y la pared cualquier buena propuesta que, al no ser urgente, acaba perdiendo prioridad.

Al fin y al cabo, el diseñar planes, programas y propuestas debería servir para facilitar el proceso de enseñanza-aprendizaje, y no al contrario. No se trata de estar ahogados entre competencias clave y estándares de aprendizaje, sino de disponer de una guía de trabajo diseñada en función de nuestra realidad y adaptada a la población que vamos a atender, la cual nos permita generar la respuesta educativa más adecuada para contribuir al buen desarrollo de nuestro alumnado.

Cualquier otra propuesta que queramos hacer (Proyectos de Centro, Planes de Lectura, Planes de Mejora, etc.) debe estar siempre orientada y enfocada a contribuir a la mejora de nuestra práctica educativa, y no a convertirse en otro lastre más, haciendo que las bondades de su puesta en marcha resulten altamente atractivas y motivadoras para toda la comunidad educativa, de manera que genere la suficiente implicación en su desarrollo y no se quede sólo en redactar documentos llenos de palabras pero faltos de convicción.

No es cuestión de rellenar documentos por mero protocolo, sino de establecer hojas de ruta repletas de cuestiones prácticas y pedagógicas que poder llevar al aula.

Porque nuestro trabajo nos brinda la oportunidad de hacer grandes cosas con los chicos y chicas que pasen por nuestras aulas, y debemos siempre poner el acento en su bienestar presente y futuro, lo cual implica que sean más las facilidades que los inconvenientes que se establecen a la hora de abordar con éxito nuestra labor. En dicho sentido, disponer de tiempos, espacios y recursos suficientes nos ayudará a poder crear propuestas viables, atractivas y enfocadas a un aprendizaje real y no a llevar a rastras un currículo a menudo inalcanzable.

Sin embargo, falta que las personas que dirigen la Educación desde un despacho ajeno a la escuela entiendan que no se trata de programar al gusto de quienes hayan diseñado la ley educativa operante en dicho momento, sino que, partiendo de sus orientaciones y propuestas curriculares, y apoyando desde las instituciones las propuestas coherentes de innovación educativa, contemos con la suficiente autonomía en los centros para programar teniendo como prioridad a nuestro alumnado, pues es con ellas y ellos con quienes realmente tenemos que cumplir en nuestro día a día.


¡Que los árboles nos nos impidan ver el maravilloso bosque que tenemos ante nosotros!



sábado, 1 de octubre de 2016

¿Vivimos para trabajar o trabajamos para vivir?

Durante este mes de septiembre la popular marca Ikea nos ha sorprendido a todos con un original anuncio televisivo que saca a relucir una cuestión educativa sobre la que se viene debatiendo cada vez con más fuerza. 

Para quienes no lo hayáis visto, el spot en cuestión es el siguiente: 


Con un toque de humor familiar que busca empatizar con el cliente, este anuncio tiene un eslogan demoledor que, en los tiempos que corren, vale la pena destacar: "Merecemos menos deberes y más cenas en familia".

El hecho de que dicho lema nos resulte tan llamativo es porque pone en tela de juicio dos variables que influyen de forma directamente proporcional en nuestros niños y niñas: el tiempo que se comen los deberes (donde nosotros, además, vamos a tener en cuenta la masificación de extraescolares) y el tiempo que cada vez se pierde más de estar en familia.

Empecemos por la primera cuestión a debate, que radica en el término "deberes", sobre el cual existen tanto argumentos a favor como argumentos en contra. 

Normalmente, por regla general, siempre se han defendido los deberes como una forma de crear un hábito de trabajo en los niños y niñas, para así hacer que sean responsables y puedan afianzar conocimientos dados por la mañana en clase. 

Sin embargo, cada vez son más las voces, tanto de profesionales como de familias, que ponen en cuestión esta práctica tan arraigada en nuestra sociedad. En primer lugar, porque los deberes se establecen como un trabajo que, de forma heterogénea, debe realizar todo el alumnado, sin tener en cuenta ni sus propias necesidades ni sus capacidades personales o su particular estilo de aprender. Además de ello, estos suelen basarse en tareas mecánicas y repetitivas que no buscan un fin en concreto más que el de llenar el tiempo de por las tarde continuando lo empezado por la mañana o el de completar los ejercicios de un determinado libro de texto y sólo porque lo dice ese mismo libro de texto, siendo este otro debate sobre el que más adelante en otra futura entrada me gustaría indagar.

El caso es que no tiene nada de malo que nuestros alumnos y alumnas dediquen parte de su tiempo libre a afianzar aprendizajes, sino que además es totalmente recomendable, porque no existe un único espacio ni un único tiempo para aprender, y en la interacción con el día a día es donde más significado gana cualquier cosa que desde la escuela queramos enseñar.

Es por ello que, tal y como refleja el anuncio que veníamos analizando, participar en las tareas del hogar es una forma de asentar algunos contenidos de una forma práctica y cercana, como puede ser realizar la lista de la compra, seguir una receta o dividir a partes iguales porciones en la mesa. 

En este sentido, si desde la escuela queremos ayudar a fomentar verdadero aprendizaje en las tardes de nuestro alumnado, debemos potenciar que indaguen e investiguen sobre algún tema que les sea de su interés o que tenga relación con algo visto en clase, que recojan información que les puedan proporcionar personas cercanas para luego compartirla en clase, que redacten algún texto significativo o que compartan con nosotros el libro que por propia voluntad se estén leyendo, sin que ninguna de estas actividades le resten tiempo a su ocio y a su juego, elementos de vital importancia en el desarrollo social y emocional de cualquier discente. 


Sólo en caso de que veamos que un determinado alumno o alumna necesita invertir un pequeño tiempo extra por las tardes para poder afianzar algún aprendizaje que se le resista o para poder finalizar algo que se le quedó pendiente en la mañana, propondremos actividades más específicas y personalizadas que pactaremos, siempre que sea posible, con su familia, para que ésta entienda la necesidad de dicha práctica y podamos colaborar mutuamente sin que esto les pueda suponer una sobrecarga importante que, lejos de compensar dificultades, sólo sirvan para ampliar una brecha ya producida en la escuela que desde el hogar, ya sea por falta de tiempo o de recursos, no puedan atender.

Y digo sobrecarga importante porque, a día de hoy, los deberes se han convertido en la mayoría de nuestros hogares en algo tedioso que roba mucho más tiempo de infancia del que se debería permitir, traduciéndose en desmotivación por parte del alumnado y en malestar general en el ambiente del hogar.

Es por ello que, en caso de que veamos oportuno encomendar alguna tarea para casa, esta deba estar bien definida, equilibrada y argumentada, e intentar siempre contar con altas dosis de significatividad y comprensividad.

Sin embargo, como decíamos al inicio de este post, existe otra variable a tener en cuenta a la hora de continuar con este debate, y no es otra que la del numeroso tiempo empleado en un sinfín de actividades extaescolares.

Cierto es que la oferta de actividades que un determinado alumno o alumna puede realizar durante las tardes es casi ilimitado: escuela de idiomas, conservatorio de música, clases de apoyo, deportes, etc. La cuestión es saber donde radica el límite entre una actividad extraescolar que le de una formación extra y le sea de su agrado y una actividad extraescolar que le sea tediosa y no le sirva más que para tener tiempo ocupado.


En este sentido, el gran peso de la responsabilidad recae en las familias, pues son quienes toman las decisiones a este respecto, debiendo para ello tener en cuenta, por un lado, que actividad extra puede ser la más beneficiosa o recomendable para su hijo o hija, partiendo de sus capacidades y de sus intereses generales, y por otro, en que grado dichas actividades afectan al tiempo libre  del que, como decíamos anteriormente, todo niño y niña debe disponer para ser lo que son: niños. 

Sin embargo, se está produciendo un fenómeno social cuanto menos curioso, donde los adultos tenemos nuestro tiempo cada vez más saturado de quehaceres y vivimos a un ritmo cada vez más frenético y estresante, y estamos introduciendo a nuestros chicos y chicas en esa misma dinámica sin pararnos a reparar quizás en lo perjudicial que puede ser tanto para ellos como para nosotros mismos.


Es por eso que, como bien reza el anuncio que veníamos comentando, merecemos pasar más tiempo en familia, disfrutar de nuestro hogar en conjunto, compartiendo nuestro día a día, aprendiendo juntos con las tareas cotidianas y con el juego colectivo, hablando de como nos fue la jornada y dejando de lado, aunque sólo sea por ese breve momento,cualquier otra preocupación que una sociedad insana nos quiera imponer.

Al y al cabo, creo que no digo ningún disparate si me atrevo a afirmar que, a nosotros, personas adultas y trabajadoras, nos agobia tener que llevarnos trabajo a casa. Más que nada, porque tenemos un lugar de trabajo y unas horas que dedicamos en el mismo a realizar nuestros quehaceres, y que lo de llevarnos el trabajo a casa es algo que solemos hacer si vemos que se nos queda algo pendiente o que no podemos terminar en nuestra jornada laboral (si bien, dentro de la profesión docente, sí que se contempla que tenemos que invertir cierto número de horas a la semana fuera de nuestra jornada en preparar las clases o corregir materia pendiente).

Para finalizar, me gustaría remitiros a otro vídeo que, bajo el título de "lo haces y punto", realiza un curioso experimento sobre todo el tema que venimos debatiendo: 


Y ahora, después de saber todo esto, acuérdate siempre de preguntarte: "¿vivimos para trabajar o trabajamos para vivir?". Una vez tengas tu respuesta, no te olvides de actuar en consecuencia. 


viernes, 2 de septiembre de 2016

"Septiembre sin opción a repetir"

Como cada año, el paso de Agosto a Septiembre significa para todos los que nos dedicamos a la Educación la vuelta a los centros escolares para afrontar el nuevo curso que se nos presenta. Sin embargo, para muchos de nosotros, como es mi caso, Septiembre nunca es sinónimo de volver. Y es que la vida del Interino tiene ciertas peculiaridades que hacen que cada verano nos veamos sometidos a la más perversa de las incertidumbres, y ya no es sólo estar en el limbo a la espera de lo que nos deparará el destino el próximo curso. Existe una variable que nadie de los que asignan nuestros destinos parece cuestionarse, y que, a menudo, es la que más debería importarnos: "¿qué pasa con los alumnos y alumnas que cada año se ven sometidos, sin ningún criterio pedagógico, a toparse con un docente distinto, con sus distintas tablas y su particular forma de entender la Educación?"

En todos nuestros centros existen grupos de alumnos y alumnas abocados durante una gran parte de su vida escolar a ser los principales afectados por el vaivén de maestros y maestras que pasan por sus clases sabiendo que su situación en la misma viene ya marcada, desde un primer momento, con fecha de caducidad.

En algunos casos esto incluso puede ser positivo, si se trata de que el grupo y el docente no han tenido buena relación, pero en la mayoría de las veces lo que ocurre es que se rompe toda una metodología de trabajo y un buen clima de aula por no establecer ningún criterio de continuidad al profesorado interino que haya desempeñado con notable éxito su labor y haya sabido ganarse a su alumnado.

Y en esta tesitura es la que me hallo yo, después de que el curso pasado, siendo por fin mi primera vacante completa para todo un año escolar, coincidieran equipo directivo, claustro, alumnado y familias en la buena estima del trabajo por mi parte realizado y lo ventajoso que sería que pudiese continuar en el mismo centro otro curso más.

Porque al final quienes toman las decisiones no son quienes están al pie del cañón, y es por eso que ahora, al llegar de nuevo Septiembre, me encuentro sin opción a repetir.

Ahora toca volver a empezar de cero en otro colegio, volver a conocer a las personas que lo componen: compañeros, familias, alumnado, personal laboral, etc., y volver de nuevo a esa fase de adaptación inicial que tanto resta a la fluidez con la que podría iniciarse un curso cuando ya conoces de qué va la función. 

El lado bueno que se puede extrapolar de todo esto es que, por allá por donde pasas, vas dejando una importante e imborrable huella en quienes han compartido contigo parte de este ajetreado recorrido.

Es por eso que, para finalizar, quiero compartir con todos vosotros la carta de despedida que, a modo de acertijo, dediqué a los chicos y chicas con los que tuve la suerte de coincidir el pasado curso escolar.

Porque, como bien dice la canción, se hace camino al andar. Sigamos caminando. Sigamos llenando nuestra mochila de experiencias.



"Con la llegada del último día de clase quiero plantearos el acertijo más difícil de todos. Este acertijo no es como ninguno de los que habéis resuelto anteriormente, aunque seguramente todos los resueltos anteriormente os servirán para enfrentaros a este.

Lo cierto es, si os soy sincero, que no se trata de un acertijo con una única respuesta válida, ya que las respuestas posibles son tan amplias y distintas como personas hay en el planeta. Por eso, cada uno de vosotros y vosotras tendrá que encontrar el camino que ha de seguir para poder resolver su propio acertijo personal, pues este acertijo no es nada más y nada menos que la vida misma.

Por lo tanto, a ti, que me estás leyendo, quiero darte todo mi apoyo y todos mis ánimos para nunca te pierdas en tu constante caminar.

Recuerda todo lo que has aprendido este año, recuerda como has ido progresando a lo largo del curso, y recuerda también como has sido capaz de ir resolviendo los diferentes retos planteados, con constancia y paciencia, usando tu cabeza, tu ingenio, tus destrezas, tu creatividad y tu imaginación.

Reflexiona sobre aquello que podrías haber hecho mejor, pues todos tenemos derecho a equivocarnos, pero también la obligación de que eso nos sirva de lección.

Piensa en los buenos momentos que has vivido gracias al colegio, piensa en las cosas que te hicieron sonreír y piensa en todas las personas que son importantes para ti. Quizás no siempre puedas verlas, pero has de saber que siempre estarán ahí.

Por mi parte, debo decirte que ha sido un auténtico placer conocerte y poder compartir contigo este curso escolar. Me llevo conmigo muy buenos recuerdos de los momentos vividos, por lo que quiero darte las gracias por haber contribuido en que mi tiempo en este colegio haya sido tan especial.

Ahora no se a donde me llevarán mis pasos, no sé si tendré que marcharme o podré continuar, pero la vida es, como decíamos previamente, un constante caminar, y en ese recorrido agradezco enormemente que nos hayamos podido encontrar.

Por eso mismo te pido que jamás te rindas en el camino, pero si tómate tu tiempo cuando quieras descansar, que andar a lo loco y sin rumbo a veces puede dar resultado, pero siempre es mejor pararse a pensar en cuál es la dirección que queremos y debemos tomar.

Recuerda que no se trata de ninguna competición, que tu única meta debe ser siempre hacer de cada día un día importante y especial, por lo que no tengas demasiada prisa por querer avanzar, construye paso a paso tu futuro y permítete el lujo de disfrutar durante tu recorrido, sin perder nunca ni el horizonte ni el compás.

            Para finalizar, quiero despedirme con un fuerte abrazo, y desearte que pases un verano fenomenal. Cuídate y quiérete mucho, recuerda siempre lo que vales, sé feliz y ayuda a los demás. Trabaja duro en lo que quieres, esfuérzate siempre por dar lo mejor de ti, y nunca, nunca, dejes de soñar.

                                                                               ¡HASTA SIEMPRE!
                                                                                                                  
                                                                                         Jesús Pereira
                                                                                  (21 de Junio de 2016)"


lunes, 20 de junio de 2016

"Somos Infinitos"

Llega el final del curso escolar, y en mi caso, el final de otra etapa en mi carrera docente y el principio de una nueva que vuelve a venir marcada por una borrosa nube de incertidumbre. Por suerte este año he podido disfrutar de mi primer curso completo con vacante en un mismo centro escolar, y la verdad es que ello te ofrece una perspectiva única que va desde el inicio hasta el final, con todas las vivencias y aprendizajes que ese período conlleva.

Los comienzos nunca son fáciles, ya que suponen un nuevo período de adaptación marcado por la nostalgia de los centros escolares que tienes que ir dejando forzosamente atrás en tu camino. Sin embargo, poco a poco, con esfuerzo, implicación y entrega, me fui haciendo un hueco en este nuevo centro escolar que me acogía, hasta el punto de sentirme una pieza clave del mismo, no sin antes haberme manchado en el barro y haber sentido tambalear peligrosamente la base que sustenta mi sentido de la vocación.

Supongo que a veces las victorias que mejor se saborean son aquellas que más nos ponen a prueba, y en mi caso debo decir que todo el esfuerzo invertido ha tenido una respuesta tan amplia y emocionante que siento que ya formo parte de algo grande y especial.

Toda esta reflexión viene porque, a veces, me aterra la idea del olvido, es decir, que todo lo que has vivido de forma tan intensa se pierda en el tiempo como lágrimas en la lluvia, más cuando tus condiciones laborales no te dan ninguna continuidad y tienes que estar yendo de un lado a otro a volver a empezar.

Sin embargo, en esta recta final mi perspectiva al respecto se ha vuelto mucho más optimista, y ello se debe al haber podido comprobar que, tanto alumnado como familias de mis anteriores centros, todavía se alegran e ilusionan al verme aparecer y dejan patente, con palabras y gestos, el buen recuerdo que aún conservan del tiempo que pasamos juntos y sus ganas de volverme a tener en su cole otra vez.

Eso mismo está pasando ahora mismo en mi centro educativo actual, y es que el vínculo que he llegado a crear con los alumnos y alumnas del mismo (sean o no sean de mis grupos) ha sido tan intenso que siento que esto se extiende mucho más allá de lo estrictamente escolar. Y es que, tal y como yo lo concibo, la docencia no es sólo una profesión, sino una forma de vida, es decir, somos maestros 24 horas, maestros que no sólo deben limitarse a dar una lección, sino que deben ser ejemplo y poner en cada momento compartido con su alumnado toda su pasión.


Así pues, creo que nuestra función debe extenderse mucho más allá de lo puramente curricular, ya que para que se produzca verdadero aprendizaje primero debemos empatizar, saber escucharles, estar dispuestos a dialogar, establecer entre todos que tipo de escuela queremos, saber definir las metas que queremos alcanzar, priorizar necesidades cuando éstas se presenten y estar siempre dispuestos a ayudarles en su formación, no sólo escolar, sino como ciudadanos y ciudadanas libres con mucho que aportar a la sociedad. 

En definitiva, volvemos al concepto de "Maestro Espejo" sobre el cual ya he escrito con anterioridad, y es que reconocerles y valorarles como personas me parece siempre que es el primer paso fundamental que debemos dar, para luego poder implicarles de lleno en su proceso de aprendizaje, un proceso que debe estar ligado lo máximo posible a alguna necesidad vital para que cobre mayor significatividad.

Además de ello, y como diría el gran David Bowie, siempre podemos ser héroes por un día, con pequeños gestos y detalles que les haga sentirse especial, que pueden ir desde regalarles dibujos o palabras de aliento hasta interesarte por alguna de sus actividades extraescolares (deporte, danza,...) y asistir a algún evento que les sea importante para mostrarles apoyo, o realizar juntos alguna actividad fuera del contexto puramente escolar, como puede ser salir fuera del cole a desayunar, siendo esto algo que yo elijo hacer de forma totalmente voluntaria con todo el amor docente que puedo aportar, pues me siento parte de ellos, y siempre es un honor poder verles disfrutar.


En este sentido, son ellos y ellas, con su cariño y sus detalles, quienes me salvan la vida cada día. Y es que la vida se mide por momentos, y la importancia de cada momento se mide por su intensidad, así que yo, ni corto ni perezoso, no he dejado pasar ni una sola oportunidad de involucrarme en todo tipo de experiencias educativas que me pudieran y les pudiera aportar algo más, como puede ser el establecer la costumbre de resolver un acertijo diario que les hiciera pensar, argumentar y razonar, o también el haberme implicado en todo tipo de actividades programadas en el centro como son el día del libro, el carnaval, el viaje de fin de curso o pasar una noche durmiendo dentro de la escuela antes de acabar.

Se trata de generar vivencias que vayan más allá del realizar deberes y estudiar, se trata de fomentar encuentros, de invitarles a participar, de hacerles sentir protagonistas de su escuela, y de que puedan ver y comprobar que tienen maestros y maestra a los que les importan y que cuando lo necesiten les van a escuchar y a aconsejar. 


Es por todo eso, que llego a la conclusión de que, aunque como maestros tengamos fecha de caducidad, el legado que dejamos se extiende más allá de los límites del tiempo y perdura para la eternidad. Porque lo que se graba en la cabeza tiende a borrarse, pero lo que se graba en el corazón rara vez se va a olvidar, pues se nos graba bien a fuego todo aquello que nos ha llegado a emocionar.

Así pues, como ya es costumbre en este blog, vuelvo a parafrasear al gran Nach con aquello de que "Lo que motivó el comienzo fue que las vidas que presencio no merecen el silencio". Sin embargo, este comienzo, por muchos parones y nuevos arranques que encuentre en el camino, jamás conocerá un final, pues, como bien reza el título de esta entrada, inspirado esta vez en la frase final de la película "Las Ventajas de ser un Marginado",...

"Somos Infinitos".


Gracias a todos los que me han acompañado y apoyado durante todo este proceso, compañeros y compañeras de profesión, familias y familiares, amistades y alumnado. 



sábado, 28 de mayo de 2016

"Conspirar - Inspirar"

Hace justamente una semana participábamos en el II Encuentro de Conspiración Educativa de Segovia, encuentro que, pese a su breve trayectoria, se está convirtiendo en todo un referente en lo que respecta a la renovación pedagógica de nuestra sociedad.


¿Y cuál es la formula de su éxito? La respuesta es bien sencilla: Radica en las ganas y la ilusión con las que la organización prepara todo el evento y vela por su correcto desarrollo, caracterizándose por estar plenamente abierto a cualquier persona que quiera participar o que tenga algo que aportar, así como por dar la oportunidad de que los asistentes no tengan que estar debatiéndose sobre las ponencias o los talleres en los que quieren estar, pues en lugar de plantear disyuntivas que restan la posibilidad de abarcar todo lo que nos gustaría, vamos todos y todas a una con un único programa de experiencias, las cuales suman diferentes planteamientos y puntos de vista, todos tan importantes como necesarios.


En este sentido, cabe destacar que se haya contado, además de con profesionales de la Educación en diferentes ámbitos e inmersos en distintos proyectos, con representantes de las familias, pues es clave que, si queremos realizar un profundo cambio en nuestra forma de entender y de abordar la Educación, lo hagamos contando con toda la Comunidad Educativa, siendo para ello las familias un pilar esencial que a menudos tendemos a obviar.

Después de todo, tal y como reza el lema de este II Encuentro, "el cambio será colectivo o no será". Porque, tal y como pudimos comprobar en el desarrollo de tan intensa jornada, puede que todos y todas fuéramos diferentes personas venidas de diferentes lugares que abordan de diferente manera la forma de ejercer la Educación, pero todos y todas teníamos en común unos principios básicos y unos planteamientos esenciales en los que se amparaban nuestras actuaciones dentro o fuera del aula, y es la idea de que nuestro mundo, tal y como lo conocemos, necesita de un cambio profundo y vital que esté mucho más acorde a lo que el nuevo siglo nos va a deparar.

Porque no es la primera vez que defendemos el hecho de que no podemos seguir planteando la Escuela en términos de un modelo de vida y sociedad que ya quedó atrás. Sin embargo, como bien debemos saber, cualquier cambio que consideremos necesario no podrá generarse de un día para otro. Todo proceso amplio y complejo requiere de su debido tiempo para asentarse y desarrollarse, trabajando de forma conjunta por ello con paso firme, sin prisa pero sin pausa.

Por lo tanto, podemos ir siempre al arrastre de lo que las "grandes mentes" ajenas a la Educación quieran hacer con ésta, o podemos tomar las riendas de nuestra vida, establecer puentes, crear vínculos, y cabalgar juntos por las sendas más acordes a nuestra forma de entender y sentir este ámbito tan vital al que dedicamos cuerpo y alma. Porque invertir en una auténtica mejora de la calidad de la Educación es invertir en una posterior mejora de la calidad de vida y de la sociedad, formando personas críticas, con juicio ético y concienciadas de la gran importancia que tienen nuestros actos y nuestras decisiones en el bienestar común y en la futura sostenibilidad de nuestro planeta.

Se trata de perder tiempo para ganar tiempo, porque avanzamos a contrarreloj, y las grandes masas de contenidos curriculares nos abruman a menudo y no nos dejan pensar con claridad. Es por ello que disponer de estos tiempos y estos espacios para conspirar (a menudo tan difíciles de encontrar por la sobrecarga de burocracia que se nos impone y por el frenético ritmo de vida que solemos llevar) nos ayudan a fortalecernos mutuamente y nos inspiran para continuar.

Ese es el proceso, conspirar - inspirar, es decir, nutrirnos de ideas y experiencia en un ambiente respeto y calor mutuo para transformarlas dentro de nuestro organismo en nuevas propuestas y proyectos que devolvemos al exterior dentro de nuestro entorno de acción. Porque, como dice un proverbio árabe, "gota a gota se llena el río", y es en nuestro espacio cercano donde podemos empezar a transformar, con paciencia y resiliencia, lo que creemos y consideramos que debe mejorar, y para ello necesitamos de cabeza, corazón y manos, muchas manos. Cuántas más, mejor.

Construyamos juntos la utopía. Mejoremos juntos la Educación.


sábado, 23 de abril de 2016

"R.A.P., con P de Poesía"

Hoy es el Día del Libro, y quienes me vengáis siguiendo desde los comienzos sabréis de sobra que tengo como costumbre publicar cada año una entrada en el blog con motivo de este tema.

Ya el año pasado os hablé de aquellos otros libros que a veces nos pasan desapercibidos, sin darnos cuenta de que esconden un gran potencial. Igualmente, también os hablé en otra entrada anterior sobre la importancia de la Música en la Educación y todo lo que ésta es capaz de aportar.

Por lo tanto, en esta ocasión, y siguiendo un poco la tradición de inspirarme en canciones de Nach para darle título a mis publicaciones, parto de lo compartido en ambas entradas previas para explicaros un pequeño proyecto que he estado llevando a cabo con mi alumnado durante el presente curso:

Hasta la fecha, estamos acostumbrados a que se nos educe para ser consumidores de cultura - o consumidores, a secas, en el peor de los casos -, pero... ¿qué pasa si nos proponemos dejar de ser sujetos pasivos y comenzamos a crear?

Todo empieza cuando mis alumnos de apoyo de quinto curso me hablan de su gusto por las canciones de rap que escuchan en youtube, las cuales están relacionadas con el mundo de los videojuegos, canciones que se aprenden y que cantan hasta la saciedad. Es en ese momento cuando surge la propuesta: ¿Y si realizamos nuestras propias canciones de rap?

La idea es recibida con gran entusiasmo, pero... ¿Qué sabemos sobre el rap?

En una de sus canciones, el rapero Nach (al que hacíamos referencia con anterioridad) definía la palabra RAP como un acrónimo de la siguiente manera: "R de Revolución, A de Actitud y P de Poesía". 

Después de todo, eso es lo que hemos hecho: revolucionar la forma en la que trabajamos la poesía en clase, partiendo de la motivación de nuestro alumnado para mejorar así su actitud ante el aprendizaje.



Así pues, lo primero en este proceso ha sido partir de estas canciones para conocer sus estructuras y sus rimas. Después de eso, hemos ahondado en los distintos tipos de rimas que existen, hemos jugado a buscar rimas con diferentes palabras - teniendo en cuenta que se debe rimar a partir de la última vocal acentuada, con todo lo que ello conlleva: reglas de acentuación, diptongos e hiatos, etc. -, y hemos trabajado algunos conceptos relacionados con la poesía como son el verso o la estrofa.

Una vez realizado todo este trabajo previo de acercamiento a lo que debemos saber para poder crear nuestras propias canciones, he compartido con mi alumnado algunos temas de rap que escribí antaño, para, posteriormente, buscar juntos una base instrumental sobre la que inspirarse para componer sus propias letras.


En este proceso de creación hemos estado trabajando últimamente, haciendo entre todos un rap conjunto en el que cada uno tiene una letra que ha escrito (a veces sólo, a veces con ayuda), la cual debe aprenderse; una letra que debe saber encajar dentro del tempo establecido para darle ritmo y musicalidad, además de saber en que momento les toca a cada uno entrar en la canción. Todos participamos, todos colaboramos.

El objetivo final es dejar grabado este rap para la posteridad, como fruto de su dedicación y esfuerzo, e invitarles a seguir trabajando en la composición de nuevas letras que sigan fomentando su gusto por las rimas desde una perspectiva diferente, la cual les acerque, conforme vayan creciendo, a un mejor entendimiento y a una mejor apreciación de las distintas obras poéticas literarias que deban estudiar, o que, simplemente, les apetezca leer o incluso escribir. 

Porque no toda la poesía se encuentra en los libros, sino que, a veces, vive en los discos y sale a la calle bailando al compás de una instrumental. Después de todo, las letras de las canciones no son más que poesía hecha melodía, y todos sabemos que la letra, con música, entra mejor.



¡Feliz Día del Libro!