viernes, 25 de enero de 2019

Análisis de una propuesta inclusiva

El reciente anuncio por parte del Gobierno actual de promover un traspaso paulatino de un considerable número de alumnas y alumnos de la Educación Especial al modelo de escolarización ordinaria ha generado un sinfín de reacciones de lo más variadas en toda la comunidad educativa.

Como ya explicaba en mis redes sociales cuando se conoció esta propuesta, "Los centros de Educación Especial, en su planteamiento teórico, están diseñados para dar respuesta como última opción al alumnado con el que hemos agotado todas las medidas posibles en su centro de referencia. Sin embargo, cada vez hay más alumnado con necesidades educativas especiales que acaba en la Educación Especial por una serie de brutales recortes en recursos educativos y por unas ratios masificadas, que van en detrimento de una atención de calidad en los centros ordinarios, haciendo que resulte muy complicado ofrecerles la atención que necesitan".

Por lo tanto, la primera consigna a tener en cuenta en este sentido es que, por mucha bondad con la que se quiera llevar a cabo este proceso, no se trata única y exclusivamente de cambiar el espacio físico en el que se van a encontrar este alumnado de un tipo de centro escolar a otro, pues eso no sería más que volver hacia atrás a un sistema precario de integración.


Si realmente se quiere apostar por una escuela de verdad inclusiva, hay que potenciarlo desde la base, desde una voluntad férrea y certera de querer invertir en una sociedad también inclusiva, lo que implica garantizar una educación de calidad a todo el alumnado, sin distinción, y ello pasa por destinar todos los recursos personales y materiales necesarios (y cuando digo todos, digo TODOS, con mayúsculas), sin escatimar para nada en gastos, y sin permitir la existencia de un sistema paralelo de escolarización que se subvencione con dinero público pero que sí tenga la postestad de seleccionar y, por tanto, de segregar, a su alumnado.

Este hecho no significa que tengan que desaparecer los centros de Educación Especial, nada más lejos de la realidad, pero sí quizás modificar nuestro enfoque hacia los mismos. Hace cerca de un año que escribía en este mismo blog, desde mi particular punto de vista como docente que realiza su trabajo en este tipo de centro, sobre "el desconocido mundo de la Educación Especial", post que recomiendo leer encarecidamente si se quiere tener una visión más amplia y completa sobre todo lo que concierne a la presente polémica. 

No obstante, no debemos olvidar que la diversidad es una característica inherente del ser humano, y ésta no puede entenderse sólo en materia de discapacidad. Asentar las bases de una escuela inclusiva no es sólo dar respuesta a este alumnado, sino fomentar un espacio de acogida, de respeto mutuo y de aceptación de las diferencias de todas las personas, sin distinción.

Es más, también hubo una entrada en este blog denominada "necesidades educativas no tan especiales", donde rompíamos una lanza a favor de entender que las necesidades de cualquier alumno o alumna no son tan distintas como a menudo nos puede parecer. Creo firmemente que muchas de las metodologías, recursos o propuestas pedagógicas que a priori están pensadas para nuestro alumnado específico también favorecería con creces el proceso de enseñanza- aprendizaje de cualquier otro discente, y el hecho de que ambos tipos de alumnado compartan experiencias escolares comunes desde un espacio realmente inclusivo y acogedor ayudaría a derribar un sinfín de barreras y a desterrar mitos y tabúes que nacen de la ignorancia y crecen en el desconocimiento.


En dicho sentido, especial mención debemos realizar sobre el acoso que a menudo reciben en sus centros de referencias los alumnos y alumnas que en nuestros centros de Educación Especial encuentran un refugio (lo cual no significa que en nuestros centros específico no puedan producirse también dichas prácticas). Es otro matiz sobre el que debemos trabajar e insistir para garantizar el bienestar de dicho alumnado, pues si el argumento para el cambio de modalidad educativa es que ahí "va a estar mejor", así sin más, hay algo en lo que seguro estamos fallando como sistema.

Y es que, como ya os decía al inicio de esta entrada, lo que en teoría debería ser siempre la última opción posible cuando se han agotado el resto de posibles medidas para dar una respuesta acorde a las necesidades existentes, últimamente es más contemplada como la puerta de salida de todos aquellos alumnos y alumnas que "nos sobran" en los centros ordinarios, bien porque no tengamos los conocimientos pedagógicos o los recursos necesarios para atenderles adecuadamente (comprendo la frustración e impotencia de muchos y muchas docentes ante este tipo de situaciones), o bien porque nos falten fuerzas, energías, paciencia, y, en el peor de los casos, la voluntad de querer atenderles. 

También debemos desterrar el mito de que los centros de Educación Especial son la panacea y allí van a tener todos los recursos que se necesitan, pues desgraciadamente también solemos encontrarnos desprovistos de todos los recursos materiales y personales necesarios para realmente ofertar una respuesta adecuada y de calidad (los recortes en presupuesto educativo no hacen distinción en este aspecto), por lo que nos limitamos a hacer lo mejor que podemos con lo que buenamente tenemos, que ojo, es mucho.

No obstante, sigo creyendo que nuestros centros específicos son unos grandes desconocidos para la comunidad educativa y para el conjunto de la población en general, y me parece importante que las personas que van a dedicarse al ámbito de la Educación pasen una temporada por estos centros para conocer su realidad, así como fomentar experiencias compartidas entre centros ordinarios y centros específicos, abriendo así poco a poco paso a una sociedad más respetuosa, acogedora e inclusiva, pues las personas a las que atendemos en nuestros colegios son también parte de la ciudadanía, aunque a menudo lo lleguemos a obviar. 

Para finalizar, decir que ya en la Comunidad de Madrid se promovió una Iniciativa Legislativa Popular sobre una escolarización más inclusiva que nos marcaba el camino a seguir. Después de todo, considero que es importante que se plantee una escuela más inclusiva, pero para ello resulta de vital importancia un firme compromiso para dotar a la misma de los recursos necesarios para responder a sus necesidades y cambiar el enfoque rígido y puramente academicista de la escuela tradicional por uno más centrado en la persona y en su desarrollo completo e integral, y, mientras que esto no sea una realidad, los centros de Educación Especial seguiremos jugando un papel fundamental.


lunes, 31 de diciembre de 2018

Reflexiones antes de Navidad

He estado dándole muchas vueltas a la idea que quería compartir con vosotros y vosotras en este post durante el último mes, un mes que, por regla general, suele tener una agenda bastante apretada entre final de trimestre, preparaciones festivas y compromisos variados, lo que ha generado que la publicación de esta entrada haya ido retrasándose a lo largo del mismo hasta llegar a la presente fecha en la que nos disponemos a despedir el año 2018 y dar la bienvenida al 2019.

Sin embargo, no quería yo terminar el mes de diciembre sin reflejar tales reflexiones, pues creo que van muy asociadas a este mes y a todo lo que implica.

Y es que diciembre es, queramos o no, el mes de la Navidad, una festividad que, en mi opinión, ha traspasado desde hace mucho tiempo su frontera de fecha elegida para rememorar un hecho religioso - y digo elegida porque ya sabemos que fue una forma de amoldar las nuevas celebraciones cristianas a las que ya existían anteriormente con carácter pagano -, y se ha implantado como una tradición que compartimos todos y todas a nivel familiar y/o social.

Casualmente, al volver a casa para pasar las fiestas en mi ciudad natal, Ceuta, me he encontrado con que se ha colocado este cartel en un espacio significativo de la localidad, y digo casualmente porque creo que encaja muy bien con la idea que vengo a defender:


Yo, por un lado, he crecido en el seno de una familia cristiana que me ha educado en una serie de enseñanzas, creencias y valores acordes a ello. Sin embargo, con el paso del tiempo, he ido alejándome de la parte de las creencias, pero no así de las enseñanzas y los valores que se me inculcaron, tales como el compartir, el acoger, el respeto mutuo o el amor al prójimo, sin condiciones (cuestiones morales básicas, a mi entender).

Por otro lado, he nacido en un punto geográfico, situado entre dos mares y dos continentes, donde confluyen en un pequeño espacio de tierra diferentes culturas, hecho que muchas personas abordan desde la simple coexistencia, pero que, para muchas otras, ha supuesto una oportunidad para la convivencia, para el encuentro y para el aprendizaje mutuo.

Después de todo, siempre he defendido el papel enriquecedor de la diversidad.

La suma de estos hechos ha generado que, cuando se ha celebrado la Navidad en mi casa, haya habido ocasiones donde hemos compartido dicha celebración con personas allegadas de otras creencias, al igual que yo he tenido la suerte de poder participar en otro tipo de celebraciones religiosas propias de otras culturas con las que he convivido en esta ciudad.

No seré yo quien compare o exponga como deben trabajarse de cara al resto de la sociedad otras festividades ajenas a las que, por cultura, se me han inculcado, pero sí que puedo decir que, la Navidad, como festividad destacada tanto en el mundo occidental como en la hegemonía de los contenidos de carácter audiovisual que consumimos, está presente en nuestras ciudades, en nuestros barrios y también en nuestros centros educativos, pues estos no dejan de ser un reflejo de la sociedad que les rodea, por lo que no pueden permanecer aislados de la misma.

Nuestros y nuestras discentes, sean de la cultura que sea, vivencian la Navidad en el día a día fuera del entorno escolar. La Navidad inunda las calles, las televisiones y los comercios, se convierte en algo socialmente significativo, y nosotros y nosotras, como profesionales del mundo de la educación, tenemos que atender a las inquietudes de nuestro alumnado y dar respuesta a todo aquello que les pueda ser significativo.

La Navidad, a nivel pedagógico, nos ofrece un espacio para trabajar valores como los ya nombrados con anterioridad en este post, además de la convivencia, la coeducación o la educación en la diversidad, y también para potenciar los aspectos que nos unen y desmentir esos tópicos que nos enfrentan y nos dividen.

Como país y como cultura de acogida, creo que tenemos el deber de generar espacios de encuentro y de inclusión, y propiciar que cualquier persona pueda - no que deba -  participar de las tradiciones y las costumbres que estamos celebrando.

No me valen argumentos como "es que eso en otros países no lo harían" o eso de diferenciar entre "lo nuestro" y "lo ajeno" como si nos separase un muro infranqueable, porque, si no recuerdo mal, en los valores en los que se me educó se hablaba de todo ello, del acoger, del no juzgar, del no diferenciar, del compartir de manera desinteresada, y con este tipo de acciones, en un mundo cada vez más plural y globalizado, tenemos la oportunidad de preparar a nuestros descendientes para que éste sea cada día mejor.


¡Felices fiestas!


De todas y todos.


Para todas y todos.


¡Y próspero año 2019!

jueves, 29 de noviembre de 2018

"Face to Fake"

Hay últimamente un tema que cada vez empieza a preocuparme más por la notable influencia que ejerce sobre nosotros y por la rapidez con la que se puede llegar a extender. 

Cierto es que, como hemos señalado ya anteriormente en este blog, actualmente nos encontramos inmersos en un Mundo Digital que, si bien nos abre las puertas a multitud de conocimientos y de posibilidades, no deja de tener también un lado oscuro, el de la desinformación, que se presenta ante nosotros a menudo bajo el nombre de las bautizadas fake news.


Durante el pasado verano, se habló mucho de la propuesta de crear una asignatura en los centros de enseñanza secundaria de nuestro país para prevenir al alumnado ante la proliferación de este tipo de falsedades, cuyo mayor eco y repercusión se produce gracias a lo fácil que nos resulta compartirlas en redes sociales o en aplicaciones de mensajería, sin que a menudo nos paremos a cuestionar o a valorar lo verídico de dicha información. 

Sin embargo, no creo que sólo nuestros y nuestras jóvenes sean quienes deban estar prevenidos ante este tipo de prácticas, pues es algo que me encuentro a menudo día tras día tanto en mis redes como en conversaciones de personas adultas.

Quizás el gran poder que tienen la fake news es el de calar lo más hondo posible a través de nuestros prejuicios, nuestras ideas y nuestras emociones. Las fake news se cuelan en nuestra mente abriéndose paso a través de lo visceral, de removernos por dentro ofreciéndonos aquello que queremos leer u oír para confirmar así nuestras creencias o reafirmarnos en nuestros argumentos, en unos tiempos donde, lejos de haber avanzado, muchos y muchas siguen creyendo que todo lo que salga en las redes o los medios es, por ende, la verdad.

Tampoco se les puede culpar de ello deliberadamente, porque la mayoría no fueron educados para eso (o quizás, simplemente, no pudieron acceder a una educación), y también tienen que familiarizarse con todos estos nuevos avances tecnológicos para los que tal vez no estaban preparados, pero sí que se hace fundamental tomar medidas al respecto.


Es, por tanto, que no sólo creo necesario el que se trabaje en nuestros centros educativos la prevención ante la posverdad, sino que, además, hay que seguir insistiendo en que tenemos la gran responsabilidad de fomentar en nuestro alumnado el pensamiento crítico, el uso de un debate asertivo, o la construcción de la propia identidad y del propio ideario en torno a argumentos sólidos y veraces, y de valores como el respeto y la tolerancia.

En los tiempos que corren, se hace realmente necesario enseñar a nuestros alumnos a alumnas a contrastar toda la información que llegue a sus manos o a sus oídos, a no dejarse llevar por la inercia colectiva de alimentar o de extender el bulo, y a dudar de todo, incluso de lo que nosotras y nosotros mismos les podamos hacer llegar, cuestión por la cual como asignaturas como ética o filosofía cobran una importancia fundamental.


Además, hay que concienciar también sobre las dimensiones que tiene toda nuestra actividad en internet, sus consecuencias directas o indirectas y sobre un uso adecuado de las tecnologías de la información y de la comunicación, las TIC.

Es por ello que nosotros y nosotras, como personas adultas que somos, tenemos que empezar a educar no sólo con nuestra palabra, sino también con nuestro ejemplo, actuando de forma sensata y coherente en nuestras redes sociales y en nuestra vida diaria, siendo conscientes y responsables de los consecuentes que genera el que demos por hecho ciertos datos o hechos y participemos en su proliferación, pues no debemos olvidar que, con estas malas prácticas, estamos contribuyendo a distorsionar el verdadero conocimiento, ese que, en teoría, queremos que nuestros aprendices y/o descendientes alcancen. Además, y quizás aún más preocupante, alimentamos emociones tan negativas como el odio, el rechazo, el miedo, la frustración, la intolerancia o, incluso, la violencia.

Por lo tanto, cada nueva noticia falsa que compartamos, cada nueva información dudosa a la que demos divulgación, será otro ladrillo que, al igual que en la canción de Pink Floyd, añadiremos al muro, ese muro que, poco a poco, cada vez nos separa más y más.

Os dejo, para finalizar, un fragmento de la novela 1984, de George Orwell sobre el que gustaría que reflexionaseis. Quizás os parezca una exageración, pero es un poco hacía lo que camina, si no lo remediamos, nuestra vigente sociedad, hacia un malestar colectivo y manipulado que se provoca y se contagia de manera irremediable. En nuestra mano está el evitar esta distópica realidad:

"Lo horrible de los Dos Minutos de Odio no era el que cada uno tuviera que desempeñar allí un papel sino, al contrario, que era absolutamente imposible evitar la participación porque era uno arrastrado irremisiblemente. A los treinta segundo no hacía falta fingir. Un éxtasis de miedo y venganza, un deseo de matar, de torturar, de aplastar rostros con un martillo, parecían recorrer a todos los presentes como una corriente eléctrica convirtiéndole a uno, incluso contra su voluntad, en un loco gesticulador y vociferante. Y, sin embargo, la rabia que se sentía era una emoción abstracta e indirecta que podía aplicarse a uno u otro objeto como la llama de una lámpara de soldadura autógena".

lunes, 5 de noviembre de 2018

Primera Persona del Plural

Dice la filosofía Ubuntu que "yo soy porque nosotros somos, y dado que somos, entonces yo soy". 

Sin embargo, a menudo pasa que, en esta sociedad tan frenética e individualista, se genera una tendencia implícita a que nos olvidemos de casi toda esta frase y a que solamente nos quedemos en el "yo".


Es por ello que hoy vengo a poner de manifiesto la importancia de reinvidicar la primera persona del plural, tanto en la sociedad en general como, de manera más especifica, en nuestros entornos educativos en particular.

Es más que sabido que, desde los centros escolares, tenemos el deber de formar al alumnado no sólo para ser parte de esta sociedad, sino también para transformarla y mejorarla, y para ello tienen que comprender la importancia de sus actos y sus acciones, y la dimensión y consecuencias que éstas puedan llegar a alcanzar.

Sin embargo, eso no es algo que se aprenda mediante un algoritmo o método concreto, sino que va a depender de múltiples factores y de su propia experiencia vital, una experiencia sobre la que la escuela y las personas que la conformamos jugamos un papel esencial.

Si en la anterior entrada ya os hablaba de lo fundamental que resulta el sumar para restar y restar para sumar, en la presente quiero hacer especial hincapié en la imperiosa necesidad de escapar del clásico individualismo que durante tantos años ha marcado la función docente (mi aula, mi asignatura, mi tutoría, mi alumnado, mi clase...) para posicionarse en una perspectiva mucho más diversa y plural, una perspectiva donde ya no sólo hagamos equipo con los compañeros y las compañeras de ciclo, de departamento o de nivel, o donde no sólo seamos responsables de los chicos y chicas que asisten a nuestra clase, sino donde entendamos que un centro educativo funciona de verdad cuando las personas que lo conformamos, con nuestras semejanzas y nuestras diferencias, con nuestros roles y nuestras funciones, trabajamos al unísono colaborando en un clima de cordialidad, compañerismo y respeto mutuo. 

Cómo dice un proverbio africano, "para educar a un niño hace falta la tribu entera", pero ese educar no sólo se limita, como alguna vez hemos referido ya en este blog, al acto consciente de enseñar, sino que también lleva implícito todo el proceso de aprendizaje que se produce de manera inevitable en la convivencia diaria (aquello que se conoce como currículo oculto), y es por ello que nuestra actitud y nuestro buen ejemplo resultan esenciales en dicha tarea.

Además, el trabajar todos y todas a una no sólo va a influir en la buena atmósfera del centro, sino que además nos puede ayudar a unificar criterios, líneas de trabajo o cuestiones metodológicas que van a acompañar a los y las discentes a lo largo de toda su vida escolar, como, por ejemplo, el proceso de aprendizaje de la lectoescritura, o la forma de ejecutar las restas con llevadas, los análisis sintácticos, etc.

Y no sólo eso, sino que ante determinados casos más concretos, como puede ser ante la presencia de alumnado con necesidades educativas específicas, buscaremos unificar criterios y formas de proceder para que todos y todas ofrezcamos una respuesta común acorde a su necesidad y así evitar situaciones donde cada persona actúe según su propio parecer.

Y es que, queramos o no, como bien dice la filosofía Ubuntu que dio comienzo a este post, no existe un yo si no hay una primera persona del plural que lo haga posible.

Porque el ser humano es un ser social, porque vivimos y crecemos en comunidad, y porque, ni nuestras aulas pueden seguir estando cerradas y ajenas a lo que pasa en el resto del centro,  ni el centro puede permanecer aislado de su entorno y del contexto social donde puede incidir y sobre el que debe trabajar.


Sal de ti mismo.

Colabora.

Coopera.

Conecta.

Construye.

¡Seamos!



sábado, 20 de octubre de 2018

"Sumar para restar. Restar para sumar"

A menudo pasa que, en el imaginario común, se concibe el trabajo que se desarrolla en los centros escolares como una tarea sencilla que no requiere de mucha preparación personal. 

Sin embargo, esta concepción peca de no tener en cuenta que, al igual que pasa en nuestra sociedad, la escuela es un entorno complejo donde entran en juego múltiples factores y variables que no siempre sabemos ver, entender o gestionar.

Es por ello que me parece importante pararse a reflexionar sobre como, desde nuestro peculiar punto de vista, seamos alumnado, profesorado, equipo directivo, familia o personal laboral, podemos contribuir a mejorar el clima y el buen ambiente de trabajo en nuestros centros. 

Para eso, hay que tener en cuenta la paradójica frase que da título a esta entrada, pues de eso se trata, de sumar para restar, y de restar para sumar, de manera que ambos procesos reviertan en una mejora de nuestros contextos educativos y, por ende, de la calidad de nuestro trabajo y de la respuesta educativa que, mediante este, ofrecemos.

De este modo, si sumamos esfuerzos, si cooperamos desde la empatía y el respeto mutuo, si compartimos recursos o si prestamos nuestra ayuda desinteresada, por pequeña o grande que pueda ser, estaremos restando momentos de descoordinación, de frustración o de sentirse solo, perdido e incomprendido en el entorno escolar.

Por otro lado, si restamos problemas y rencillas personales, si restamos carga burocrática o nuestra propia rigidez, si desterramos erróneos y malos pensamientos o rumores sensacionalistas, si evitamos que nuestros prejuicios y nuestras "mochilas" puedan lastrar nuestro buen hacer o enturbiar el ambiente de trabajo, sumaríamos actitudes positivas y buena predisposición para ejercer de la manera más óptima posible nuestra labor y generaríamos espacios acogedores donde a todos y a todas nos guste asistir, compartir y participar. 

Después de todo, no deja de ser un proceso cíclico donde lo positivo que sumamos nos ayuda a restar, y esta misma resta es la que nos ayuda a seguir sumando, a seguir mejorando.

Al fin y al cabo, en eso debería consistir el proceso educativo, ¿no? En crear un ambiente de aprendizaje propicio para nuestro alumnado y, ¿por qué no? También para nosotros y nosotras como personas adultas que participamos en él y que tenemos la responsabilidad de hacerlo posible, así que no lo olvides, valora desde tu posición que puedes hacer para sumar, valorar que es lo que necesitas restar, y ponte manos a la obra.

Restemos inconvencientes.

Sumemos posibilidades.

Trabajemos todos y todas de manera conjunta por una Educación de calidad. 



miércoles, 26 de septiembre de 2018

"Abre tus aulas y echa a volar"

Este pasado fin de semana tuvo lugar la Escuela de Verano que organiza el colectivo Escuela Abierta, en Getafe; un evento que ya marca una fecha señalada al comienzo de cada nuevo curso escolar.

En esta ocasión, la temática que se abordó durante este encuentro educativo fue la de los cuidados en la escuela, un tema sobre el cual ya había escrito yo una vez en este blog a raíz de un evento similar celebrado en 2017 en Segovia de la mano de Conspiración Educativa, y me honra mucho saber que dicho texto al que di forma por aquel entonces ha tenido una gran acogida y repercusión durante el desarrollo de esta última jornada.


Quizás esto mismo haga pensar que, como es un tema sobre el cuál ya he reflexionado con anterioridad a través de esta plataforma, no tenga mucho más que aportar, y en parte no faltaría razón, pero me sigue pareciendo una cuestión de vital importancia a tener en cuenta en nuestra realidad escolar cuando los tiempos que corren nos imponen cada vez con más presión unos modelos frenéticos y totalmente deshumanizados.

Este hecho hace que, por poner el foco sobre, en mi opinión, un concepto erróneo de excelencia y sobre la competitividad y la productividad ante todo, se pierda de vista la importancia del bienestar social y personal. Tal y como se nos comunicaba durante el desarrollo del encuentro, "hay cuidados que descuidan", y creo que eso es lo que ocurre cuando, por querer cuidar ciertos aspectos a los que damos importancia en la sociedad actual, olvidamos atender aquello que realmente resulta importante y esencial.


En este sentido, parafrasenando también lo hablado durante el fin de semana, "hay que saber diferenciar entre los cuidados por compasión y los cuidados por equidad", es decir, salir de aquel concepto unidireccional y vertical por el que entendemos el hecho de cuidar y centrarnos en un plano más holístico e inclusivo, un plano donde todas y todos tengamos cabida, y que realmente atienda a la diversidad que nos es inherente en nuestra condición de seres humanos.

Y es que debemos dejar de entender la diversidad únicamente como sinónimo de necesidades educativas especiales, y comprender que abarca mucho más, que abarca múltiples maneras de ser, de sentir, de proceder, de aprender, de amar, etc. 

Es un hecho sobre el que se quiso poner especial hincapié durante el transcurso del fin de semana, pues aceptar que la diversidad es una característica básica y enriquecedora de nuestra sociedad es el primer paso para que todas y todos nos cuidemos en un marco de convivencia y de respeto mutuo.


Así pues, fue un placer poder compartir este espacio junto a mis compañeras del grupo de Atención a la Diversidad de Acción Educativa, junto a las cuales tomamos un papel activo formando equipo y destacando la importancia de los cuidados en el campo educativo que nos une bajo el paraguas de este paradigma que venimos defendiendo.

Se trata de un grupo de personas maravillosas con el que me siento ampliamente cuidado en la inmensidad de esta gran ciudad que tan bien te acoge pero que, a la vez, tan perdido te puede hacer sentir estar.

Después de todo, se trata de romper ese concepto de la persona docente (y no docente también) como una isla perdida y remota, que debe enfrentarse en solitario a los designios de un extenso, caprichoso y a veces peligroso mar.


Únete.

Cuídate.

Cuídales.

Forma archipiélagos.

Toma la llave.

Abre las cerraduras.

Rompe las barreras.

"Abre tus aulas y echa a volar"



viernes, 7 de septiembre de 2018

Mismo destino, nuevas sensaciones

Septiembre ya ha llegado y, tras un necesario periodo de descanso y desconexión en mi tierra natal, toca afrontar con ilusión y entusiasmo un nuevo curso escolar; un nuevo curso donde, tras algunos años de intentos fallidos de continuar en el colegio donde hubiera ejercido el curso anterior, repito en el mismo centro educativo de manera consecutiva, pues es el centro que ya me ha sido asignado como destino definitivo ahora que, después de haber afrontado el proceso opositor en varias ocasiones, por fin tengo mi plaza.

Eso hace que por fin pueda dar continuidad al trabajo comenzado el año anterior, algo que siempre he echado en falta desde que empecé a desarrollar mi labor docente como maestro interino en la Comunidad de Madrid, teniendo la sensación de que siempre dejaba a medias todo lo iniciado año tras año en cada nuevo destino en el que me tocaba estar.

Lo peor de todo esto, como ya he defendido en otras ocasiones, es que ello repercute, en muchos de los casos (salvo en algunas ocasiones en las que, por desgracia, se trata más de un alivio que de una perdida), en la calidad de la atención educativa que se les presta a los chicos y chicas que conforman nuestros centros, pues que tengan continuidad con sus personas de referencia significa que ya se parte de un entorno de confianza y de un conocimiento mutuo que ayuda mucho a que, tanto el trabajo a desarrollar como las relaciones personales que de esta interacción se generan, fluyan de una manera mucho más cercana y natural, partiendo todas las partes de una base previa. 

Es por ello que estoy realmente contento con poder seguir este año trabajando con parte del que fue mi grupo durante el curso anterior, y de disponer ya de un espacio propio acondicionado para ellos y para dar la bienvenida a los nuevos miembros que lo van a conformar.

Además, me parece una gran suerte poder seguir contando en mi equipo de trabajo profesional con algunas personas con las que ya he tenido el gusto de trabajar y colaborar de una manera muy eficaz, implicada y positiva, además de compartir centro con muchas otras personas con las que, aunque no trabaje directamente, me alegra mucho poder contar. 

En definitiva, espero que este nuevo año sea otra oportunidad para seguir creciendo, aprendiendo y mejorando, para seguir cumpliendo metas, alcanzando objetivos y para ofrecer a mi alumnado lo mejor de mi persona en todo momento en estrecha colaboración y cooperación con el resto de personas que conforman nuestro colegio y nuestra comunidad, contribuyendo con ello al buen clima de centro y poner así mi granito de arena para hacer que éste sea un lugar donde a todos y a todas nos guste estar. 

¡Feliz comienzo de curso a todas y a todos!

¡Y todo mi apoyo para quienes este año tenéis que volver a opositar!