jueves, 9 de abril de 2015

Aprendiendo a conducir

Hola a todos, me llamo Jesús y tengo 11 años de carnet, pero no ha sido hasta este año 2014-2015 que me he dado cuenta de que estoy aprendiendo a conducir. Sí, como lo leen, estoy aprendiendo conducir 11 después de haber obtenido el carnet y después de 11 años manejando mi turismo.

Quizás sea porque, hasta la fecha, la mayor parte del tiempo me he limitado a mover mi vehículo por mi pequeña ciudad natal, Ceuta, lo cual produce un acomodamiento fácil y rápido, al saberte ya de antemano las diferentes calles y los distintos caminos para llegar a cualquier posible destino.

Sin embargo, este curso escolar se ha producido un cambio importante, y es que el traslado de mi ciudad de residencia hasta la periferia de la propia capital ha hecho que deba poner en marcha nuevos mecanismos para hacer frente al cambio, y cierto es que al principio este proceso se me hizo todo un mundo, pues sentía que me venía grande o que me faltaba capacidad de percepción para asimilar todos los estímulos que se me presentaban a un nivel que no era al que yo estaba acostumbrado.

Llegados a este punto, había dos opciones: o rendirme y limitarme a manejar mi vehículo en mi zona de confort o armarme de valor y esforzarme por superar dicho cambio. Evidentemente, me decanté sin dudarlo por la segunda opción, pero ello no quitaba que pudiera invadirme el miedo o la inseguridad. Al fin y al cabo, somos humanos.

Puede que todo esto que te estoy contando nada tenga que ver con la Educación... o puede que sí. El hecho es que uno aprende que es necesario reaprender constantemente para adaptarse a las diferentes situaciones que nos puedan surgir a lo largo de la vida.

El caso que aquí os presento, basándome en una vivencia personal, no es más que un símil que estoy utilizando a modo de hilo conductor para evidenciar lo evidente (valga la redundancia): aprobar un examen no es sinónimo de aprender.

Y ojo, antes de continuar, quiero hacer un inciso, vaya a ser que alguien me acuse de que estoy defendiendo el poder conducir cualquier vehículo sin necesidad de carnet. Nada más lejos de la realidad, pero más vale ser previsor, pues a veces ocurre que, cuando uno quiere señalar el cielo, hay quien pone su atención en el dedo.

Por supuesto que para manejar un vehículo se necesitan una serie de saberes que han de adquirirse, que van desde el conocimiento de las normas de circulación y el respeto a las mismas hasta el óptimo manejo de la propia máquina que es el mismo vehículo y los elementos básicos que conforman su mecánica.

Pero dichos aprendizajes no dejan de producirse porque ya tengamos un carnet. Es la experiencia directa con nuestro vehículo y con las diferentes situaciones que podamos encontrarnos en los diferentes contextos donde lo vayamos usar lo que van a conformar nuestro saber, un saber conjunto y global, donde no sólo entran en juego los conceptos y los procedimientos, sino también las actitudes que tengamos al volante.

Es por ello que no podemos limitar los aprendizajes que realizamos en la escuela al propio contexto escolar, ni tampoco limitarnos a lo que ponga un determinado libro de texto - o "libro detesto" -, sino que fomentar un aprendizaje activo y autogestionado, propiciando situaciones reales o simulacros de las mismas, donde sea necesario readaptar lo que ya sabemos a la realidad y hacer uso de los diferentes recursos a nuestro alcance y de los diferentes procedimientos que conozcamos, hará que desde pequeño vayamos adquiriendo esa capacidad de reaprender, tan necesaria hoy en día en un mundo cada vez más líquido y cambiante.


Sin embargo, para ello antes debemos vencer nuestra propia resistencia al cambio y atrevernos a conducir por carreteras a las que nunca jamás nos habíamos enfrentado o de las que desconocíamos su existencia. Quizás os pase lo que a mí, que en un principio uno siente que le viene grande el nuevo camino emprendido, pero nada se gana quedándose parado mientras todo lo que nos rodea tiende constantemente a avanzar.

Es muy fácil conducir si siempre nos movemos por el mismo camino, pero el saber no es absoluto, sino que se halla sometido a continuo cambio, y por este motivo tenemos que atender a las diferentes señales que nos indiquen si nuestro viaje emprendido va o no por el camino deseado, para realizar sobre la marcha los cambios de velocidad o de sentido que sean necesario.

En nuestra mano está marcar la diferencia entre, simplemente manejar un vehículo o, por el contrario, hacerlo rodar hacia nuevos horizontes.

Yo ya ando embarcado en ese camino, aunque aún me quede mucha carretera por recorrer, pero no se trata de llegar rápido, sino de llegar lejos, y de disfrutar de nuestro viaje y de las experiencias y aprendizaje que este nos pueda ofrecer.

Es por todo ello que nuestra función en las escuelas no puede limitarse a recitar un tutorial. Debemos ser el motor que tire de la motivación nuestro alumnado, el combustible que les haga ser pro-activos y el asistente de navegación que les guíe y les oriente en este amplio e infinito proceso que es el saber.



2 comentarios:

  1. Suscribo todas y cada una de tus palabras, muy buena la publicación, Un abrazo Jesús! A SEGUIR APRENDIENDO Y REAPRENDIENDO.

    ResponderEliminar
  2. Muchas gracias Nabil. Como bien se dice, "quien se atreva a enseñar nunca debe dejar de aprender" :) ¡Un abrazo!

    ResponderEliminar