jueves, 1 de octubre de 2026

¿Galgos o podencos?

Hay una fábula de Tomás de Iriarte en la que dos conejos son atrapados por perros cazadores dado que, en lugar de centrar sus energías en ponerse ambos a salvo, dado que en ese momento era lo primordial, deciden entrar en una discusión sobre si los perros que les persiguen son galgos o son podencos.

Traigo hoy esta historia porque, desgraciadamente, en España últimamente todas las fuerzas sociales y políticas parece querer condenarnos a ser exactamente esos dos conejos en un estúpido pero efectivo ejercicio de reduccionismo al máximo absurdo inimaginable. 

Y es que han confluido en tiempo y en espacio dos grandes causas que ha movilizado a una considerable cantidad de personas en las calles de la nación: la situación de Ceuta y la crisis de la vivienda. 

Sin embargo, lejos de sumar fuerzas colectivas ante dos problemas latentes que sufre la población de a pie que vive en este país, se ha buscado de manera ignorante y malintencionada confrontar ambas causas como si una fuera la antagonista de la otra, haciendo creer que no se puede estar a favor de que se solucionen ambas. 

El problema es que demasiada gente ha picado el anzuelo de lleno, entrando a confrontar unos con otros sobre que si galgos o si podencos, en lugar de pararnos un momento a mirar bien lo que ocurre y no dejarse llevar por todo el ruido político y mediático que nos aleja de los verdaderos fines.

En esta línea, resulta realmente preocupante como muchos y muchas, en su ceguera mental, están llegando a unos nivel de crueldad y de bajeza moral que son inaceptables.

Y es que reducir el debate a un tema de izquierda y derecha es replicar el error de nuestros amigos conejos y no ver que el perro está prácticamente encima de ti. 

Que ante cuestiones de tal envergadura no podemos quedarnos encajonados en posicionamientos tan estancados: Hay que ver todo el prisma de manera conjunta y global

Porque comprar ese marco nos sitúa a quien defiende otra causa justa como un enemigo y promueve una división que sólo beneficia a quienes tienen en su mano darnos una solución que nunca parece llegar. 

Por eso insisto tanto en la necesidad de educar desde la capacidad de pensamiento crítico, de fomentar la empatía, de conseguir que nuestro alumnado comprenda bien el transcurso de los hechos históricos que nos ha traído a este presente y el funcionamiento de la sociedad en la que vive.

Como docentes nos toca ser voz del ejemplo y motor de cambio.

Porque da igual la raza del perro que sea.

O priorizamos la unión y la justicia, o estaremos constantemente a su merced.